Colombia
Domingo 18 de junio de 2023 - 12:00 AM

“Estamos de alguna forma condenados a trabajar para los medios extranjeros”

Federico Ríos Escobar fue reconocido como el mejor fotoperiodista de Iberoamérica en El POY Latam 2023, por el cubrimiento de la migración en América Latina. Sobre esta experiencia, el seguimiento del conflicto armado y la “fuga” de fotógrafos colombianos a medios internacionales, conversó con Vanguardia.

Federico Ríos Escobar asegura que hay una precarización laboral para los fotógrafos en Colombia, lo que está generando que, tanto los nuevos fotoperiodistas como los experimentados, abandonen los medios nacionales y trabajen en agencias y medios internacionales para sobrevivir.
Federico Ríos Escobar asegura que hay una precarización laboral para los fotógrafos en Colombia, lo que está generando que, tanto los nuevos fotoperiodistas como los experimentados, abandonen los medios nacionales y trabajen en agencias y medios internacionales para sobrevivir.

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Migrantes venezolanos cruzando la selva del Darién.
Migrantes venezolanos cruzando la selva del Darién.

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Publicado por: Xiomara Montañez Monsalve

Desde 2012, aproximadamente, el tránsito de venezolanos hacia Colombia, Argentina, Chile, Brasil y Perú puso en la agenda de los medios de comunicación la situación de los migrantes conocidos como ‘caminantes’, cuyas historias e imágenes abarcaron titulares, despertaron solidaridad e indignación, y le pusieron rostro al desarraigo.

Hoy, el país se ha convertido en un punto estratégico para que al menos 100.000 personas crucen a diario la frontera con Panamá, a través de la selva del Darién, y lleguen vía Centroamérica a los Estados Unidos. Los que pasan por allí no solo provienen de Venezuela. Viajan desde África, Asia y el Medio Oriente, y la puerta de entrada es Brasil. Se estima, de acuerdo con la Agencia de la ONU para los Refugiados, Acnur, que al cierre de este año, 400.000 inmigrantes cruzarán a diario dicha selva.

Federico Ríos Escobar ha sido testigo del drama humano que afrontan los migrantes en la actualidad. El manizaleño reconocido recientemente como el fotoperiodista del año en El POY Latam, por el ensayo fotográfico titulado ‘Las venas abiertas de América Latina’, se ha encargado de mostrar que la migración tiene rostro, sueños, sacrificios y penas que pueden ahogarse en el mar del Pacífico o que pueden quedar bajo el barro de las trochas que grupos armados o coyotes abren para que hombres, mujeres, niñas y niños, transiten en busca de lo que ellos llaman “una mejor vida”.

Ríos Escobar, quien hoy trabaja para The New York Times, con una experiencia que alcanza las dos décadas en este oficio, en el que también ha sido galardonado con los premios Hansel-Mieth Preiss en Alemania, en 2019, y el Days Japan Photojournalism, en 2017, se ha destacado por seguir de cerca la cotidianidad de la exguerrilla de las Farc, trabajo que fue publicado en “Verde”, un libro que es su opera prima.

El reportero gráfico y comunicador social César Mauricio Olaya recuerda a Ríos en su paso por Bucaramanga antes de la pandemia, cuando vino a registrar el paso de caminantes venezolanos desde Cúcuta. Dice que “sí vive la reportería”, porque “se introduce, se mete en la historia de sus personajes”, lo que lo convierte en un “referente de la fotografía documental en Colombia”.

“Con Federico aplica una norma de la fotografía de prensa: si tu fotografía no está lo suficientemente buena, es porque no estabas lo suficientemente cerca. Él tiene esa proximidad con sus personajes; registra sus vidas, narra con sus historias, se involucra, y se vuelve la piel de las personas que está registrando”, comenta Olaya.

Y es que su trabajo en The New York Times no solo lo ha acercado a la migración. Durante la época de la campaña presidencial de 2022, visitó la capital santandereana con el objetivo de contar pormenores del fenómeno electoral Rodolfo Hernández. El periodista Carlos Alberto Buitrago recuerda que “vino a buscar un personaje sumamente oculto para ese momento” y en su recorrido llegó hasta el norte de Bucaramanga para encontrar familias que tenían en sus manos las polémicas cartas en las que Hernández prometía la entrega de viviendas. “Es demasiado respetuoso a la hora de trabajar. Sabe que hay límites, que no es necesario cruzarlos, pero siempre con buena actitud. Es un personaje del que uno tiene que aprender muchísimo”, añade Buitrago.

Pero así como Federico Ríos es crítico y muestra la realidad social y política del continente con sus fotografías, lo es aún más a la hora de defender su labor y la de sus colegas que buscan dar a conocer su trabajo en los medios de comunicación de este país y que deben hacerlo en el extranjero por falta de oportunidades.

Para Oscar Durán, director del área Académica Comunicación Social y Periodismo, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, esto también se debe a que el trabajo de Ríos y de otros fotógrafos nacionales se ha centrado en “poner el lente en la gran cantidad de problemáticas sociales que tiene Colombia” y que muchas veces no se ven reflejadas en las agendas periodísticas: “Yo creo que se necesita otro tipo de sensibilidad y otro tipo de preparación para saber cuándo estar, en dónde estar y cómo estar, y en eso al menos Federico Ríos ha sido un referente y un pionero en los medios”.

Sobre su experiencia diaria, el recorrido por la selva del Darién y lo que considera la “fuga de talentos” de la fotografía colombiana, Federico Ríos Escobar habló con Vanguardia.

Fue reconocido por El POY Latam como el mejor fotoperiodista de Iberoamérica. ¿Qué importancia tiene este reconocimiento en su carrera?

Creo que es muy importante saber que esto es un respaldo al trabajo y que es una forma más de darle otro soplo de vida, un poquito más de longevidad, a lo que hago y que, precisamente, sirve para que más gente vea las fotos, los artículos y el trabajo que hacemos. Creo que es un poco ambiguo recibir un premio, celebrar un premio que se obtiene fotografiando una situación difícil, de dolor, dramas humanitarios, pero ese es mi trabajo. Pienso que es tan importante recalcar que el premio no es solo para regocijarme, es sobre todo para entender el compromiso que tenemos los fotoperiodistas en Iberoamérica de seguir contando estas historias, para seguir levantando las conversaciones y para alimentar los circuitos de diálogo alrededor de los sistemas humanitarios que afectan nuestra región.

De su carrera también se destaca el cubrimiento del conflicto armado en Colombia. Producto de esos años se publicó el libro “Verde”, una obra que reúne diez años de seguimiento a la cotidianidad de la exguerrilla de las Farc. ¿Qué reflexiones quedan de esa época?

“Verde” fue mi ópera prima. Para mí hay un aprendizaje personal en ese trabajo en la medida en que pude ver la humanidad detrás de los fusiles. También fue un gran aprendizaje entender que muchas veces hay varios lados de una misma historia que no nos han contado, y que en medio de eso también la fotografía y el periodismo sirven para arrojar luz sobre esos escenarios que como personas, como país y sus habitantes, no conocemos. Lo otro que funcionó para mí en ese trabajo fue conocer Colombia, pues la mayoría de los colombianos, no lo conocen. Es complicado encontrar a un colombiano que haya ido a la mayoría de los departamentos.

Precisamente el premio que ganó fue por el cubrimiento periodístico de la migración, como reportero gráfico para The New York Times. Pasó de fotografiar el conflicto armado en Colombia a caminar con migrantes que arriesgan sus vidas en el paso por la selva del Darién y así llegar a Estados Unidos. ¿Cómo ha sido esta experiencia?

Desde 2016, más o menos, estoy fotografiando migrantes venezolanos caminando hacia Colombia y migrantes colombianos regresando a Venezuela. Estaba interesado en el tema migratorio desde hace muchísimos años, pero en 2021, cuando estaba en Haití fotografiando las consecuencias del asesinato del presidente Jovenel Moïse, y en ese momento se desató el pico de migrantes haitianos que querían cruzar el tapón del Darién y fui a esa zona. En 2022 volví a fotografiar a los venezolanos y en 2023 acabamos de fotografiar a los afganos que cruzan la selva del Amazonas hasta Perú, luego pasan por Ecuador y llegan a Colombia hasta el Darién. Es un drama complejo en el que hay muchos países involucrados, muchas voluntades políticas y muchísimo dinero porque la proyección para este año son 400.000 mil millones de pesos.

MARCO VALENCIA
MARCO VALENCIA

A través de Instagram y de su cuenta @historiassencillas narra el detrás de cámaras de las fotografías que luego vemos publicadas en medios internacionales. ¿Cómo es su acercamiento a estas personas?

Me acerco con las ideas claras de ser una acción sin daño, con el genuino interés periodístico en el estudio de estas personas y convencido de que no estar allí contando sus historias, poniéndoles rostro, esas personas se quedarían solo en números. Me acerco a ellos con humanidad, con empatía. Trato de entender la dificultad de la situación que ellos están viviendo, nunca de ponerme en su lugar, porque es imposible ponerse en su lugar, pues yo no estoy allá en la selva sudando, agotado, sin comida, sin agua. Yo tengo una casa a la cual regresar y un trabajo que me ayuda a pagar mis cuentas, pero estos migrantes no, y creo que sería muy irresponsable que algún periodista dijera que se está poniendo en el lugar de una persona en una situación de vulnerabilidad.

En una de las últimas historias publicadas en The New York Times, usted tomó las fotografías de una familia de afganos que cruzó el Darién y llegó a la frontera entre México y Estados Unidos. ¿Qué particularidades tiene la migración de estas personas?

El idioma es tal vez una de las mayores dificultades que afrontan, pero, por demás, la selva simplemente a todos los trata por igual. Lo que nosotros hicimos fue viajar hasta Brasil. El aeropuerto de Sao Paulo está lleno de estas personas. Allí hicimos contacto con algunos de ellos y luego, en Necoclí, encontramos a otros y así empezamos a seguirlos. Viajamos después a Panamá, atravesamos la selva con ellos y después los encontramos más adelante en Ciudad de México. Los acompañamos hasta Tijuana y en el resto del recorrido. Son meses de trabajo en esas historias y el resultado es lograr entender los giros que ha tenido la migración.

Usted ha dado un paso importante en los medios internacionales y ha posicionado el fotoperiodismo de Colombia en lo que se puede decir ‘las grandes ligas’, pero queda un sinsabor, ya que pareciera que los medios de comunicación nacionales ya no le apuestan a estos profesionales y dejan el proceso de la fotografía en lo que se pueda hacer con un celular.

Los periódicos y las revistas colombianas pagan sumamente mal, pagan salarios de hambre a los fotógrafos y esa es una situación muy complicada porque entonces los grandes talentos fotográficos en Colombia son aprovechados por medios del exterior. Entonces vemos a colombianos trabajando con National Geographic, The New York Times, Washington Post, con agencias de prensa internacionales, y ves que estas empresas internacionales aprovechan el talento de los fotógrafos colombianos. Luego ves otro gran grupo de fotógrafos colombianos que también son muy talentosos y que no han podido insertarse en esas empresas y que por lo mismo tienen problemas para pagar sus cuentas, comprar sus equipos, asistir a festivales para seguirse capacitando y exponer sus fotografías. Esa es una brecha injusta y terrible, porque es una precarización laboral compleja. Los fotógrafos colombianos estamos de alguna forma condenados a trabajar para los medios extranjeros para sobrevivir en la fotografía. Entonces, sucede que las producciones que se están generando en Colombia, no se están debatiendo en Colombia sino que se están yendo hacia afuera, se están fugando el talento y la producción. Son los extranjeros quienes ven primero las obras fotográficas producidas en el país. Muchas veces los colombianos ni siquiera tienen acceso porque aparece la muralla de pago en los portales y si no pagan una suscripción a esos medios, entonces no pueden leerlo ni ver las fotos. Las ven los extranjeros primero que los colombianos, pero el fotógrafo no es el causante de esa situación.

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Publicado por: Xiomara Montañez Monsalve

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