Con apenas 15 años, Diego Armando Maradona jugó su primer partido profesional con Argentinos Juniors.

Hoy se cumplen 49 años del debut de Diego Armando Maradona, y su legado sigue intacto. Desde aquel pibe de Fiorito que jugaba con los botines desatados hasta el ídolo que conquistó el mundo, su historia representa la esencia del fútbol: talento, pasión, sacrificio y amor por la pelota.
El 20 de octubre de 1976 no fue un día cualquiera en La Paternal. Con apenas 15 años, 11 meses y 20 días, un chico de rulos desordenados y mirada vivaz saltaba al campo del estadio de Argentinos Juniors —hoy llamado Estadio Diego Armando Maradona— para cumplir su sueño.
Ese joven era Diego Armando Maradona, el mismo que años después levantaría la Copa del Mundo y escribiría algunas de las páginas más gloriosas del fútbol.

Aquel partido frente a Talleres de Córdoba terminó con derrota 1-0 para el “Bicho”, pero nada importó. Lo verdaderamente histórico fue la entrada del joven Maradona en el segundo tiempo, en reemplazo de Rubén Giacobetti.
Su primer toque fue un caño a Juan Domingo “Coya” Cabrera, gesto que ya anticipaba la magia que marcaría toda su carrera. El técnico Juan Carlos Montes fue quien decidió lanzarlo al campo y dar comienzo al mito.

De los “Cebollitas” al profesionalismo
La historia de Maradona comenzó en los potreros de Villa Fiorito, uno de los barrios más humildes de Buenos Aires. Desde niño, su habilidad con la pelota era sobrenatural.
A los 9 años fue descubierto por un ojeador de Argentinos Juniors, Francisco Cornejo, quien lo llevó a las divisiones inferiores del club. Allí nació “Los Cebollitas”, un equipo infantil que llegó a estar invicto durante más de 130 partidos, con Diego como líder y figura.
Su primera aparición en la prensa data del 28 de septiembre de 1971, cuando el diario Clarín publicó una pequeña nota en la que lo llamó erróneamente “Diego Caradona”.
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Por entonces, el niño maravillaba al público en los entretiempos de los partidos con su dominio del balón, haciendo malabares que dejaban a todos boquiabiertos.
Cinco años después, aquel chico prodigio se convertía en profesional. A partir de entonces, nadie volvió a equivocarse con su nombre, mucho menos con su talento.
Los números de un joven fenómeno
Entre 1976 y 1981, Maradona jugó 166 partidos con la camiseta de Argentinos Juniors y anotó 116 goles, una cifra impresionante para un mediapunta. En 1979 convirtió 26 tantos en 26 partidos, y en 1980 rompió todos los registros: 43 goles en 45 encuentros, consagrándose como máximo artillero del fútbol argentino.

Su talento era tan desbordante que no tardó en llegar la convocatoria a la Selección Argentina. El 27 de febrero de 1977, César Luis Menotti lo hizo debutar con la mayor frente a Hungría, con apenas 16 años.
Aunque no integró la lista del Mundial de 1978, sería el gran protagonista del Juventud Mundial Sub-20 de 1979, torneo que ganó Argentina con Diego como capitán, goleador y mejor jugador.

El salto al estrellato: Boca, Barcelona y Nápoles
En 1981, Maradona dio el salto a Boca Juniors, club del que era hincha desde niño. Con los Xeneizes fue campeón del Metropolitano 1981, antes de emprender su primera aventura europea en el FC Barcelona, donde ganó la Copa del Rey y la Copa de la Liga.
Sin embargo, fue en Nápoles donde alcanzó la inmortalidad: dos Scudettos (1987 y 1990), una Copa de Italia, una Supercopa italiana y una Copa UEFA (1989).
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Maradona convirtió a un club humilde del sur de Italia en campeón y símbolo de orgullo popular. Su rostro decoraba murales, su camiseta se volvió bandera, y su nombre se transformó en religión. En Nápoles, D10S no es una exageración, sino una forma de cariño eterno.
El genio de México 86
El punto más alto de su carrera llegó en el Mundial de México 1986, donde lideró a la Selección Argentina hacia su segundo título mundial. Su actuación fue tan perfecta que ningún otro jugador ha logrado igualarla. En el camino eliminó a Inglaterra con los dos goles más célebres de la historia: “La Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”, una obra maestra de 60 metros en 10 segundos. En la final, ante Alemania, fue el eje de todo el equipo de Carlos Bilardo.

Ese torneo consagró definitivamente a Maradona como el mejor jugador del mundo, una figura que combinó genialidad técnica, inteligencia táctica y una personalidad inquebrantable.
Maradona: el hombre detrás del mito
Fuera de la cancha, Diego fue humano, contradictorio, rebelde y apasionado. Vivió con la misma intensidad con la que jugaba: al límite. Tras su retiro, dirigió en distintas partes del mundo, incluyendo la Selección Argentina (2008-2010), llevando al equipo hasta los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica.

Su muerte, el 25 de noviembre de 2020, provocó una conmoción global. Millones de personas lo despidieron en Buenos Aires y en todas partes del planeta. Porque Maradona no fue solo un jugador: fue un sentimiento, una bandera, un símbolo de los que luchan contra la adversidad.

















