viernes 27 de agosto de 2021 - 12:00 AM

Nelson Crispín Corzo y el oro más luchado

El nadador santandereano Nelson Crispín Corzo logró en Tokio 2020 la anhelada medalla de oro paralímpica por la que luchó desde que se le escapó el podio por cuatro centésimas en Londres 2012.

Cuatro centésimas alejaron a Nelson Crispín Corzo del podio en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012”, reseñaron varios medios nacionales.

En aquel entonces, el pequeño en tamaño (1,35 metros), pero gigante en perseverar y superar las adversidades, le costó un poco asimilar que la anhelada presea se le escapara por poco y se puso una meta clara: ganar una medalla paralímpica y en lo posible de oro en el resto de su carrera.

Tenía 20 años y el siguiente ciclo paralímpico lo asumió con mayor disciplina y entusiasmo.

Ya tenía una gran experiencia a la hora de ‘nadar contra la corriente’, porque a los 14 años pasó por una etapa de transición y aceptación, el cual él los recuerda como uno de los más duros de su vida.

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Un Nelson más maduro arribó a Río de Janeiro 2016 con la firme convicción de subirse a lo más alto del podio y finalmente recogió los frutos de las semillas sembradas durante años de intenso entrenamiento, principalmente en las piscinas olímpicas de Bucaramanga, a donde llegó a los 12 años, para acompañar a su hermano, pero finalmente se enamoró del ‘deporte más completo’, por invitación de su entrenador William David Jiménez.

“Al principio no lo tomaba muy en serio, como todo niño; pero en ese momento de mi vida estaba en la etapa de la aceptación de mi discapacidad, entonces me refugié en el agua y me ayudó a salir del mundo de la baja autoestima, la natación me hizo sentirme feliz”, dijo Nelson, quien sufre de acondroplasia, una enfermedad que afecta el crecimiento óseo de los cartílagos y provoca enanismo.

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No fue una medalla, sino tres las que consiguió en suelo brasileño, todas de plata, en las pruebas de 50 metros libres, 100 metros libres y 100 metros pecho.

Pero Nelson aún tenía la ‘espinita’ de la medalla de oro, la cual se convertía en una obsesión.

Una vez más, comenzó con todo el ciclo paralímpico, con la mira puesta en Tokio 2020, donde apostaría por el primer cajón del podio.

En el trasegar, el hijo de Ana María Corzo y Luis Antonio Crispín, que estudió su bachillerato en el Colegio Normal Superior de Piedecuesta y se crió en el barrio Bucarica de Floridablanca, intensificó sus entrenamientos y empezó a superarse a sí mismo, para aterrizar más fuerte que nunca a sus terceras justas.

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Justamente, en suelo nipón consiguió el tan anhelado oro por el que luchó arduamente durante cerca de 10 años y logró el sueño de niño, cuando le decía a su mamá que quería ser grande.

Fue en la prueba de los 200 metros combinados, en la que además impuso récord mundial con un registro de 2: 28.12, y fue la primera medalla dorada para la delegación nacional.

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Néstor González

Comunicador social y periodista egresado de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro de Vanguardia desde 2010, hace parte de deportes impresos. Desde que llegué cubrí deportes y siempre ha sido mi gran pasión.

Nominaciones: ganador de dos premios Luis Enrique Figueroa en 2012 con una crónica 90 minutos de libertad y 2019 con el cumpleaños 70 del Atlético Bucaramanga.

@nestorgoal

ngonzalez@vanguardia.com

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