Con programas como Efecto i y Social Skin, Davivienda ha convertido la innovación en una herramienta educativa que fortalece comunidades y potencia el talento joven. En Santander, la experiencia con la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) es un ejemplo de cómo su estrategia genera resultados concretos en el territorio.

Publicado por: Nuevos Proyectos
Desde hace casi dos décadas, Davivienda ha entendido que la innovación no es solo tecnología, sino una destreza organizacional que, cuando se comparte, puede transformar comunidades enteras. Su “Casita Roja” se ha consolidado como un referente nacional en la formación de jóvenes y docentes, impulsando proyectos que responden a desafíos reales con soluciones sostenibles y de alto impacto.
El vicepresidente de Innovación, Óscar Rodríguez Vélez, explica que Davivienda viene trabajando fuerte con tecnología, con entrenamiento, y las ofertas digitales buscando favorecer a la juvetud colombiana. Esa visión dio origen a Efecto i, una plataforma gratuita que lleva metodologías de innovación a colegios y universidades de todo el país, fortaleciendo capacidades para pasar de la idea a la acción con disciplina y método.

Los resultados hablan por sí solos: más de 11.000 estudiantes y 497 docentes en 256 municipios se han beneficiado de esta propuesta. Solo en 2025, Efecto i ha llegado a 109 colegios en seis ciudades, formando a 215 docentes que han impactado a más de 2.800 estudiantes. La estrategia se complementa con Social Skin, iniciativa que identifica y potencia emprendimientos sociales de jóvenes latinoamericanos, entregando más de 400.000 dólares en reconocimientos y ofreciendo mentorías, competencias y acceso a redes de innovación.
En Bucaramanga, estas metodologías han llegado a estudiantes de la UNAB y de instituciones de la región, integrándose a proyectos como los semilleros de investigación, los centros de emprendimiento y programas académicos que promueven la creación de empresas con impacto social. “La conexión con programas como Efecto i y Social Skin permite que nuestros estudiantes no solo desarrollen ideas, sino que aprendan a llevarlas al mercado o a implementarlas en comunidades que las necesitan”, asegura Juan Camilo Montoya Bossi, rector de la UNAB.
Impacto en la academia
Los Challenges de innovación, promovidos por Davivienda en alianza con universidades, son otro ejemplo. En ellos, estudiantes y docentes de la UNAB han trabajado en la identificación y desarrollo de soluciones a problemas como la salud mental, la conservación de la biodiversidad y el fortalecimiento de la cultura ciudadana. Durante estos eventos, reciben formación en metodologías creativas, validan sus propuestas con actores del territorio y acceden a mentorías especializadas.
Además, iniciativas como Social Skin —que identifica y apoya emprendimientos sociales liderados por jóvenes de toda América Latina— han servido como plataforma para visibilizar y potenciar proyectos surgidos de estudiantes y egresados de la UNAB, conectándolos con redes internacionales y posibilidades de financiación.

Estas alternativas son esenciales: “No se trata únicamente de facilitar el ingreso a la universidad, sino de garantizar que los estudiantes puedan culminar su formación y contar con herramientas para impactar positivamente su entorno” resaltó Montoya Bossi.
Pero el acceso económico es solo el primer paso. Formar profesionales capaces de aportar soluciones creativas a los retos de su entorno requiere de metodologías que fomenten el pensamiento innovador y el espíritu emprendedor. Es aquí donde el trabajo conjunto con Davivienda ha marcado la diferencia.
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Resultados
Rodríguez Vélez detalla que la metodología combina tres pilares: investigación de tendencias, técnicas disruptivas para estimular el pensamiento creativo y un paso a paso para convertir ideas en logros concretos. “No es solo educar, sino activar ecosistemas donde la academia, el sector privado y las comunidades trabajan juntos para resolver grandes retos”, subraya.
Con Efecto i y Social Skin, Davivienda ha demostrado que la innovación y la educación, juntas, pueden transformar el presente y futuro de miles de jóvenes en Colombia.
Más allá de las cifras, lo que diferencia la propuesta de Davivienda es su acompañamiento de principio a fin: desde la identificación de desafíos reales del territorio hasta la incubación de soluciones que pueden convertirse en emprendimientos sostenibles. El banco no solo entrega herramientas, sino que también inspira y guía a los jóvenes en su proceso de crecimiento personal y profesional.
En palabras de Rodríguez Vélez, “cuando la innovación se pone al servicio de las personas, transforma territorios. Y esa es nuestra meta: que cada joven sienta que tiene las herramientas, el apoyo y la confianza para convertir sus ideas en acciones que cambien realidades”.
Con cada nuevo caso de éxito, como el de la UNAB en Santander, Davivienda reafirma su compromiso con un país donde la innovación es motor de desarrollo y la educación, su combustible más valioso.
















