Cultura
Sábado 30 de octubre de 2010 - 12:00 AM

Mujeres, de sabias a brujas

Hécate, como la bruja temida (Del libro 'Las diosas de la mujer madura', de Jean Shinoda Bolen)

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Publicado por: REEDACCION CULTURAL

Se decía que Hécate tenía poder sobre la tierra, el mar y el cielo, aunque esto no significaba que gobernara estos reinos, sino que era capaz de influir en ellos a distancia. A las ancianas a quienes se suponía capaces de echar maleficios y encantamientos, embrujar a la gente o practicar la magia negra les atribuían poderes ocultos. Hécate se ha convertido en el arquetipo de la bruja por sus misteriosos poderes y su asociación al crepúsculo. Podríamos aventurar la hipótesis de que el temor a las ancianas era tan irracional porque la humanidad había eliminado la Diosa tripartita, cuya etapa de la vejez era la más misteriosa y temida.


En toda mujer la bruja es todo

(tomado de www.lahuesuda.com)

Es teatro, revolución, magia, terror, alegría, flores de ajo, conjuros. Es bien conocido que las brujas y las gitanas fueron las guerrilleras originales y luchadoras sociales contra la opresión. Las brujas fueron las primeras lideresas y mediadoras amables, las primeras practicantes del control natal y el aborto, las primeras alquimistas... la bruja vive y ríe en toda mujer.

Debajo de las tímidas sonrisas y del consentimiento de la absurda dominación masculina, ella es la parte libre de cada una de nosotras. Si eres una mujer y te atreves a mirar dentro de ti, eres una bruja; eres libre y hermosa. Todo lo represivo, lo machista, lo codicioso, lo puritano, lo autoritario es tu objetivo. Tienes el compromiso de liberar a nuestros hermanos como a nosotras mismas de la opresión y los estereotipados roles sexuales.

Eres una bruja por ser mujer, indómita, furiosa, alegre e inmortal.

"Las mujeres más temidas o respetadas se convirtieron en las más perseguidas. Las primeras mujeres en ir a la hoguera fueron las comadronas y las curanderas; esas ancianas que aliviaban los dolores del parto y ayudaban a los niños a nacer, que conocían la medicina herbaria y cuyos poderes procedían de la observación y la experiencia. Las mujeres con autoridad, independencia o conocimientos, las mujeres excéntricas o las mujeres con propiedades (generalmente viudas) también eran denunciadas, torturadas para que confesaran, y condenadas.

Cualquier mujer corría el riesgo de ser acusada de tener poderes sobrenaturales, incluyendo pobres, proscritas, indefensas, dementes, a quienes se perseguía de forma rutinaria por brujas. De hecho, era una herejía decir que muchas mujeres, especialmente mayores, eran inofensivas. Cualquier mujer en edad avanzada estaba en peligro. Para sobrevivir, muchas mujeres necesitaban pasar desapercibidas y mostrarse mediocres, puesto que solo seguirían vivas las mujeres 'invisibles".

Un seudónimo de bruja era "la que monta la escoba". Las escobas estaban asociadas a las brujas por sus usos en los rituales paganos de bodas y nacimientos. En Roma, las escobas eran un símbolo de la sacerdotisa y comadrona de Hécate, que barría el umbral de la casa donde había habido un nacimiento para limpiarlo de espíritus malignos que pudieran dañar al niño o la niña. Otra costumbre antigua que se celebraba en las bodas consistía en saltar por encima de una escoba, ceremonia que se conservó en las bodas gitanas y las bodas de los rituales de esclavos de los Estados Unidos durante el siglo XIX. Las escobas eran símbolos fálicos, especialmente cuando se montaba en ellas; de ahí surgió que la mujer que se situaba a horcajadas o "encima" simbolizaba la perversión del poder, así como la perversión sexual".


Mujeres de poca fe

(Doris Lamus Canavate)


En la cultura popular del medioevo europeo reinaban demonios y brujas. Ellas, las mujeres, poseedoras de un legado de conocimientos preservados desde la antigüedad por la tradición oral, fueron reprimidas y sus saberes menospreciados -"cosas de mujeres"- y en el mejor de los casos satanizados, literalmente afiliados con el demonio.

Se trataba de aquellos antiquísimos dominios en que las mujeres, por su rol histórico de cuidadoras, aprendían y transmitían a sus herederas: plantas medicinales, remedios para todos los males del cuerpo y del alma, perfumes, pero también bebedizos, venenos, hechizos, adivinaciones. Esos saberes y sus portadoras, las mujeres, pasaron a ser temidos y reprimidos.

Brujas, pérfidas, maléficas...

La Santa Inquisición instauró entonces la caza de brujas, un sistema aprobado por Inocencio VIII, bajo el cual entre los siglos XIV y XVIII se reprimió principalmente a las brujas "por ser más crédulas, más impresionables" y porque, además, "tienen una lengua ligera y mentirosa" y lo que aprenden se lo cuentan rápidamente a las otras. Esto está citado en un antiguo libro de Kraemer y Sprenger, llamado El martillo de las brujas, escrito en el siglo XIV. Aquellos eran tiempos de hambre y enfermedad, y las mujeres tenían muy pocas opciones: hija, esposa, monja, beata o bruja.  Beatas y brujas constituían la resistencia de entonces; se negaban a ser definidas y limitadas por un poder externo a ellas, masculino, patriarcal, diríamos hoy.

Dice El martillo de las brujas: "Por naturaleza tiene la mujer una fe más débil (...) lo demuestra incluso la etimología del nombre: 'fe-mina', que viene de 'fe' y 'minus' porque siempre ha tenido menor fe".

Fémina, bruja, pérfida...

En la actualidad, hay quienes todavía se preguntan por la pertinencia de las reivindicaciones de las mujeres acerca de sus derechos, cuando las mujeres han copado casi todos los espacios en la sociedad. Tal vez no han sido informados de que, hasta hace muy poco tiempo las instituciones más importantes de la modernidad (Iglesia, ciencia, derecho, filosofía) negaron a las mujeres pensamiento, palabra y cuerpo. La ciencia moderna la llamó histérica y "medicalizó" su mente, su cuerpo y su lenguaje.

Hoy, algo de aquellos mitos medievales sobrevive en los temores que muchas personas sienten por los movimientos de mujeres que demandan derechos políticos, respeto y autonomía sobre sus cuerpos. Sin embargo, algunas cosas han cambiado y estamos mejor que las iraníes sometidas a la lapidación. O las indias que, como en un reciente caso, una de ellas prefirió cambiar de sexo que someterse a un matrimonio definido por su padre. No podemos conformarnos con esto. Muchas mujeres jóvenes y niñas son hoy violentadas de las formas más viles y abominables. Por ello, no renunciaremos a la palabra.

Brujas, pérfidas, herejes, feministas...

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Publicado por: REEDACCION CULTURAL

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