Ediciones UIS presenta ‘En esa noche tibia de la muerta primavera’, de Daniel Ángel, la obra ganadora del II Concurso Nacional de Novela Universitaria UIS en el año 2017.

Publicado por: HUGO ARMANDO ARCINIEGAS
Con esta novela, Daniel Ángel ganó el II Concurso Nacional de Novela Universitaria UIS, pero sugiero que nos quitemos ese lastre a la hora de valorar la obra. Si bien es cierto que los concursos literarios de la UIS gozan de prestigio, debemos juzgar la obra por la obra, que no por los reconocimientos que haya obtenido. Dicho esto, comienzo por señalar que la novela aborda el último día de vida de José Asunción Silva, tal y como sugiere su título, un verso lúgubre del Nocturno. De allí que la compongan cinco capítulos titulados Mañana-mediodía, Tarde-noche, Mediodía-tarde, Madrugada-mañana, Noche-madrugada.
Habrá quienes asignen a esta obra la categoría de “novela biográfica”, con lo que yo no estaría de acuerdo. Si un escritor novela la vida de una persona, el resultado es ficción en lugar de biografía. ¿Por qué traigo a cuento esta precisión? Porque la novela de Ángel expone, a pesar de sus aciertos, una debilidad notoria: tiene más de biografía que de ficción, lo que podría mover al lector a hacerse esta pregunta: «¿Por qué leer esta novela cuando puedo leer una biografía de Silva?».
Sin embargo, el conflicto de la novela es interesante: Silva recibe amenazas de muerte, cuyo origen se mantiene en secreto. ¿Quién lo quiere asesinar y por qué? Allí reside lo que mantendría en vilo al lector, de no ser por las excesivas referencias al linaje, a los hábitos, a los viajes o a la economía de Silva. Habría que depurar estas referencias, quedarse con las que sean imprescindibles para la trama, y de ello resultaría una novela que se mantendría en pie tras una relectura.
En cuanto a aciertos, el narrador construye atmósferas propicias para la trama. Cuando Silva se remite, entre otros recuerdos, al de su hermana Elvira, la atmósfera es vívida, colorida y cálida. En cambio, en el ocaso de su vida, la atmósfera es lúgubre, gris y pasada por agua. Por otra parte, destaco el naufragio en el que Silva pierde parte de su obra –capítulo IV–, sin duda un relato sólido por cuanto expone un ritmo vibrante, propio de un naufragio, contrario al ritmo parsimonioso del resto de la novela.















