El Festival Nacional de la Guabina y el Tiple despliega una gran celebración de cultura y folclor. Con la chicha como protagonista y el orgullo de su gente como estandarte, los veleños y visitantes viven una experiencia única que rinde homenaje a las tradiciones ancestrales, el reencuentro familiar y la preservación de su rica identidad cultural.

En el corazón del Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, el evento más emblemático y esperado en Vélez, Santander, se despliega una rica programación de actividades que incluyen exposiciones de arte, bordados y una serie de eventos donde la cultura y el folclor toman el escenario principal.
Sin embargo, hay un evento que se destaca en particular, uniendo a los veleños y turistas como una gran familia: el disfrute de la chicha, una bebida típica de maíz fermentado. Esta bebida, utilizada desde tiempos inmemoriales por los indígenas como alimento diario, se ha convertido en un símbolo infaltable de las tradiciones veleñas en esta época del año.
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El evento rinde homenaje a las caminatas que, en tiempos pasados, realizaban los campesinos para asistir a las festividades religiosas. Sin contar con transporte, se preparaban con comida, bebida y buena música, caminando durante horas para cumplir con sus compromisos religiosos.
La chicha es transportada en grandes recipientes plásticos, desde donde se dosifica cuidadosamente en calabazos, recipientes tradicionales producto de un bejuco, permiten llevar la bebida en menores cantidades y servirla en las pequeñas totumas típicas que portan los asistentes de la ‘Parranda Veleña’. Estos grandes contenedores suelen ser trasladados en motocargas o vehículos improvisados de tracción humana.

Sin embargo, no solo la chicha forma parte de la procesión. Enormes piquetes, preparados para grupos familiares o de amigos de hasta 20 personas, también son transportados a lo largo del mismo recorrido. Estos piquetes, cargados con carne, chorizo, papa, yuca, arracacha, y huevo cocido, recorren aproximadamente 8 a 10 cuadras hasta llegar al parque principal, donde finalmente se abren para ser disfrutados por todos.

El maíz, en sus versiones salada o picante, también está presente y es ideal para compartir. Para disfrutar plenamente de esta celebración, tanto veleños como visitantes deben vestir el traje típico y estar dispuestos a vivir una experiencia única, llena de tradición y familia.
“Lo más importante es estar con los amigos y disfrutar de una buena chicha”, expresó Alejandro González Quiroga, quien recordó que contar con buena música para el camino es esencial.
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Sin embargo, antes que la chicha y el traje típico, algunos participantes destacaron que lo más significativo del evento es la identidad que representa para los veleños. Pero no solo la comunidad de Vélez se siente orgullosa; personas de todo el país que ahora residen en Vélez ya han mandado a hacer sus trajes y comparten con orgullo este evento como propio.
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“No en todos los municipios de Colombia se vive un ambiente como el que se respira aquí, con fervor, entusiasmo y ese compromiso de preservar la cultura”, afirmó Edgar Patiño, oriundo del departamento de Boyacá y residente en Vélez desde hace más de cinco años.
El reencuentro con la familia es otro aspecto destacado del evento. “Es una oportunidad para reunirse con los vecinos y con esas personas cercanas, la familia y los amigos de la región”, señaló Miguel Peña, quien llegó desde Chipatá para encontrarse con su familia en Vélez.

Por primera vez en Vélez, Ximena Sandoval, vivió la ‘Parranda Veleña’ y quedó encantada. “Verdaderamente, la gente aquí es muy amena, parece que todo el mundo se conociera. Es mi primera vez aquí, y me voy contenta. Sin duda, volveré”, compartió.
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Niños, jóvenes y adultos se despidieron de la 31ª versión de la Parranda Veleña, un evento que fue creado hace tres décadas por un grupo de veleños liderados por Pedro Nel Silva Mateus, quien, desde el cielo, vigila la conservación de las tradiciones en este emblemático encuentro.

















