Cultura
Jueves 21 de noviembre de 2024 - 11:45 AM

Ponerse las botas por ellas: segunda Feria del Libro de las Mujeres de Bucaramanga

En la Universidad Industrial de Santander, la Segunda Feria del Libro de las Mujeres emerge como un poema colectivo con Venezuela como país invitado para celebrar las luchas compartidas y las voces femeninas que construyen cultura desde lo popular.

Ponerse las botas por ellas: segunda Feria del Libro de las Mujeres de Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
Ponerse las botas por ellas: segunda Feria del Libro de las Mujeres de Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: Paola Esteban

Bajo el vasto cielo de los llanos de San José de Tiznados, donde el horizonte parece no tener fin, nació Matea Bolívar un 21 de septiembre de 1773. Hija y nieta de esclavos, su vida comenzó marcada por las cadenas de la servidumbre, pero en su interior habitaba una fuerza que no conocía límites. Lea también: Las cocineras del Magdalena: guardianas de la memoria y el sabor que resisten frente al río

A temprana edad, Matea fue llevada a la hacienda de la familia Bolívar. Cuando el 24 de julio de 1783 nació Simón, el júbilo llenó la hacienda y Matea, con solo diez años, asumió un nuevo papel. Junto a Hipólita, la nodriza, se convirtió en protectora, compañera y maestra de aquel niño que más tarde cambiaría la historia de América. Mientras Hipólita alimentaba su cuerpo, Matea nutría su espíritu con relatos que venían del alma, historias de lucha, de ancestros que soñaban con romper cadenas y caminar libres bajo el mismo cielo que los vio nacer.

En las tardes teñidas por el sol caribeño, Matea era la voz que narraba epopeyas de valentía, cuentos donde la esperanza vencía a la opresión. Esas palabras sembraron en el joven Simón algo más que imaginación: encendieron una llama inextinguible, un deseo profundo de ver a su pueblo libre. Matea, sin saberlo, cultivaba en su corazón el germen del Libertador.

Los años transformaron al niño inquieto en un hombre decidido y a su lado, aunque en las sombras, Matea fue testigo de cómo las historias que alguna vez relató se materializaban.

Matea vivió 112 años, un tiempo suficiente para ver nacer y consolidarse la independencia que ella ayudó a inspirar. Falleció el 29 de marzo de 1886, dejando un legado que iba más allá de su vida. En 2017, sus restos fueron trasladados al Panteón Nacional, junto a los de Hipólita Bolívar y la Jefa Apacuana, un gesto que reconoció su papel esencial en la historia de Venezuela.

De vuelta a esta época y a Bucaramanga, se escucha no solo el eco de las montañas o el bullicio de la ciudad, sino la voz poderosa que se lee en las páginas escritas por las manos de mujeres que narran el mundo con otra mirada. En la Universidad Industrial de Santander, la Segunda Feria del Libro de las Mujeres es un acto de resistencia, un poema colectivo que desafía las letras.

En este espacio, donde las palabras son semillas y la memoria un campo fértil, las mujeres escriben y construyen. La feria, con Venezuela como país invitado, evoca el espíritu de Matea Bolívar, aquella mujer que sembró en el niño Simón Bolívar el amor por la libertad.

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En las tardes doradas por el sol caribeño, Matea narraba historias de resistencia y valentía, relatos de ancestros que, a pesar de las cadenas, nunca dejaron de soñar con la libertad. Estas narraciones encendieron en el joven Simón una llama inextinguible, un anhelo profundo por la emancipación de su tierra y su gente.

Bajo la música de Alma Llanera y con el legado del maestro Gustavo Dudamel resonando en cada rincón, las mujeres se ponen las botas. No son botas de guerra, sino de memoria y justicia. Las Madres de Soacha no están solas; aquí, en esta feria, todas las asistentes se convierten en portadoras de su causa. Con cada libro, con cada conversación, se alzan voces que exigen verdad, reparación y garantías de no repetición.

¿Por qué una Feria del Libro de las Mujeres? Esta feria es una respuesta a esa inequidad, un sueño que se hizo colectivo, un espacio que crece desde lo popular, desde el corazón de quienes saben que la cultura se construye con muchas voces, no con unas pocas.

Aquí, lo popular no es una etiqueta, es una acción viva y en esta segunda versión, el país invitado es Venezuela. Nos une no solo la historia de luchas compartidas, sino también el presente que exige encuentros libres de prejuicios. En este espacio, las mujeres colombianas y venezolanas se encuentran sin las sombras de los estereotipos que alguna vez quisieron dividirlas.

Publicado por: Paola Esteban

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