Después de 40 años en la industria energética, la santandereana María Cristina Bernal publica Ser, la verdadera felicidad de la humanidad, una obra que recoge su viaje personal hacia una vida más consciente, basada en el amor, la meditación y el poder de la gratitud.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Un día cualquiera, mientras tomaba café en su casa de Bucaramanga y escuchaba el canto de un pájaro en la ventana, María Cristina Bernal se detuvo a pensar que eso, esa escena simple, esa paz silenciosa, era lo que realmente la hacía feliz. No era el cargo que había ocupado durante años en la industria petrolera, ni los logros técnicos de su hoja de vida. Era el poder estar presente, viva, agradecida. Fue ahí cuando se dijo a sí misma: “Yo tengo que escribir este libro”.
Ese libro es “Ser, la verdadera felicidad de la humanidad”, editado por el sello Bronce de Planeta y disponible en librerías y plataformas digitales. Un título que es una declaración de intenciones. La misma que ha venido decantando durante más de treinta años de lecturas, aprendizajes, pérdidas y silencios.
“Esta filosofía de vida basada en el amor me ha permitido entender quién soy y por qué estoy aquí”, explica Bernal, con un tono sereno que transmite certeza.
Bernal es ingeniera de petróleos, egresada de la UIS, y trabajó durante cuatro décadas en la industria energética. Pero su vida interior siempre tuvo otra pulsión: la búsqueda de sentido. Esa inquietud empezó, según cuenta, hace más de tres décadas, cuando hizo un curso de meditación y control mental, “el método Silva de control mental”, recuerda, y descubrió los libros de metafísica de Conny Méndez. Luego, conoció a Marta, una guía espiritual que marcó su camino y que, hoy, sigue presente en su memoria.
“Fue un proceso lento, profundo, lleno de preguntas”, dice. “Y me di cuenta de que la felicidad no depende de nadie más. Depende de uno mismo”.
Filosofía de vida basada en el amor
A lo largo de la entrevista, María Cristina Bernal repite una idea como quien la ha comprobado en carne propia: “Nosotros no sabemos hablar, ni pensar, ni sentir”. Lo dice desde la observación: “Estamos acostumbrados a quejarnos, a renegar, a maldecir. Eso genera energía negativa y somos energía antes que materia. Si vivo en esa frecuencia, solo voy a atraer más de lo mismo”.
En su libro, propone una alternativa concreta: reconocer que cada palabra, cada pensamiento y cada emoción afectan la realidad. “Cuando uno vive desde el amor, la energía cambia. El amor es la frecuencia más poderosa del universo”. Por eso, sugiere prácticas tan simples como eficaces: agradecer al despertar, disfrutar un café, cuidar el cuerpo, meditar en silencio.
Aunque reconoce una conexión fuerte con lo divino, la autora subraya que “Ser” no es un libro religioso: “es más espiritual que religioso. No importa si lo llamas Dios, Yahveh o energía universal. Lo importante es reconocer que no estamos solos”. En ese sentido, promueve el cultivo de la intuición como vía de contacto con esa fuerza superior, y señala la meditación como herramienta clave: “No es difícil. Es solo querer. Es escucharse en silencio”.
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También establece una clara frontera entre dos formas de vivir: “El sistema del ego, que nos atrapa en lo material, y el sistema del Espíritu Santo, que nos guía desde el amor. El ego está gobernado por el miedo; el espíritu, por la confianza y la gratitud”.
Uno de los apartados más enfáticos del libro, y de la conversación, tiene que ver con las redes sociales. “Muchos de los problemas actuales, especialmente en los jóvenes, vienen del uso indiscriminado del celular”, afirma Bernal. Y no lo dice desde el prejuicio, sino desde la observación crítica de lo cotidiano: “Los niños ya no saben vivir sin redes sociales. Se frustran porque creen que lo que ven es real: cuerpos perfectos, vidas felices… y eso no es cierto. Todo está manipulado”.
También apunta también a la responsabilidad de los padres: “Desde bebés les entregamos un celular para que se entretengan. Y luego nos sorprende que no puedan disfrutar de la vida real”. Para ella, no se trata de satanizar la tecnología, sino de educar en su uso: “Hay que enseñar a los niños y adolescentes a vivir sin estar pegados a una pantalla. A hablar, a mirar, a escuchar”.
Un mensaje para el alma
Bernal sabe que viene de un mundo “duro”, como ella misma lo llama. La ingeniería, el petróleo, los datos. Pero precisamente por eso, su decisión de escribir “Ser” tiene más fuerza. “Soy técnica. Nunca me imaginé escribiendo un libro así. Pero sentí que tenía que hacerlo. Tenía que compartir esta filosofía que me ha ayudado tanto”.
El proceso tomó tres años y culminó con la publicación del libro bajo el sello Bronce de Planeta. Hoy se encuentra disponible en librerías como La Nacional, Panamericana, Lerner y Profitécnica, y también en Amazon y iBooks. Y aunque confiesa que no es amiga de las redes sociales, “solo tengo WhatsApp e Instagram por mis hijas”, admite, ya está trabajando en una estrategia digital junto a Flor, su aliada de comunicación. “Vamos a abrir TikTok, YouTube y Facebook para conectar con los lectores y acompañar sus procesos”.
Al final de la charla, María Cristina Bernal resume todo en una frase que es el centro mismo de su libro: “La felicidad no hay que buscarla afuera. Está dentro de uno. Solo hay que aprender a vivir desde el amor”.
Y deja una última imagen: “Meditar no es difícil. Solo hay que querer. Levantarse, dar gracias por estar vivo, por la salud, por un día más. Eso también es felicidad”.















