En la Sala Agataes de la Udes, Fragmentados reúne 18 obras que exploran cómo el arte ha hecho visible la violencia de género a través del cuerpo, la memoria y la imagen. La muestra propone una lectura contemporánea sobre el dolor, la resistencia y la autonomía femenina desde un lenguaje visual directo y abierto.

Publicado por: Redacción Cultural
En la Sala Agataes de la Universidad de Santander, el arte entra en una zona áspera. Fragmentados reúne 18 obras y convierte la violencia de género en una experiencia visual atravesada por huellas, silencios, memorias rotas y preguntas abiertas. La muestra se instala en un terreno incómodo y necesario: el de la experiencia femenina cuando ha sido marcada por la agresión, el control y la herida.
La exposición trabaja desde la fragmentación como lenguaje curatorial. Cada pieza aparece como una parte suelta, como un resto que conserva la intensidad de una historia mayor. En ese recorrido, la violencia no se presenta de forma literal. Se filtra en los cuerpos, en la memoria, en la identidad y en la manera en que las imágenes cargan evidencia, duelo y resistencia. La muestra exige una mirada activa. El visitante articula sentidos, conecta fisuras y se enfrenta a lo que permanece incompleto.
Ese planteamiento se sostiene en una idea clara: la experiencia contemporánea, y en particular la femenina atravesada por la violencia, ya no cabe en relatos compactos ni en discursos cerrados. Fragmentados recoge esa condición y la vuelve forma. Las obras conviven en tensión, con lenguajes y trayectorias distintas, y componen un campo visual donde el fragmento conserva su potencia: interrumpe, revela y obliga a pensar.
Rafael Prada Ascencio, coordinador de Creación Artística y Cultural, sitúa allí una de las preguntas centrales de la muestra: quién tiene hoy la capacidad real de decidir sobre su propio cuerpo. Esa línea de lectura atraviesa la exposición completa y la conecta con discusiones sobre autonomía, libertad de decisión y salud sexual y reproductiva. El cuerpo aparece aquí como archivo del daño, pero también como territorio de agencia.
La muestra reúne 12 obras de artistas del Magdalena Medio y seis piezas fotográficas de la Fundación Universitaria para el Desarrollo Humano, UNINPAHU. A ese conjunto se suman artistas invitadas como Diana Stella Melgarejo Muñoz, cuya presencia amplía el registro de voces y experiencias en torno a lo femenino, lo íntimo y lo colectivo.

Dentro del montaje, las piezas de Jois Rivers ocupan un lugar clave. Su trabajo introduce una discusión sobre la imagen mediada, reproducida y desplazada. Las obras llegan a sala como reproducciones de piezas originales, y desde ahí activan una reflexión sobre cómo circula hoy el arte, cómo se transforma y cómo cambia su sentido cuando pasa de un soporte a otro. El texto curatorial vincula esa operación con la lectura de Walter Benjamin sobre la reproductibilidad técnica y la pérdida del aura, entendida aquí como parte de la condición contemporánea de las imágenes.
Rivers también lleva la exposición hacia una dimensión ética. En sus declaraciones, insiste en la urgencia de visibilizar las violencias y de cortar la indiferencia social frente al agresor. Algunas piezas, explica, se acercan a mujeres víctimas desde la sonrisa como marca de resiliencia, como señal de una vida que puede recomponerse después de poner un límite.
Sandra Milena Rivero Tapias, organizadora de la muestra, lee ese mismo pulso en el conjunto de la exposición. Habla de dolor, reconstrucción, resiliencia y esperanza de cambio. Su mirada ubica al arte en un lugar concreto: el de la sensibilización, el diálogo y el cuestionamiento de realidades que suelen quedar normalizadas o en silencio.
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Desde la universidad, la exposición adquiere otra capa de sentido. Mónica Vargas Rodríguez, directora del programa de Instrumentación Quirúrgica, subraya que estas iniciativas fortalecen una formación humana, crítica y empática. César Serrano Novoa, vicerrector de Investigaciones, reconoce el valor de que un programa técnico impulse una conversación de esta naturaleza. Patricio López Jaramillo, rector general de la UDES, ubica estos espacios en el centro de la formación ciudadana.
Fragmentados permanece abierta como parte de las salas temporales del Museo Virtual e Interactivo de la UDES. Su fuerza está en esa decisión de trabajar con restos, grietas y desplazamientos. La exposición no entrega una verdad compacta. Entrega imágenes que respiran tensión. Entrega cuerpos atravesados por la historia. Entrega preguntas que siguen abiertas.














