Magazín cultural
Sábado 17 de octubre de 2026 - 06:32 AM

Accidente aéreo de 1965 en Bucaramanga: nuevos testimonios corrigen 61 años de versiones sobre Pan de Azúcar

A 61 años del choque entre un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper sobre Bucaramanga, nuevos testimonios permiten corregir varias versiones que durante décadas se repitieron sobre la tragedia de Pan de Azúcar y sus protagonistas.

El 17 de octubre de 1965 un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper chocaron sobre Bucaramanga. Dieciséis personas murieron. Seis décadas después, el ingeniero e historiador Lelio Armando Rodríguez Durán volvió sobre el caso y, a partir del testimonio de quien era la novia de Víctor Alarcón, encontró que algunas de las historias repetidas durante años no ocurrieron como se contaban.
El 17 de octubre de 1965 un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper chocaron sobre Bucaramanga. Dieciséis personas murieron. Seis décadas después, el ingeniero e historiador Lelio Armando Rodríguez Durán volvió sobre el caso y, a partir del testimonio de quien era la novia de Víctor Alarcón, encontró que algunas de las historias repetidas durante años no ocurrieron como se contaban.

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Ella salió y miró hacia el cielo.

En la Bucaramanga de 1965 no era extraño que desde una aeronave lanzaran pequeños papeles con publicidad. Por eso, cuando aquella mañana del 17 de octubre vio cosas caer desde lo alto, esa fue su primera explicación.

“Eso fue lo primero que pensó ella, que era publicidad que estaban botando de la aeronave”, cuenta el ingeniero e historiador Lelio Armando Rodríguez Durán.

Pero no eran volantes.

En el aire acababan de chocar un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper. Una parte de la tragedia terminó en Pan de Azúcar y la otra en Terrazas. Entre las víctimas estaba Víctor Alarcón, el joven que pilotaba la avioneta y que, hasta la noche anterior, había estado con ella.

Más de seis décadas después, Rodríguez volvió sobre esa historia. Lleva años investigando el accidente, participando en crónicas, videos, escritos y conferencias, pero una conversación reciente con la que entonces era novia de Alarcón lo obligó a revisar algunas certezas que él mismo había dado por válidas.

Lo primero fue la casa. Durante años se repitió que la joven vivía en La Floresta o en Terrazas y que la avioneta había caído cerca de su vivienda. Rodríguez también había trabajado con esa versión.

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“Ella no vivía en La Floresta ni vivía en Terrazas, como desde hace 61 años creíamos todos, teníamos esa información y resulta que no, que no es cierto. Ella vivía era detrás de la iglesia del parque San Pío”, relata.

La aclaración cambia uno de los relatos más difundidos alrededor del accidente: aquel según el cual Alarcón habría terminado cayendo muy cerca de la casa de su novia.

El 17 de octubre de 1965 un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper chocaron sobre Bucaramanga. Dieciséis personas murieron. Seis décadas después, el ingeniero e historiador Lelio Armando Rodríguez Durán volvió sobre el caso y, a partir del testimonio de quien era la novia de Víctor Alarcón, encontró que algunas de las historias repetidas durante años no ocurrieron como se contaban.
El 17 de octubre de 1965 un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper chocaron sobre Bucaramanga. Dieciséis personas murieron. Seis décadas después, el ingeniero e historiador Lelio Armando Rodríguez Durán volvió sobre el caso y, a partir del testimonio de quien era la novia de Víctor Alarcón, encontró que algunas de las historias repetidas durante años no ocurrieron como se contaban.

El día anterior había ido a buscarlo

Un día antes de la tragedia, la joven había ido al aeropuerto.

Víctor llegaba acompañado de su instructor de aviación y, según el relato que ella entregó a Rodríguez, en ese momento ocurrió una conversación que hoy adquiere otro significado.

“El día anterior, ella fue al aeropuerto a recoger a Víctor, que llegaba porque era estudiante de aviación. Llegó con el instructor. Y él le preguntaba al instructor que si ya podía manejar solo y el instructor dijo que sí, que sí podía manejar solo”, explica Rodríguez.

Para el historiador, esa respuesta pudo tener peso en lo ocurrido a la mañana siguiente.

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“De pronto, ese fue el motivo para que Víctor se animara al día siguiente a sacar la avioneta y finalmente la sacó sin permiso”, señala.

No es la única versión que ha tenido que revisar.

Durante años también se habló de una discusión entre Víctor y su novia la noche anterior. La historia sugería que un disgusto sentimental podía haber estado detrás de sus decisiones posteriores.

Según Rodríguez, el testimonio de ella descarta esa explicación.

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“Se conjeturaba que había sido porque habían tenido algún disgusto, alguna discusión entre los novios y resulta que eso no es cierto”, afirma.

Aquella noche habían estado en una fiesta de la Universidad Industrial de Santander. Rodríguez recuerda que el encuentro se realizó en el Club Campestre, “cuando quedaba en el Club Unión”, y que entonces era habitual lo que llama “el noveleo”: llegar a mirar, encontrarse con conocidos y seguir de cerca lo que ocurría en las reuniones sociales.

Allí estuvieron ella, Víctor y otros amigos. Después salieron hacia la González Valencia, donde vivía la familia Alarcón, y allí dejaron a Víctor.

“Se fueron para la González Valencia, donde vivía Héctor Alarcón, y allá lo dejaron precisamente”, reconstruye Rodríguez.

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A partir de ahí, dice, todavía quedan vacíos. Una de las versiones indica que Víctor pudo regresar hacia el club. Rodríguez es cuidadoso en ese punto: no asegura qué ocurrió después ni puede establecer si aquella noche había bebido.

“Lo que no sabemos con exactitud es si se tomó algunos traguitos o no, que de vez en cuando le gustaba tomarse sus traguitos”, precisa.

El 17 de octubre de 1965 un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper chocaron sobre Bucaramanga. Dieciséis personas murieron. Seis décadas después, el ingeniero e historiador Lelio Armando Rodríguez Durán volvió sobre el caso y, a partir del testimonio de quien era la novia de Víctor Alarcón, encontró que algunas de las historias repetidas durante años no ocurrieron como se contaban.
El 17 de octubre de 1965 un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper chocaron sobre Bucaramanga. Dieciséis personas murieron. Seis décadas después, el ingeniero e historiador Lelio Armando Rodríguez Durán volvió sobre el caso y, a partir del testimonio de quien era la novia de Víctor Alarcón, encontró que algunas de las historias repetidas durante años no ocurrieron como se contaban.

Una tragedia que también dejó historias equivocadas

Después del accidente, la joven tenía alrededor de 18 años.

Su familia decidió enviarla a Bogotá durante un tiempo para que pudiera alejarse de lo ocurrido. Luego regresó a Bucaramanga, se casó, vivió fuera de la ciudad, pasó una temporada en Zapatoca y, con los años, volvió a establecerse en la capital santandereana.

Rodríguez pidió conservar su identidad en reserva. Ella tampoco quiso guardar objetos relacionados con el accidente.

“Ella no quiso tener ningún recuerdo de la avioneta ni de los aviones accidentados. Se lo ofrecieron mucho, pero ella no quiso. Lo único fue una medallita que conservó y que más adelante devolvió”, cuenta.

Otra historia que el investigador había escuchado durante años decía que la familia Alarcón había sido objeto de señalamientos después de la tragedia y que, debido a esa presión, había abandonado Bucaramanga.

También en este punto, asegura, encontró una versión diferente.

“Teníamos la versión de que a la familia Alarcón, luego del accidente, les habían hecho matoneo, bullying, como dicen hoy en día. Resulta que eso no es cierto. No le hicieron matoneo. Teníamos la versión de que se habían ido de la ciudad, no es cierto, ellos no se fueron de la ciudad, siguieron acá”.

La que sí salió por un tiempo fue la joven. “A la novia, después del accidente, la enviaron a Bogotá, para precisamente poder pasar la tragedia, luego regresó aquí nuevamente”, relata.

El 17 de octubre de 1965 un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper chocaron sobre Bucaramanga. Dieciséis personas murieron. Seis décadas después, el ingeniero e historiador Lelio Armando Rodríguez Durán volvió sobre el caso y, a partir del testimonio de quien era la novia de Víctor Alarcón, encontró que algunas de las historias repetidas durante años no ocurrieron como se contaban.
El 17 de octubre de 1965 un DC-3 de Avianca y una avioneta Piper chocaron sobre Bucaramanga. Dieciséis personas murieron. Seis décadas después, el ingeniero e historiador Lelio Armando Rodríguez Durán volvió sobre el caso y, a partir del testimonio de quien era la novia de Víctor Alarcón, encontró que algunas de las historias repetidas durante años no ocurrieron como se contaban.

Las fotografías congelaron lo que la ciudad vio

Mientras las familias intentaban asimilar lo ocurrido, Vanguardia Liberal comenzó a registrar las consecuencias.

Las fotografías publicadas en los días posteriores muestran restos de las aeronaves sobre el terreno, personas caminando entre ellos y una Bucaramanga que todavía tenía amplias zonas sin urbanizar.

En Pan de Azúcar quedaron partes del DC-3. En Terrazas terminó la avioneta que conducía Alarcón.

Las ediciones de Vanguardia Liberal de los días posteriores al accidente permanecen entre los documentos que permiten reconstruir aquellas jornadas. Una de las páginas del 19 de octubre conserva varias fotografías tomadas en los sitios donde terminaron las aeronaves, imágenes que hoy también permiten observar cómo eran esos sectores de la ciudad hace más de seis décadas.

Pero incluso esas fotografías no resuelven todas las preguntas. Rodríguez recuerda que todavía existen distintas explicaciones sobre la manera exacta en que ocurrió la colisión.

“Otra de las teorías que no se sabe con exactitud es que se chocaron de frente, de lado. Otra versión es que succionó el avión a la avioneta”, explica.

Por eso, su trabajo ha consistido también en separar lo que puede comprobarse de aquello que se fue sumando a la historia con los años.

“Yo hace muchos años he colaborado con diferentes crónicas, videos, escritos, conferencias sobre el accidente de Pan de Azúcar. Me gusta bastante la historia”, dice.

Esa búsqueda lo ha llevado incluso más atrás, hacia otros accidentes de la aviación regional. Rodríguez recuerda, por ejemplo, otro siniestro ocurrido cerca del kilómetro 18 de la vía hacia Tona, cuando una aeronave que llegaba de Bogotá terminó contra la montaña en medio de condiciones de poca visibilidad.

Todavía hay allí, cuenta, un pequeño monumento. Cuando pasa por el lugar durante alguna caminata suele detenerse y contar lo sucedido.

Con el accidente de Pan de Azúcar ocurre algo parecido: cada fotografía, cada página del periódico y cada testimonio agrega un detalle, pero también obliga a revisar aquello que se creyó cierto durante años.

Esta vez fue una mujer que tenía cerca de 18 años en 1965 quien aportó algunas de esas piezas.

La misma que aquella mañana salió de su casa, levantó la mirada y, por unos segundos, creyó que lo que descendía del cielo eran simplemente papeles de publicidad.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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