La fortaleza espiritual es la reserva de valentía que cada uno tiene dentro de su corazón. Y hay que ejercitarla, pues ella nos ayuda a seguir adelante; sobre todo en la adversidad.

Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
De qué le sirve hablar de tenacidad, de mantenerse optimista o de conservar los ánimos arriba, si a la hora de enfrentar los problemas ‘se vuelve nada’.
Ha de saber que todas las recomendaciones que se hagan al respecto, si bien son ciertas, son infructuosas si no pone de su parte para aplicarlas en cada reto que la vida le imponga.
Por eso, hoy vamos a reflexionar sobre la fortaleza espiritual. Ella, tal y como ocurre con quienes van a los gimnasios para mantenerse en forma, requiere de una serie de ejercicios para conservarla.
Digamos de entrada que esa fortaleza no es otra cosa que su fe. Ella es fundamental para el estado de ánimo y, por ende, debe aplicársela en grandes dosis si realmente quiere conocer todo su poder.
Así como desayuna o almuerza cada día, del mismo modo debe alimentar su fe para seguir en pie.
Algunos la ejercitan con la oración, otros la practican con dinámicas de superación personal y unos más le apuestan a la disciplina.
Yo diría que la plegaria es, sin lugar a dudas, la más grande e inmensa fuente de su fortaleza.
Cuanto más le dedique minutos a la oración, sin volverse un fanático empedernido, más grande será su fe.
Ojo: Orar es algo más que repetir palabras como ‘lora borracha’. Este acto, que es íntimo, consiste en una sincera charla con Dios.
También se puede mantener fuerte, espiritualmente hablando, si practica acciones que lo ayuden a superarse.
Claro está que en ese frente de acción es preciso hacer un trabajo de reingeniería mental.
Usted reordena sus pensamientos cuando, por ejemplo, asume sus responsabilidades y es capaz de salir de una situación difícil, no con lamentos, sino con decisiones.
Incluso si de todas formas las cosas no le van bien, simplemente sigue adelante con dignidad.
Una persona que afronta una adversidad tiene que comprender que, para derrotar tal situación, debe nutrirse bajo una perspectiva optimista.
Para ser espiritualmente fuerte también es fundamental dejar la quejadera por todo. Suelte ese absurdo ‘rol de víctima’ y reconozca que esa actitud lastimera no lo conduce a nada.
El carácter también es clave a la hora de ser fuerte. Una persona puede ser amable y justa, pero al mismo tiempo no le deben temblar los pies para tomar medidas concretas.
Por último, debo decir que otra característica de la persona que se fortalece por la vía espiritual consiste en dejar atrás las ansiedades y tener claro que no debe esperar resultados inmediatos. Para ello, debe aplicar su energía de forma dosificada, celebrando con mesura cada paso que dé en el camino.
¡respire optimismo!
En la vida es preciso desterrar las energías negativas que, de manera desafortunada, se van acumulando en la cotidianidad.
Si se libera de la ‘mala vibra’, usted se limpia y es más fuerte, incluso encuentra más herramientas para enfrentar las adversidades.
Muchos amontonan juicios y prejuicios, sin siquiera percatarse de que esas energías negativas lo perseguirán por donde quiera que vayan.
Identifique sus programaciones erradas, elimine
todos sus bloqueos y reprográmese con mensajes alentadores y cargados de esperanza.
















