Espiritualidad
Domingo 09 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Octubre es un mes para aprender el arte de orar

Para orar es clave tener fe y entablar un diálogo sincero con Dios. Y como la verdadera oración viene del corazón y del momento que uno esté viviendo, siempre será preciso ‘poner los pies en la tierra’.

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Publicado por: Euclides Kilô Ardila

Como estamos en el mes de la oración, quisiera reflexionar este domingo sobre la forma como usted, yo y en general todos elevamos las plegarias al cielo.

Y hablo de este tema porque, más allá de que octubre sea una época para reforzar la fe, muchas personas rezan y al final se sienten muy defraudadas al no conseguir nada de lo que tanto invocan.

¿Cómo oramos? ¿Acaso lo hacemos desde el banco de un templo mirando al Sagrario? ¿Tal vez preferimos entablar un diálogo personal e íntimo con Dios? ¿Será que no sabemos concentrarnos en ese encuentro con Él y con nosotros mismos?

Sea como sea, orar es una experiencia que nos permite percibir la presencia constante del Ser Supremo en nuestra vida.

Lo que sucede es que, en diversas ocasiones, muchos no saben cómo dirigirse al Creador e incluso no tienen certeza de que Él los escuche.

Si bien muchos ‘le ponen fe’ al asunto, habría que decir que algunos oran de forma distraída. Y no faltan los que, de manera errada, piensan que basta solo con pronunciar la ‘oración del día’ y se quedan ‘con los brazos cruzados’ esperando que todos los problemas se les resuelvan.

Orar es tener claro que no estamos solos, es saber que podemos extender la mano a Dios y estar seguros de que Él la tomará.

Indiferente del credo que profesemos, sería bueno saber cómo realmente se debe hacer para que surta el efecto que tanto se desea al orar.

Lo primero que les quiero decir es que nadie puede pretender pronunciar, de manera calcada, palabras y quedarse esperando que del cielo le lluevan bendiciones.

Podemos saber muy bien el Ave María y el Padre Nuestro, o la oración que las iglesias nos dicten, pero si no hay una gota de fe de por medio nada lograremos.

Y orar es mucho más que pedir; es alabar, es bendecir, es dar gracias, en fin...

Para mí, la oración es un bálsamo que me revitaliza y me llena de energía para continuar el camino. Cuando lo hago, por alguna razón, siento que doy el primer paso para encontrarles las salidas a mis situaciones particulares.

Así las cosas, en medio de cualquier problema que tenga podré dirigirme hacia una solución real, siempre y cuando ore con los pies en la tierra.

Insisto en preguntar: ¿Si rezamos, todos los problemas se nos solucionarán de una?

No siempre podemos escoger las circunstancias de la vida. Por eso no nos debemos quedar ahí, en la sola enunciación de frases, sin hacer algo para que las cosas cambien de verdad.

Más allá del rezo propiamente dicho, cualquier solicitud que se le haga a Dios debe ir acompañada de una acción concreta. Si usted tiene un problema, debe orar y al mismo tiempo diseñar estrategias para salir de esa dura situación por la que atraviesa.

Recalco que la oración, si no es auténtica, se convierte en una repetición absurda de frases aprendidas, las cuales se leen sin sentido.

El esfuerzo lo puede todo y las dificultades están ahí para superarlas: o las vencemos o ellas nos doblegarán. Y ahí sí como dice el dicho popular, ¡No hay Santa Lucía que valga!

¿Cómo orar? Se hace dándose por entero. Cualquiera que sea su situación, siempre debe hacer lo mejor que pueda, tiene que mantener la actitud correcta y, por supuesto, debe pedirle al Creador que lo ilumine.

Abra su corazón a fin de sentir a Dios en su templo interior.

Conclusión: cuando necesite algún favor del cielo, solicítelo con fe y hágalo mediante una charla íntima. Pero, eso no será suficiente, siempre le corresponderá hacer un esfuerzo y ponerse manos a la obra.

REFLEXIONES BREVES

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* Enfrentar y superar un obstáculo, más allá de lo complicado que él sea, le genera cinco cosas: carácter, madurez, renovación, sabiduría y un nuevo nivel de bendición. Recuerde que la vida está llena de desafíos, los cuales ponen a prueba su determinación.

* Sea consciente de su herida emocional y evite maquillarla: cuanto más tiempo espere a sanarla, más se agravará. Si no se libera de ella afrontará situaciones que tocarán su dolor y eso hará que se ponga múltiples máscaras, solo por el miedo a revivir su pena.

* Un buen ser humano se destaca por su capacidad de empatía, que consiste en percibir y comprender los sentimientos, pensamientos y emociones del prójimo. Viva sin aparentar lo que no es, sin engañar a quienes lo aman y sin mentir a aquellos que creen en su palabra.

* Si supiera que nadie es imprescindible en la oficina y fuera consciente de lo rápido que lo reemplazarían en su empleo, con seguridad les dedicaría más atención a otras cosas esenciales, tales como: su salud física y mental, su hogar, su tiempo de ocio y su felicidad.

LA CONSULTA DEL DÍA

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos tan duros. No obstante, con cada cuestionamiento todos tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan hoy? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Estoy estancado. Es como si estuviera sentado esperando que se me pase la vida en medio de la rutina. Soy el ‘cliente’ de mi propio ‘negocio’ y, en últimas, vivo defraudado de las promesas no cumplidas que yo mismo me hago. Desde hace años nutro unos anhelos falsos, casi que ‘pegados con las babas’, los cuales me tienen aburrido porque sé que jamás los podré cumplir. A veces pretendo hacer como si nada, pero eso me llena de ansiedad. ¿Qué consejo me podría dar? Le agradezco una respuesta”.

Respuesta: Hay una gran verdad en el mundo del mercadeo, que reza así: “No se puede tener un cliente satisfecho si siempre se están emitiendo y generando falsas expectativas”.

Le garantizo que nadie vuelve a comprar en una tienda que falla al cumplir sus promesas de venta. Ojo: estamos hablando de la ‘tienda’ de su vida.

Usted mismo se ha generado falsas expectativas y eso, en cierta medida, lo ha vuelto inseguro, desconfiado, tedioso, triste y decepcionado.

Mantener en su mente proyectos “pegados con las babas”, tal y como usted me escribe en su carta, le está haciendo daño. ¡Reivéntese y diseñe una iniciativa realmente posible!

El aburrimiento no es ningún motor para alcanzar el éxito; es todo lo contrario, es el peor freno.

¿Qué ha sembrado? Una semilla de cosas imposibles e irrealizables.

¿Qué hacer? Abone el terreno para acontecimientos más propositivos. Y para ello, acepte con la mayor vibra los sucesos que le corresponda asumir y enfrente su estancamiento.

Cuando se permita emprender la vida con mayor coherencia, usted saldrá de ese letargo en el que está.

Permita que le sucedan las cosas aprendiendo de ellas tal y como son, apreciando cada experiencia y cada instante. ¡Dios lo bendiga!

Publicado por: Euclides Kilô Ardila

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