Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta sección. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Inquietud: “No sé cuál camino tomar. Le escribo sobre ello porque siento que debo salir del sitio en donde estoy y no soy capaz de hacerlo. Al ver mi horizonte, no encuentro un puerto hacia el cual dirigirme. Hacer eso no es una tarea fácil, sobre todo porque estoy atado a personas y a situaciones de las que no me puedo liberar. A veces pienso que debería resignarme a quedarme con ese entorno. Lo leo mucho en sus reflexiones y me gustaría preguntarle: ¿usted ha experimentado la sensación de estar ‘preso’ en un determinado lugar? Sé que con su experiencia podré inspirarme. Espero su consejo. Gracias”.

Respuesta: La vida me ha enseñado que, cuando no sé a dónde ir el destino decide por mí. Por eso le he puesto una ‘brújula espiritual’ a mi corazón, para que ella marque mi norte y, antes de lanzarme a cualquier reto, me traiga lo que me corresponda asumir.
Y si no me siento bien en el lugar en donde me encuentro, empiezo por alejarme dando los debidos pasos para no extraviarme.
En su caso entiendo que el definir a dónde ir no le resulte una “tarea sencilla”, sobre todo sabiendo que lo que ha vivido hasta el momento lo está limitando en cuanto a proyectarse a un futuro.
Sin embargo, la vida le ofrece entre todas las opciones la posibilidad de reinventarse, de dejar atrás y soltar lo que le pesa, de cambiar y de alejarse de todo aquello que le daña su tranquilidad o que menoscaba su serenidad.
No se conforme y busque salidas viables a eso que está experimentando. Tal vez, por ahora, no pueda tomar una decisión radical; pero si da al menos un primer paso, si dinamiza su vida y si no se queda con los brazos cruzados, encontrará el camino. ¡Dios lo bendiga!
Breves reflexiones
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La felicidad no es una meta, es un camino a recorrer. Animarse a ir por ese trayecto es una decisión personal. Eso sí, cada individuo conforma a lo largo de su vida el concepto sobre su propia felicidad y se le debe respetar.
No permita que sus temores lo embadurnen; y, en ese orden de ideas, debe ser consciente de lo que ocurre a su alrededor. Asuma lo que el momento presente le ofrece, y también responda de corazón con acciones concretas. ¡Téngase fe!
Los médicos afirman que, desde un punto de vista terapéutico, cultivar y poner en práctica la esperanza reduce la angustia, mejora la autoconfianza y flexibiliza un poco las rígidas formas de pensar; además, con ella la gente es más positiva.
Vivimos en un mundo en donde la ‘ley del mínimo esfuerzo’ se impone. Nos ofrecen las cosas fáciles y siempre nos dejamos llevar por opciones ventajosas; sin embargo, en realidad ellas nos hacen adoptar una actitud pasiva ante la vida.














