Espiritualidad
Viernes 30 de octubre de 2026 - 07:11 AM

No permitamos que nada nos robe la paz

La vida no se trata de conseguir que nada nos moleste, sino de aprender a no permitir que cualquier cosa nos quite la alegría de vivir.

La vida no necesita más complicaciones
La vida no necesita más complicaciones

Compartir

¿Sabe algo? Solemos preocuparnos por tonterías. Nos preocupamos porque alguien no nos saludó, porque un mensaje quedó sin respuesta, porque una persona hizo un comentario que no nos gustó o porque las cosas no salieron como esperábamos.

¿Le ha pasado? A mí suele ocurrirme con relativa frecuencia. Me hago preguntas, saco conclusiones apresuradas y termino sufriendo por cosas que ni siquiera sé si son ciertas.

Cierto día, un profesor del Salesiano me dijo que la vida ya tiene sus propias dificultades como para que, además, nos dediquemos a complicarla con asuntos pequeños. No podemos ir cargando a diario con los problemas de la congestión vehicular, la mala vibra de las personas en la oficina, el ruido que generan los demás y tantas otras cosas que terminan robándonos la tranquilidad.

No podemos olvidarnos de disfrutar el café de la mañana, de conversar tranquilamente con la familia o de agradecer que tuvimos un día más para vivir. Y es que, por estar pendientes de lo que nos incomoda, dejamos pasar muchas cosas sencillas que podrían hacernos bien.

¿Por qué tanto desánimo en la vida?
¿Por qué tanto desánimo en la vida?

También es importante entender que no todo comentario en las redes sociales merece una respuesta, que no toda actitud ajena necesita una explicación y que no todo desacuerdo tiene que convertirse en un problema personal. Hay quienes hablan sin pensar, otros están atravesando sus propias dificultades y algunos, simplemente, tienen una manera distinta de ver el mundo. Si cada gesto, palabra o diferencia se toma como una ofensa, nuestra tranquilidad termina dependiendo del comportamiento de los demás. Y eso es agotador, porque nunca podremos controlar lo que la gente dice, piensa o hace.

Lo que sí podemos aprender a manejar es la manera en que reaccionamos, la importancia que le damos a cada situación y el tiempo que permitimos que permanezca en nuestra mente. Soltemos las cosas que no suman. No se trata de ignorar los problemas, sino de reconocer qué merece nuestra atención y qué no merece quitarnos el sueño.

No hace falta tener todas las respuestas ni pertenecer a una religión para comprender que la paz interior es algo que debemos cuidar. A veces, una oración, un momento de reflexión o, simplemente, sentarse en silencio ayuda a recordar que no todo está perdido porque algo no salió bien.

Publicidad

Cuántas veces una persona se acuesta por la noche repasando una conversación de la mañana, pensando en lo que debió decir o en lo que otra persona quiso insinuar. Cuántas veces se daña una reunión familiar por una palabra mal interpretada, se enfría una amistad por orgullo o se pasa un domingo entero de mal humor porque alguien hizo algo que no nos gustó. Es como llevar una piedra en el bolsillo durante todo el día: quizá no parece demasiado pesada al principio, pero termina cansando.

Quote start

¿Cuánto tiempo, energía y alegría se pierden por asuntos que podrían resolverse con una conversación tranquila, una disculpa sincera o la decisión de no seguir dándoles importancia?

Quote end
Euclides Kilô Ardila

Aceptar que algo salió mal y seguir adelante es mucho más saludable que desgastarse por bobadas. Aprender a vivir con más serenidad no significa volverse indiferente, sino elegir mejor las batallas. Significa cuidar las palabras, no alimentar chismes, dejar de compararse con la vida ajena y comprender que cada persona tiene sus tiempos, sus luchas y sus maneras de actuar.

Pregunta del día

¿Cuáles son esos temores que rondan su vida? Cuéntenos sobre ellos para reflexionar juntos. Envíe su caso a Euclides Kilô Ardila al correo eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
¿Cuáles son esos temores que rondan su vida? Cuéntenos sobre ellos para reflexionar juntos. Envíe su caso a Euclides Kilô Ardila al correo eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
  • Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:
Nuestras culpas (Foto suministrada / VANGUARDIA)
Nuestras culpas (Foto suministrada / VANGUARDIA)

Testimonio: “No encuentro armonía ni tranquilidad debido a las constantes culpas que me acompañan. Reconozco que he cometido errores y siento que hoy la vida me está cobrando las consecuencias de mis decisiones. Aunque estoy arrepentido, me cuesta encontrar paz interior. ¿Cómo puedo aprender de mis faltas y recuperar la esperanza de vivir plenamente? Le agradezco cualquier consejo que pueda brindarme”.

Respuesta: Comprendo que cargar con “culpas” puede convertirse en una pesada cruz cuando las equivocaciones del ayer le impiden disfrutar del presente. Sin embargo, reconocer sus equivocaciones y arrepentirse son pasos valiosos para comenzar de nuevo. Todos podemos equivocarnos, aprender y cambiar. Si ha causado daño, procure repararlo; si ya no puede cambiar ciertas situaciones, acéptelas con responsabilidad y humildad.

Publicidad

Para encontrar la paz, distinga entre asumir sus actos y castigarse continuamente. La culpa puede invitarle a reflexionar, pero no debe convertirse en una prisión.

Perdonarse no significa justificar sus errores, sino aprender de ellos y comprometerse a actuar mejor. Avance paso a paso, cultive hábitos saludables y rodéese de personas que le aporten bienestar. Es preciso que enmiende los errores, se sane y siga adelante.

Mientras esté dispuesto a aprender y construir una vida distinta, habrá motivos para recuperar la esperanza. No puede cambiar el pasado, pero sí decidir cómo vivir el presente. Trátese con la misma comprensión que brindaría a alguien querido que intenta mejorar. La paz interior requiere paciencia, coherencia y voluntad para recomenzar.

Plegaria del día

Oración a Jesús.
Oración a Jesús.
  • Dios: hoy vengo ante su presencia con el alma cansada y el corazón necesitado de paz. Le pido humildemente una gota de serenidad para atravesar las tormentas que inquietan mis pensamientos, encontrar calma en medio de las preocupaciones y aceptar con fe aquello que mis manos no pueden cambiar. Concédame, Señor, un instante de quietud en el que el miedo se apague y la esperanza vuelva a florecer. Ayúdeme a confiar en sus tiempos, a descansar en su voluntad y a comprender que, aun en los días más oscuros, su luz puede guiar mis pasos. Amén.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad