El reconocido coreógrafo nos contó su drama tras ‘sanar’ su homosexualidad. Dijo que empezó desde cero al ser víctima de tres robos. Cerró su academia de baile, vive de las ofrendas de la iglesia y han intentado agredirlo.

Publicado por: ERWIN SARMIENTO/COLPRENSA
Adolfo Martínez Carrillo es hoy otro hombre bajo la piel morena del coreográfo que se alejó de las rumbas y la pornografía gay para dar testimonio de vida. En noviembre de 2014 Nerú contó ante las cámaras que, tras un proceso de “sanación espiritual”, dejó de ser homosexual. Dicha revelación, quien lo creyera, se ha convertido en su propia cruz. El bailarín confesó que a raíz de su ‘curación’ le fueron cerradas las puertas en el medio artístico. Según él, de facturar unos $15 millones por contrato, hoy en día solo recibe aproximadamente $100 mil por su testimonio de transformación. “Donde yo me movía (en realities, magazines y concursos), la mayoría son gays. A mucha gente de ese medio como que no le gustó mi cambio espiritual. No me dan trabajo, incluso me hacen mala cara, me empujan y hasta me llaman ‘traidor’”.
La falta de oportunidades cayó como un balde de agua fría sobre Nerú. De la vida de lujos, fama y dinero en la que vivía hasta hace unos meses, no queda ni rastro. La indiferencia de algunos de sus colegas y excompañeros ha sido tal, que al coreógrafo le tocó cerrar su academia de baile, que por seis años formó a estrellas como Lady Noriega, Yolanda Rayo y J Balvin.
“Tenía un nivel de vida bastante cómodo, como el de otros artistas. Pero a raíz de esto tuve que vender el carro, algunos muebles y parte de la decoración de mi casa. La academia la cerré en diciembre pasado porque tenía que salir de algunas ataduras de mi vida pasada, además que ya me habían robado dos veces. En mi casa también me robaron artículos de vestir, relojes, chaquetas, pantalones. Me dejaron prácticamente en la calle. ¿Por qué pasó todo esto? Algunos dicen que se trata del diablo, yo no lo sé. Oro mucho para que Dios me dé la respuesta”. Para sobrevivir, en sus palabras, ha tenido que recurrir a la caridad. Otras veces dicta clases de baile a domicilio, “pero eso es muy esporádico”. “La fama y el dinero me cegaron. Creo que estoy pagando por mis errores”, puntualizó.
















