Las Santandereanas
Lunes 09 de marzo de 2026 - 06:07 PM

Chef Diana Acevedo: una vida dedicada a cocinar recuerdos

Diana Acevedo decidió volver a los orígenes y reivindicar el valor de los sabores que acompañaron la infancia de varias generaciones. Con galletas cuca, tradición y sazón conquista los paladares y corazones de Santander.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

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El chocolate comienza a espesar lentamente sobre el fogón. Diana Acevedo lo revuelve con el molinillo de tradición, hecho con la flor seca del árbol de magnolia.

Sobre el mesón reposa un pan recién horneado, un queso de hoja sedoso y un pocillo de barro que pronto recibirá ese chocolate que viene directamente del cultivo. Ella misma lo tostó, descascarilló, molió y amasó en la finca de sus abuelos.

Orlando Rey Valdivieso/Vanguardia
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La escena ocurre en el lugar donde todos quisiéramos estar cuando nos hablan de deleitar un plato lleno de tradición, en una de las cocinas más famosas de redes sociales, la de la chef santandereana que antoja a propios y extranjeros con sus videos de recetas de amasijos, postres, sopas, y charlas de cocina tradicional, la que descubrió siendo una niña.

Mientras disfrutamos de ese chocolate e intentamos saborear cada trozo de pan de tiempo, una receta que también heredó de sus abuelos, el timbre de la puerta interrumpe la conversación.

La chef santandereana Diana Acevedo recibe una caja y la abre sobre el mesón de su cocina. Saca de allí un reconocimiento que resume uno de los capítulos de su historia: mejor chef influencer del año, otorgado por los Premios Insta Fest en su séptima versión.

Lo sostiene entre sus manos con orgullo, gratitud y la sonrisa encantadora que la caracteriza y que, en ese momento, endulza aún más el chocolate.

Diana Acevedo es una mujer que decidió convertir los recuerdos de su infancia, el legado de sus matronas y su talento culinario en recetas. Es una de las voces más importantes de la gastronomía en Santander.

Orlando Rey Valdivieso/Vanguardia
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Una historia que empezó en la cocina de los abuelos

La chef Diana creció rodeada de mujeres trabajadoras. Su mamá, Elsa García, fue una figura fundamental en su formación, pero su historia con la cocina comenzó con su abuela, Angélica.

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“Mi mamá fue una trabajadora incansable. Yo me crié con ella y con mis abuelos, y tuve la fortuna de tenerlos muy presentes en mi vida. Ahí es donde inicia realmente mi historia”, cuenta.

Orlando Rey Valdivieso/Vanguardia
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Su abuelo Gonzalo era un hombre trabajador, curioso y profundamente generoso, según ella lo describe. Cada vez que regresaba del campo llegaba con algo en las manos.

A veces eran mandarinas, otras veces naranjas. En ocasiones aparecía con frutas menos comunes que despertaban la curiosidad de su nieta.

“Él me llevaba frutas, como por ejemplo melocotón, o melón de dulce y me decía que le preparara dulces, siendo muy niña”, recuerda.

Los fines de semana tenían otro ritual. Subían a Lebrija, donde su abuelo tenía una casa de campo. Allí recolectaban los frutos que luego se transformarían en recetas familiares.

Con él aprendió sobre el cacao: recolección, fermentación y secado. Con su abuela, en cambio, aprendió lo que ocurría dentro de la cocina.

“A mí me pasaba algo super extraño, casi no disfrutaba el colegio, me desmotivaba un montón. Pero sí disfrutaba muchísimo estar con mi abuela en la cocina. Ella es muy santandereana y en esa época no permitía que muchas personas entraran a la cocina, pero siempre me decía, ‘venga, que usted sí sabe’. Ella lo declaró desde que yo era niña. Y todo el tiempo estaba ayudándole, para mí era un placer”, recuerda.

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Orlando Rey Valdivieso/Vanguardia
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Aquellos pequeños retos se convirtieron en un juego que despertó su interés por los sabores y por los procesos que ocurren antes de que un plato llegue a la mesa.

Orlando Rey Valdivieso/Vanguardia
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Recuerda que cuando tenía apenas nueve años. Su mamá, que había estudiado contaduría pública, decidió montar una panadería como proyecto de grado.

“Cuando montó la panadería se dio cuenta de que no sabía panadería. Entonces empezamos todos a aprender al mismo tiempo”, cuenta Diana.

Los panaderos que llegaban a trabajar se convirtieron en maestros. “Me acuerdo que en las noches cogía el cuaderno de don Argemiro y lo chismoseaba porque me interesaba un montón”, dice.

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Javier, a quien recuerda con cariño, le regalaba las puntas de masa que quedaban de los amasijos. Con ellas, Diana hacía pequeños bizcochos. “Creo que de ahí viene mi amor por hacer pasabocas y cositas pequeñas”, asegura.

Con el tiempo, la panadería se convirtió en una verdadera escuela familiar. Su hermano mayor también aprendió el oficio. Su madre terminó convirtiéndose en una reconocida docente de panadería y pastelería del Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena, y de varias instituciones del área metropolitana de Bucaramanga.

Mientras tanto, Diana crecía rodeada de harina, hornos y recetas. Aunque al terminar el colegio decidió explorar otro camino.

Estudió cultura física y deportes en la Universidad Santo Tomás, una carrera que también le apasionaba. Pero la cocina seguía llamándola. Entonces, empezó a formarse en gastronomía, primero con cursos en el Sena y luego con estudios especializados en pastelería.

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Sin embargo, con el tiempo entendió algo fundamental. “Después de viajar y estudiar, descubrí que no necesitaba nada más que lo que me habían enseñado mis abuelos para ser feliz y para ejercer esta profesión”.

Diego Pérez/Vanguardia
Diego Pérez/Vanguardia

El sabor de la tradición, el éxito y la gratitud

Amasijos, dulces tradicionales y, sobre todo, las emblemáticas galletas cucas, le han permitido conquistar los escenarios más importantes del departamento y el país.

Aunque lo más importante para ella es seguir conquistando paladares. “Yo quería que cuando alguien probara mi comida o mis dulces sintiera un retroceso, que recordara a su abuela, a su mamá o a una tía que cocinaba rico”. Sin lugar a dudas, lo logró.

Ha recibido en tres ocasiones el Premios La Barra a mejor pastelera de Santander y en una ocasión a mejor pastelera de Colombia.

También recibió una condecoración del Congreso de la República de Colombia, que destacó su trayectoria y aporte a la ciencia culinaria a través de la docencia y la labor social. Su deseo de honrar la identidad gastronómica santandereana fue reconocido frente a un centenar de personas que la conmovieron gratamente.

“Ese día entendí que estaba haciendo bien las cosas, que cuando me propuse dignificar la profesión de todas esas cocineras tradicionales, de todos esos cocineros que día a día están dentro de las cocinas, lo estaba logrando. Sentí que estaba haciendo un trabajo bien hecho, responsable, con sacrificio, disciplina”.

Su casa no se podía quedar sin reconocer su labor. La chef Diana Acevedo fue condecorada con la orden “Eliécer Fonseca”, grado “Ciudadano Meritorio” de Girón; la Orden “Luis Carlos Galán Sarmiento”, la más alta distinción que entrega la Asamblea Departamental de Santander a quienes aportan al progreso del departamento.

En los últimos años, su presencia en redes sociales amplió aún más el alcance de su trabajo. Comparte sus conocimientos con miles de personas que hoy replican sus recetas en casa, y eso le trajo su más reciente reconocimiento.

La chef Diana Acevedo descubrió que la cocina es la clave para darle forma a su deseo de mantener viva la memoria. Al mirar atrás a los ojos de esa niña que sentía curiosidad por las ollas en los fogones, solo le dan ganas de decir: “Lo logramos. Lo hicimos. ¡Excelente, fue lo mejor que pudiste hacer! Gracias por siempre haber estado ahí debajo de las naguas de la abuela aprendiendo”.

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