Las Santandereanas
Lunes 13 de abril de 2026 - 02:38 PM

La santandereana que llevó a España su poesía

La docente universitaria y poeta santandereana Diana Carolina Gómez fue reconocida en España por su libro Dejarte morir al sol, una obra que habla de dolor, la memoria y la experiencia de ser mujer en búsqueda de la libertad.

La santandereana Diana Carolina Gómez Meneses fue reconocida con el Premio de Poesía Gerardo Diego 2025 por su libro Dejarte Morir al Sol, destacándose entre cerca de 1.500 obras presentadas de distintos países. Foto suministrada/VANGUARDIA
La santandereana Diana Carolina Gómez Meneses fue reconocida con el Premio de Poesía Gerardo Diego 2025 por su libro Dejarte Morir al Sol, destacándose entre cerca de 1.500 obras presentadas de distintos países. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Mucho antes de que Diana Carolina Gómez fuera premiada en España, alguien la leyó con fe, con confianza.

Fue Janeth, su profesora de literatura en el colegio. Fue la primera en decirle que allí, en esos textos, todavía experimentales, ya había algo que merecía ser nombrado. Una imagen. Una historia. Una música.

“Fue ella quien me dijo, por primera vez, que lo que yo escribía era poético, incluso cuando yo aún no sabía bien qué era la poesía. Recuerdo que subrayaba algunos fragmentos de mis textos y me decía: ‘acá hay poesía’, ‘esto es maravilloso’. Yo llegué a la poesía porque alguien confió y valoró lo que yo escribía”, recuerda Diana.

Los grandes autores, artistas, científicos, genios, comienzan así: con alguien que ve en una niña, en un niño, lo que ese pequeño todavía no alcanza a ver en sí mismo, pero que le llama más allá de cualquier otra cosa.

Portada del libro de Dejarte morir al sol de la santandereana Diana Carolina Gómez. Foto suministrada/VANGUARDIA
Portada del libro de Dejarte morir al sol de la santandereana Diana Carolina Gómez. Foto suministrada/VANGUARDIA

Mucho después, exactamente este año, vendría el reconocimiento internacional con su poemario Dejarte morir al sol: una obra que no esquiva el dolor ni se deja encerrar por el. Su premio es una confirmación de una búsqueda honda: la de una santandereana que ha hecho de su poesía un canto hacia la libertad.

“Para mí la poesía es una forma de libertad, porque a través de la poesía, escribiendo poesía, imaginando, intentando por ejemplo imaginar cómo siente un animal que tiene otra forma y para quien el mundo es totalmente diferente, allí empiezas a encontrar estrategias, medios, incluso nuevas palabras para narrar otras historias distintas a la parálisis”.

En el centro de su libro hay una historia de pérdida que amenaza con repetirse, una experiencia que no se queda detenida en el punto final. Diana no contempla inmóvil esa experiencia, le busca una salida.

“Esta obra hace parte de un proceso de superar una parálisis, una parálisis de una historia que se repite, cuando todo el tiempo se instala en un punto final, en una pérdida, y cómo entonces desde allí tienes que empezar a construir una nueva historia”.

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La familia de Diana Carolina en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA
La familia de Diana Carolina en Bucaramanga. Foto suministrada/VANGUARDIA

En su poesía aparecen peces, sapos, criaturas de todo tipo y otras formas de sensibilidad. Por eso, su lenguaje se desplaza hacia el mundo animal para así transitar el dolor por fuera de la experiencia humana inmediata. Y mirarla desde otro lugar.

“Voy al mundo de los animales para encontrar estrategias para afrontar el dolor. Allí encontrarán poemas sobre cómo los peces experimentan el dolor, cómo sienten los peces, también cómo un sapo inflama su saco vocal para parecer más grande de lo que realmente es y enfrentarse a sus depredadores. Es un poco ir a otros mundos, a otras posibilidades de sentir el mundo de una forma distinta e intentar resignificar una historia dolorosa”.

La poesía en Diana es una herramienta que transforma sin embellecer el sufrimiento, más bien lo empuja, lo rodea, lo nombra de otra manera y lo vuelve respirable. Su escritura se mueve allí, en esa frontera entre la herida y la imaginación, entre la pérdida y la posibilidad de otra lectura del mundo.

También en su obra hay una forma de arrojo.

Diana Carolina con su famila en su infancia. Foto suministrada/VANGUARDIA
Diana Carolina con su famila en su infancia. Foto suministrada/VANGUARDIA

Diana escribe más allá de la prudencia dócil desde la cual muchas mujeres tuvieron y han tenido que escribir. Escribe desde lo afectivo, desde lo íntimo que ya no se mantiene en silencio.

“También encuentro inspiración en lo intrépido, en lo que muchas veces se nos ha negado a las mujeres, como el arrojo, la intrepidez. Creo que me lanzo a hablar de una forma directa, franca, quizás audaz, de esa experiencia afectiva que en muchas ocasiones se nos limita, se circunscribe a ciertas emociones, a ciertas formas, al silencio, al silenciamiento, a la calma, a la prudencia”.

Su voz es coherente con lo que piensa de la vida.

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Su trabajo se enmarca en la psicología social y desde hace más de una década acompaña procesos con mujeres, niños, niñas, jóvenes y adolescentes en regiones de Santander golpeadas por el conflicto armado.

Su trabajo ha estado ligado a la construcción de paz, a la reconciliación social y a la escucha de comunidades que durante años han recompuesto su vida en medio de la violencia. Y para superarla.

Una de las experiencias que más la han marcado fue Voces narrando la paz, un proyecto con niños y niñas de Turbay, Suratá y Barrancabermeja en la escritur de narrativas de reconciliación en distintos formatos: audiovisuales, gráficos, sonoros, epistolares y escénicos, para ver cómo imaginan y qué es necesario para que haya paz en su región.

La santandereana que llevó a España su poesía. Foto suministrada/VANGUARDIA
La santandereana que llevó a España su poesía. Foto suministrada/VANGUARDIA

Y ese trabajo resuena en su escritura: cómo transformar una historia sin negarla, cómo encontrar palabras para lo que parecía condenado al silencio, cómo hacer del lenguaje un lugar de tránsito y no de encierro.

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En su trabajo con organizaciones de mujeres y proceso de paz ambiental encontró, además, otra certeza: “lo más valioso ha sido reconocer la fuerza de lo colectivo: cómo las mujeres se organizan para cuidar el territorio, sostener la vida y, muchas veces, asumir responsabilidades que deberían recaer en las instituciones del Estado”.

Ella ha visto de cerca ese esfuerzo y ha convivido con la incomodidad de saber que sigue siendo un trabajo poco reconocido.

“Uno de los grandes retos sigue siendo el poco reconocimiento social del trabajo de cuidado que realizan las mujeres, tanto en el ámbito doméstico como en el territorio. Es un trabajo fundamental para sostener la vida, pero que muchas veces permanece invisible y desvalorizado”.

Y agrega: “vivimos en una sociedad que sigue privilegiando la competencia, el extractivismo y la productividad, mientras que las formas organizativas de las mujeres suelen basarse en la solidaridad, el cuidado, la cooperación y la defensa de la vida”.

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En su experiencia personal esta reflexión también tiene peso: Diana cuestiona los mandatos que todavía se imponen en la vida y el cuerpo de las mujeres.

“Otro gran reto tiene que ver con la construcción de la libertad: la posibilidad de vivir como se desea, sin ceñirse a lo que tradicionalmente se ha ordenado para las mujeres”.

Quizá ahí se toca todo.

La santandereana que llevó a España su poesía. Foto suministrada/VANGUARDIA
La santandereana que llevó a España su poesía. Foto suministrada/VANGUARDIA

Diana imagina, y el lector o lectora también puede imaginar, las estrategias que buscan las mujeres frente al dolor de la guerra, al cuidado para sostener la vida, frente a la defensa de su libertad para existir fuera de los paradigmas impuestos. La escritura de Diana interroga la vida para volver sobre lo que importa con palabras afiladas.

Y qué más que estas palabras afiladas son las que caracterizan, en buena parte, a las santandereanas: su departamento de origen ha influido de manera decisiva en su camino.

“Ser santandereana, a nivel profesional, me llevó a preguntarme qué había pasado en el departamento durante el conflicto armado y cuál había sido también el compromiso académico de las universidades a lo largo de tantos años de violencia en Colombia”.

De esa inquietud surgió el libro Aquí pasó algo, en articulación realizada con la Jurisdicción Especial para la Paz y otras universidades para poner sobre la mesa que en Santander hubo una violencia fuerte, persistente y muchas veces invisibilizada.

Como parte de ese legado que quiere dejar a una región herida, Diana asegura que lo importante es la franqueza: “esa manera directa de decir las cosas, que he aprendido de mi región y de mi comunidad. Y es precisamente lo que permite poner en el centro el dolor que compartimos, para reconocer que todos y todas podemos participar, de alguna manera, en los procesos de reparación”.

Esa capacidad de nombrar las cosas sin rodeos es lo que garantiza el movimiento.

Y quizás esa sea, al final, la imagen más justa de Diana Carolina Gómez: una mujer que escribe para romper la inmovilidad. Una poeta que entra al dolor sin sentimentalismo, que busca en otras criaturas otras maneras de sentir, que entiende la libertad no como consigna sino como práctica del lenguaje.

Porque en ella la poesía no sirve para huir del mundo.

Sirve para volver a él con otra respiración.

Diana es magister en psicología. Docente investigadora en la Facultad de Psicología de la UPB Bucaramanga y coordinadora de la Mesa por la Paz UPB. Ha escrito artículos científicos y libros sobre paz y reconciliación social. Su último libro de poesía Dejarte morir al sol recibió el premio Gerardo Diego de Poesía en Soria, España.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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