Entre películas antiguas, archivos familiares y recuerdos que sobrevivieron al paso del tiempo, la santandereana Lizbeth Torres ha construido una vida alrededor de la memoria audiovisual. Desde la Fundación Cineteca Pública de Santander trabaja para recuperar imágenes que cuentan quiénes fuimos y cómo hemos cambiado.

Publicado por: John Arias
Algunas historias están guardadas en una caja y otras lo están en una fotografía o en una carta. Y muchas sobreviven en viejos rollos de película que esperan, en silencio, volver a proyectarse.
A rescatar esas historias ha dedicado buena parte de su vida Lizbeth Torres Acosta, gestora cultural santandereana y directora de la Fundación Cineteca Pública de Santander. Su trabajo consiste en recuperar, conservar y poner nuevamente en circulación imágenes que, aunque fueron registradas hace décadas, todavía tienen algo que decir sobre la vida de Santander. Lea también: Sylvia Ramírez, la santandereana que enseña el arte de aprender a ser feliz
En sus fotogramas pueden aparecer las calles de una ciudad que ya cambió, una fiesta de barrio, un desfile, un partido de fútbol, una familia reunida o los rostros de personas que alguna vez hicieron parte de la vida cotidiana de una comunidad.
Es precisamente allí donde está el corazón de su oficio: entender que preservar una imagen también significa preservar una parte de la memoria de quienes la produjeron y de quienes pueden reconocerse en ella.

Una vida entre imágenes
Desde la Fundación Cineteca Pública de Santander, Lizbeth ha acompañado procesos de recuperación de películas, rollos y registros audiovisuales que permanecían en archivos familiares, colecciones privadas y otros espacios donde corrían el riesgo de deteriorarse definitivamente.
El desafío no es menor. Las películas y cintas antiguas son materiales especialmente vulnerables al paso del tiempo, la humedad, las condiciones inadecuadas de almacenamiento y el abandono. Recuperarlas implica, muchas veces, una carrera contra el olvido.
Pero el trabajo de Lizbeth no termina cuando una cinta vuelve a estar a salvo. Su apuesta también consiste en hacer que esas imágenes regresen a la gente.
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La Cineteca Pública de Santander funciona como filmoteca, centro de documentación, espacio de formación y sala de proyección. Su archivo reúne más de 800 títulos, con materiales que van desde la década de 1920 hasta el presente. Allí conviven registros domésticos, películas, cortometrajes y documentos audiovisuales que permiten acercarse a diferentes momentos de la historia del departamento y del nororiente colombiano.

Cuando Santander vuelve a mirarse
Uno de los momentos que mejor representa esta labor ocurrió durante una jornada dedicada a la digitalización de archivos cinematográficos en formatos de 35 y 16 milímetros.
Las imágenes recuperadas mostraban escenas aparentemente sencillas: niños jugando en un parque, una feria en Girón, la inauguración de un hospital, una comparsa estudiantil y hasta la visita del expresidente Alberto Lleras Restrepo a la Universidad Industrial de Santander.
Lo que alguna vez fueron grabaciones realizadas con cámaras amateurs terminó convirtiéndose en un retrato colectivo de una época.
Ahí aparece una de las ideas que atraviesan el trabajo de Lizbeth: una imagen cotidiana puede terminar convirtiéndose en un documento histórico.
Las calles, las fiestas, los paisajes, los oficios y las formas de relacionarse de una comunidad quedan registrados en esas imágenes en movimiento. Son fragmentos de vidas particulares que, con el paso de los años, adquieren una dimensión colectiva.
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Lizbeth entiende la Cineteca como un lugar abierto a la ciudadanía. No solamente como un espacio para especialistas en cine o archivistas, sino como un escenario en el que vecinos, estudiantes, investigadores, artistas y jóvenes realizadores pueden encontrarse con las imágenes de su propio territorio. “La Cineteca es un espacio para que la gente se vea y se escuche”, ha señalado la gestora cultural.
Esa mirada explica por qué su trabajo trasciende la conservación. Recuperar una película tiene sentido cuando esa película vuelve a circular, cuando alguien puede reconocerse en ella o cuando una nueva generación descubre, a través de esas imágenes, cómo era el lugar que habita.
Por eso, desde la Fundación también se han desarrollado proyecciones, talleres y procesos comunitarios de apropiación del archivo audiovisual.
Un reconocimiento a una labor silenciosa
Este año, el trabajo de Lizbeth Torres recibió un reconocimiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, a través de la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos, y de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.
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La distinción destacó su aporte a la preservación del patrimonio audiovisual colombiano y fue entregada en Cumbal, Nariño, durante un encuentro dedicado a los archivos audiovisuales y a la preservación de la memoria fílmica.
Más que un reconocimiento individual, la distinción también puso la mirada sobre una tarea que muchas veces ocurre lejos de los grandes centros culturales: encontrar, conservar y compartir la memoria que permanece en los territorios.
Y es que la historia audiovisual de Colombia también está en las casas de familia, en las colecciones particulares, en los municipios y en los proyectos comunitarios que durante años han protegido imágenes sin saber, quizás, que estaban guardando una parte de la historia del país.

Fotograma a fotograma
La historia de Lizbeth Torres es, en buena medida, la historia de una mujer que decidió mirar hacia aquello que otros podían considerar viejo, olvidado o aparentemente insignificante.
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Donde alguien puede encontrar un rollo deteriorado, ella encuentra una posibilidad. Donde hay una película guardada durante décadas, ve una historia esperando ser contada nuevamente: lo que no se conserva puede desaparecer y aquello que no vuelve a mostrarse corre el riesgo de quedar fuera de la memoria colectiva.
Por eso continúa buscando materiales, fortaleciendo procesos de preservación, formando públicos y acercando a más personas al patrimonio audiovisual.
En cada rollo recuperado, Santander vuelve a aparecer. A veces es la ciudad de hace medio siglo; otras, un municipio, una familia, una celebración o un rostro anónimo.
Son imágenes que regresan desde el pasado para recordarnos que la memoria no permanece quieta, pues gracias a mujeres como Lizbeth Torres, vuelve a proyectarse.
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