El ejercicio es clave para la salud cerebral y puede ayudar a prevenir el deterioro cognitivo, un problema que afecta a millones de personas con el envejecimiento.

Publicado por: Redacción Salud
El envejecimiento conlleva una serie de cambios en el organismo, la función cognitiva resulta ser una de las más afectadas.
La memoria, la capacidad de concentración y la agilidad mental son fundamentales para la vida cotidiana e independientes, pero con el paso de los años, pueden deteriorarse progresivamente. Se estima que entre los 60 y 64 años, el 6 % de las personas presentan deterioro cognitivo leve, una cifra que aumenta al 25 % en la población de 80 a 84 años. Además, entre el 5 % y el 10 % de los afectados desarrollarán demencia cada año, lo que representa un desafío significativo en términos de salud pública.
Si bien la genética es un factor determinante, diversos estudios han demostrado que hasta el 40 % de los casos podrían prevenirse mediante la modificación de ciertos factores de riesgo. Entre ellos, destacan el nivel educativo, la salud cardiovascular, la calidad del sueño, la interacción social y, de manera particular, la actividad física. La relación entre el ejercicio y la función cognitiva ha sido objeto de numerosas investigaciones, ha dejado en evidencia que el movimiento beneficia al cuerpo y juega un papel clave en la preservación de la salud cerebral. Lea también: Angioplastia coronaria: sí es segura en adultos mayores
María Mercedes Botia Osorio, médica especialista en medicina del deporte, analiza el impacto de la actividad física en la prevención del deterioro cognitivo, destacando su importancia en la reducción de riesgos y el mantenimiento de la autonomía en las personas mayores.

Cada vez hay más evidencia de que el músculo es una herramienta clave en la protección contra el deterioro cognitivo. Su capacidad de actuar como un órgano endocrino y secretar moléculas con efectos neuroprotectores lo convierten en un aliado indispensable para la salud cerebral.

Músculo y cerebro: un vínculo poderoso
Solemos imaginar al cerebro y a los músculos como sistemas independientes: uno controla el pensamiento, los otros el movimiento. Sin embargo, la realidad es distinta. Están profundamente interconectados y comparten funciones clave, como la regulación del sistema inmune y el metabolismo.
Su desarrollo ocurre en sincronía y la comunicación entre ambos es constante. El ejercicio juega un papel crucial en esta relación. Durante la contracción muscular, el cuerpo libera miokinas, moléculas con efectos neuroprotectores y antiinflamatorios. Factores como la IL-6, el IGF-1 y el BDNF refuerzan la conexión entre músculo y cerebro, promoviendo la plasticidad neuronal y mejorando la función cognitiva.
Prevención y estrategias efectivas
La evidencia es contundente. El ejercicio cardiovascular potencia la salud cerebral al mejorar la plasticidad sináptica y la neuroprotección. Investigaciones han demostrado que incluso puede aumentar el volumen del hipocampo, una región clave para la memoria espacial.
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El entrenamiento de fuerza, por su parte, no solo preserva e incrementa la masa muscular, sino que también mejora la velocidad de marcha y la fuerza de agarre, dos marcadores esenciales en la prevención del deterioro cognitivo. En definitiva, la actividad física regular, y en especial el entrenamiento de fuerza, no solo fortalece el cuerpo, sino que también protege la mente. Le puede interesar: Vitiligo: cuando la piel cuenta una historia única

El impacto del ejercicio en el cerebro
La ciencia respalda esta relación. Investigaciones han demostrado que una menor masa muscular y fuerza aumentan el riesgo de deterioro cognitivo. Un estudio de cohorte en hombres de mediana edad y mayores evidenció que la pérdida de función muscular está directamente vinculada con un declive cognitivo más acelerado.
Un metaanálisis con casi 100 mil participantes reveló que las personas con sarcopenia, la pérdida de masa y fuerza muscular, tienen un 50 % más de riesgo de deterioro cognitivo y hasta tres veces más probabilidades de desarrollar Alzheimer. Además, estudios de resonancia magnética han detectado que quienes padecen sarcopenia presentan signos de atrofia cerebral, lo que explicaría su menor rendimiento cognitivo.
Más recientemente, en 2024, un estudio con 2,540 adultos mayores confirmó esta asociación: la baja masa muscular y el deterioro cognitivo no solo están estrechamente relacionados, sino que también incrementan el riesgo de mortalidad.















