La generosidad tiene rostro en quienes entregan su tiempo, su cariño y su esfuerzo para ayudar a los demás. Con gestos sencillos o acciones extraordinarias, escuchan, acompañan, tienden la mano y dejan una huella positiva en sus comunidades. Vanguardia rinde homenaje a esas personas y compartir sus historias en la sección ‘Corazones que inspiran’, un espacio para destacar a quienes hacen del mundo un lugar mejor. Conozcamos a nuestra invitada de hoy: Nirama Arelis Duarte.

Hay personas que convierten las dificultades de la vida en oportunidades para sembrar esperanza. Personas que, después de enfrentar sus propias pruebas, descubren que el verdadero sentido está en acompañar y servir a otros. Ese es el camino de Nirama Arelis Duarte Mancilla, una mujer santandereana cuya historia está marcada por la fortaleza, la fe y una profunda vocación solidaria.
Nacida en Floridablanca, Santander, Nirama Arelis habla con orgullo de sí misma como una “sobreviviente del cáncer de tiroides”. Aquella experiencia, que pudo quedarse solamente como un recuerdo doloroso, se convirtió en la razón que impulsó su misión de vida. Haber vivido el miedo, la incertidumbre y los cambios que trae un diagnóstico de cáncer le permitió comprender desde el corazón a quienes atraviesan esa misma realidad.
Desde entonces, decidió transformar su propia lucha en compañía para otros. Su sensibilidad la llevó a convertirse en una mano amiga para pacientes y familias que no solo necesitan atención médica, sino también escucha, comprensión y la certeza de que no están solos.
A sus 52 años, trabajadora social egresada de la Universidad Industrial de Santander y formada en el Colegio Reina de la Paz, Nirama Arelis ha dedicado gran parte de su vida al servicio. Antes de vincularse plenamente al Voluntariado de la Liga Santandereana Contra el Cáncer, ya demostraba su compromiso con quienes más lo necesitaban a través de su acompañamiento al Centro de Bienestar del Anciano Juan Pablo II de Floridablanca, donde dejó una huella de cariño y entrega.
Su vocación encontró un espacio especial en el referenciado Voluntariado, del cual es una de sus fundadoras. Esta labor representa el espíritu de una institución que, desde su creación el 14 de agosto de 1961, ha trabajado por la educación, la prevención, la promoción de la salud y el acompañamiento integral a las personas diagnosticadas con cáncer.
En esta misión, Nirama Arelis ha sido una presencia constante, de esas que trabajan muchas veces en silencio, pero que dejan grandes transformaciones. Bajo el liderazgo de la directora ejecutiva, doctora Rosalba Díaz Archila, y del entonces Presidente de la Junta Directiva, doctor Rafael Orduz Pico, ha contribuido a fortalecer un voluntariado donde la solidaridad se convierte en acción.
Ella misma reconoce que no realiza esta tarea sola. Sabe que cada logro es fruto del trabajo de un grupo de ciudadanos comprometidos con la causa, personas que entregan tiempo, esfuerzo y corazón para acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles.
Para Nirama Arelis, “la solidaridad no pertenece a una sola persona: nace cuando muchas voluntades se unen por un mismo propósito”.
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Su labor va mucho más allá de una actividad específica. Dicta charlas de prevención, orienta comunidades, acompaña pacientes durante sus procesos médicos y permanece cerca de sus familias, entendiendo que el cáncer impacta no solo a quien recibe el diagnóstico, sino también a quienes caminan a su lado.

Uno de los proyectos que más refleja su sensibilidad es el liderazgo del Banco de Pelucas a través del programa “Tu cabello, mi sonrisa”. Según dice, “cada peluca entregada representa mucho más que un cambio físico. Significa recuperar confianza, dignidad y autoestima en medio de una etapa compleja como la que viven muchas personas durante sus tratamientos”.
Quienes han compartido con Nirama Arelis resaltan su calidez, su capacidad de escuchar y esa manera especial de acompañar sin buscar protagonismo. Su ayuda siempre llega acompañada de una palabra amable, un gesto de comprensión y una presencia que recuerda a los pacientes que su historia importa.

En este camino también ha contado con el apoyo de su esposo, el ingeniero civil William Agudelo, quien ha sido su compañero y aliado en esta misión de servicio. Su respaldo permanente demuestra que la solidaridad también puede construirse desde el hogar, caminando juntos con amor, paciencia y compromiso.
La fe también ocupa un lugar esencial en su vida. Devota de la Virgen de Fátima, encuentra en la espiritualidad una fuente de fortaleza y una guía para vivir con amor hacia los demás. Su fe se refleja en sus acciones: en la disposición de servir, acompañar y tender la mano cuando alguien lo necesita.

El voluntariado no cambia el pasado de una persona, pero sí puede cambiar la manera en que enfrenta su presente y construye su futuro.

Durante momentos especialmente difíciles, como la pandemia, cuando muchas personas con cáncer enfrentaban mayores barreras y soledad, Nirama Arelis y el voluntariado permanecieron firmes. Fueron ciudadanos comprometidos que mantuvieron viva la esperanza, llevando apoyo, compañía y solidaridad a quienes más lo requerían.
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La historia de Nirama Arelis Duarte Mancilla es la historia de una mujer que convirtió una experiencia dolorosa en una misión llena de humanidad. Es un ejemplo de cómo una batalla personal puede transformarse en una oportunidad para iluminar el camino de otros.
Porque hay personas que ayudan a sanar más allá de la medicina: sanan con presencia, con empatía y con amor; y Nirama Arelis es una de ellas.

- Nota de la Redacción: Como parte del grupo de voluntarios fundadores, junto a Nirama Arelis Duarte Mancilla, se encuentran: Francy Helena Ospino, María Margarita González Castillo, Óscar Julián Sanabria Ospino, María Patricia Sánchez Hernández, Lola Janeth Ojeda Villamizar, Xiomara Cárdenas García, Claudia Liliana Ruiz Nova y Mercedes Morales Ochoa, ciudadanos que han unido sus esfuerzos para hacer del voluntariado una fuerza de esperanza y acompañamiento para quienes enfrentan el cáncer.















