El terremoto que sacudió el occidente colombiano vuelve a poner sobre la mesa una realidad que va más allá de las estructuras afectadas: después de un desastre, proteger la vida también significa garantizar atención médica, agua segura, medicamentos, salud mental y condiciones adecuadas para la recuperación.

Publicado por: Suministrado
Por: Jhonnatan Acosta Sánchez Médico y cirujano, especialista en Epidemiología
El terremoto de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto, con epicentro en inmediaciones de San José del Palmar, Chocó, dejó una emergencia que todavía está en desarrollo. El movimiento fue sentido en amplias zonas del país y ocasionó afectaciones en viviendas, edificaciones, vías y servicios en diferentes departamentos. El balance de víctimas y daños continúa siendo actualizado mientras avanzan las labores de búsqueda, rescate y evaluación de las zonas afectadas.
Pero una emergencia de esta magnitud no termina cuando cesa el movimiento del suelo. Detrás de cada vivienda destruida hay personas que pueden quedar sin medicamentos, sin agua potable, sin atención médica o expuestas a condiciones que aumentan el riesgo de nuevas enfermedades. También están quienes pierden temporalmente su vivienda, su fuente de ingresos o la posibilidad de continuar con sus actividades cotidianas.

El riesgo no termina con el sismo
Durante las primeras horas, la atención se concentra en la búsqueda y rescate de personas atrapadas, el manejo de traumatismos, las cirugías de urgencia y la atención de quienes requieren traslado a centros asistenciales.
Después comienza una segunda etapa, menos visible pero igualmente importante. La interrupción del suministro de agua, el deterioro de los alimentos, el hacinamiento en alojamientos temporales y la suspensión de tratamientos pueden favorecer complicaciones de salud. Las personas con enfermedades crónicas requieren especial atención cuando pierden acceso a medicamentos o controles médicos.
A esto se suma la salud mental. El miedo, la incertidumbre, la pérdida de familiares o bienes y la exposición prolongada a condiciones de emergencia pueden desencadenar ansiedad, insomnio, síntomas de estrés postraumático y procesos de duelo que requieren acompañamiento profesional.
Por eso, la vigilancia en salud pública debe mantenerse durante las semanas posteriores al desastre y adaptarse a las necesidades que surgen en cada territorio.
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Colombia vive sobre un territorio sísmicamente activo
La amenaza sísmica no es igual en todas las regiones del país. Colombia está ubicada en una zona de interacción entre placas tectónicas y cuenta, además, con sistemas de fallas geológicas activas. El Servicio Geológico Colombiano señala que la actividad sísmica se concentra de manera importante en el Pacífico, aunque también existen zonas de elevada amenaza en los Andes y en departamentos como Santander.
Esta realidad obliga a entender que el riesgo no depende únicamente de la magnitud de un terremoto. También intervienen la profundidad del evento, la distancia respecto de los centros poblados, las características del terreno y, de manera determinante, la calidad y vulnerabilidad de las construcciones.
Por eso, conocer el territorio debe traducirse en decisiones concretas de planificación, construcción, reforzamiento de edificaciones y preparación comunitaria.
Santander también tiene una historia sísmica que recordar
Bucaramanga y su área de influencia tienen una particularidad ampliamente estudiada por la comunidad científica: el llamado Nido Sísmico de Bucaramanga, localizado bajo el municipio de Los Santos.
Se trata de una de las zonas de mayor concentración de sismicidad intermedia del mundo. Los estudios ubican la mayor actividad entre aproximadamente 120 y 180 kilómetros de profundidad, con una concentración especialmente marcada alrededor de los 150 kilómetros.
El Servicio Geológico Colombiano estima que en esta zona ocurre entre el 40 % y el 50 % de la actividad sísmica registrada en Colombia. La mayoría de estos movimientos no ocasiona daños importantes en superficie debido a su profundidad, pero la frecuencia con la que ocurren constituye un recordatorio permanente de que Santander se encuentra en un territorio sísmicamente activo.
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Esta condición hace especialmente importante mantener una cultura de prevención, conocer las rutas de evacuación, participar en simulacros y evaluar la seguridad de las edificaciones.
La prevención también es una intervención en salud
La preparación ante un terremoto no corresponde únicamente a los organismos de socorro. Las instituciones de salud deben contar con planes de emergencia que permitan mantener servicios esenciales, proteger medicamentos, garantizar la continuidad de tratamientos y establecer mecanismos de referencia y traslado de pacientes.
En los hogares también existen medidas que pueden reducir las consecuencias de una emergencia. Mantener identificadas las salidas, asegurar muebles que puedan volcarse, disponer de una reserva básica de agua y alimentos y contar con medicamentos esenciales son acciones sencillas que adquieren valor cuando se interrumpen los servicios habituales.
Las personas con enfermedades crónicas requieren una preparación adicional. Tener identificados sus medicamentos, conservar información sobre diagnósticos y tratamientos y conocer cómo acceder a atención alternativa puede evitar complicaciones durante una emergencia prolongada.
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Reconstruir también significa prevenir
Una de las decisiones más importantes después de un desastre ocurre cuando desaparece la atención mediática y comienza la reconstrucción. Evaluar una edificación antes de volver a ocuparla, priorizar a las personas según sus necesidades y reconstruir bajo condiciones de seguridad no son trámites secundarios: hacen parte de la protección de la vida.
La experiencia demuestra que reconstruir exactamente como estaba antes una vivienda o una infraestructura vulnerable puede trasladar el mismo riesgo hacia el próximo evento.
El terremoto del occidente colombiano deja una pregunta que trasciende las cifras de la emergencia: ¿qué estamos haciendo hoy para reducir las consecuencias del próximo sismo?
Los terremotos no pueden predecirse ni evitarse. La vulnerabilidad, en cambio, sí puede reducirse. Preparar las viviendas, fortalecer los servicios de salud, educar a las comunidades y tomar decisiones de ordenamiento territorial basadas en el riesgo son acciones que pueden comenzar mucho antes de que vuelva a moverse la tierra.
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La prevención no evita que ocurra un terremoto. Puede evitar que sus consecuencias sean aún mayores.
Si tienes dudas sobre este o algún tema relacionado con la sección de Salud, puede enviar sus preguntas y un grupo de especialistas se encargará de resolverlas: preguntasdr.joaquinfernando@gmail.com
















