martes 30 de julio de 2019 - 12:00 AM

Bacterias en la flora intestinal protegen contra la obesidad

Una clase específica de bacteria en la flora intestinal impide que los ratones se tornen obesos, según una investigación de la Universidad de Utah que podría indicar una forma de control del peso en los humanos.

A lo largo del último siglo, la obesidad y el síndrome metabólico -un conjunto de trastornos simultáneos que aumentan el riesgo de enfermedad cardiaca, accidente cerebrovascular y diabetes tipo 2- se han convertido en una epidemia global, indicó el estudio.

“Ahora que hemos encontrado la bacteria responsable por este efecto de adelgazamiento podríamos entender realmente qué hacen los microorganismos y si tienen valor terapéutico”, dijo June Round, profesora de patología que encabezó el estudio de la revista Science.

Actualmente hay más de 1.900 millones de personas obesas en el mundo y numerosos estudios han señalado el papel de la regulación del sistema de inmunidad en la enfermedad metabólica.

El cuerpo humano contiene unos 100 billones de microorganismos, principalmente en el tracto digestivo, incluido un millar de especies diferentes de bacterias que comprenden más de 3 millones de genes.

En condiciones saludables estas bacterias cumplen funciones vitales como la intervención en la expresión de genes y la prevención de enfermedades, y los científicos han determinado su papel clave en la regulación del metabolismo de los mamíferos.

El estudio encontró que los ratones saludables tienen en su flora intestinal abundante clostridia, una clase que comprende de 20 a 30 bacterias, mientras que los ratones con deficiencia en el sistema de inmunidad pierden estos microbios a medida que envejecen.

Aún cuando se les administre una dieta saludable, estos ratones se tornaron obesos, pero cuando se les introdujo bacterias de la clase clostridia, los animales se mantuvieron delgados.

“Estas bacterias han evolucionado para vivir con nosotros y nos benefician”, señaló Charisse Petersen, quien estudiaba para un doctorado cuando colaboró en el estudio. “Tenemos mucho que aprender de ellas”, agregó.

Round apuntó que otras investigaciones han encontrado que las personas obesas padecen una carencia de clostridia, y hay indicios de que las personas obesas o con diabetes tipo 2 pueden tener una respuesta inmune deficiente.

Las investigadoras esperan que estas conexiones abran paso a nuevas formas de prevenir y tratar problemas de salud que son muy comunes.

“Nos encontramos con un aspecto relativamente inexplorado de la diabetes tipo 2 y la obesidad”, indicó Round. “Este trabajo nos conduce a nuevas investigaciones sobre la forma en que la respuesta de inmunidad regula la microbiota y la enfermedad metabólica”.

Disminuir el apetito es mejor para bajar de peso que reducir calorías
Los períodos de ayuno que reducen el apetito son una mejor estrategia que la disminución de calorías para bajar de peso, de acuerdo con un informe presentado por la Sociedad de Obesidad estadounidense.
Acciones como comer más temprano en el día o ayunar intermitentemente, ayudan a las personas a reducir el apetito, con la consecuente disminución de peso corporal, muestra el reporte.
El sistema conocido como Alimentación Temprana Restringida (eTRF), una forma de ayuno diario intermitente en el que la cena se consume en la tarde en lugar de la noche, “ayuda a mejorar las habilidades de las personas para pasar de quemar carbohidratos a quemar grasa para obtener energía”, detalló el informe.
Los investigadores, encabezados por Courtney Peterson, profesora del Departamento de Ciencias de la Nutrición de la Universidad de Alabama en Birmingham, eligieron a 11 personas obesas (hombres y mujeres) y les dieron seguimiento desde noviembre 2014 hasta agosto de 2016.
Los participantes, de entre 20 y 45 años de edad, eran personas con buena salud en general y asumieron dos estrategias diferentes para el horario de sus comidas.
En el programa de control consumían tres comidas en un periodo de 12 horas con el desayuno a las 8:00 a.m. y la cena a las 8:00 p.m.
En el programa eTRF, los mismos participantes consumían tres comidas durante un periodo de seis horas con el desayuno a las 8:00 de la mañana y la cena a las 2:00 de la tarde.
En ambos horarios de alimentación se consumieron las mismas cantidades y los mismos tipos de comida. En el programa de control los periodos de ayuno eran de 12 horas por día, mientras que en el programa eTRF el ayuno era de 18 horas diarias.
Luego de que cada participante había seguido uno de los dos programas durante cuatro días continuos, los investigadores registraban cuántas calorías, carbohidratos, grasa y proteínas habían quemado.
Igualmente, medían sus niveles de apetito cada tres horas mientras estaban despiertos, como también las hormonas que producen la sensación del hambre, tanto en la mañana como en la tarde.
“Sospechamos que la mayoría las personas puede encontrar estrategias para las horas de sus comidas que ayudan a perder peso o a mantenerlo, ya que estas estrategias buscan disminuir el apetito naturalmente y comer menos”, sostuvo Peterson.
El análisis, publicado en la revista científica Obesity, encontró que las estrategias relacionadas con los horarios de las comidas ayudan a las personas a quemar más grasa, como promedio, durante un período de 24 horas.
“Coordinar las comidas con los ritmos circadianos -el reloj interno de nuestro cuerpo- puede ser una estrategia poderosa para reducir el apetito y mejorar la salud metabólica”, agregó por su parte Eric Ravussin, otro de los autores del informe.
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