La expansión de la narcocultura, las alianzas entre estructuras criminales y el reclutamiento de menores agravan el panorama de seguridad en Santander. Esta es la segunda parte del informe “Cómo se reconfigura el conflicto armado en Santander”.

Publicado por: Katterine Dimas
En la primera parte de este informe quedó en evidencia cómo el conflicto armado se trasladó a las ciudades y transformó el mapa de la violencia en Santander. En esta segunda entrega, el foco está en los grupos armados, organizaciones transnacionales y bandas criminales que fortalecen su presencia en el departamento, mientras el reclutamiento de jóvenes y la narcocultura alimentan un fenómeno que, según expertos, sigue en expansión.
La llegada de criminales internacionales cambió las reglas
La violencia ya no depende únicamente de organizaciones locales. También lea: ¿Qué está pasando en Bucaramanga? El conflicto armado ya no está solo en las zonas rurales
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El Observatorio ha identificado la participación de estructuras transnacionales que cumplen funciones específicas dentro de la cadena del narcotráfico.
Grupos como AK-47 y el Frente Edgar Amílkar Grimaldo Barón, integrado al Frente de Guerra Darío Ramírez Castro aparecen asociados a la contratación de sicarios para distintas bandas del departamento.
“En un principio se pensó que estos grupos estaban disputando el territorio. Hoy vemos que ocupan funciones específicas dentro de la cadena del narcotráfico, particularmente en la contratación del sicariato”, explica Carlos Osorio, analista del Observatorio de Paz y Derechos Humanos de la Corporación Compromiso.
Ese modelo hace más difícil desarticular las organizaciones.
Capturar a un cabecilla ya no garantiza el desmonte de la estructura. La fragmentación permite que nuevos líderes aparezcan rápidamente.
Los grupos armados nunca desaparecieron
Aunque buena parte de la violencia visible ocurre en las ciudades, los grupos armados tradicionales siguen presentes en Santander. Puede leer: Crece el reclutamiento de menores por parte de las bandas criminales en Bucaramanga
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El documento del Observatorio señala que el Eln mantiene una presencia consolidada en el Magdalena Medio a través del Frente Edgar Amílkar Grimaldo Barón, mientras el Frente Adonay Ardila Pinilla ha incrementado su influencia en provincias como Guanentá y Vélez mediante extorsiones, intimidaciones y redes de apoyo clandestinas.
Según Osorio, la relación entre las bandas urbanas y estas organizaciones es mucho más estrecha de lo que suele creerse.

“Estas bandas no están desligadas de los grupos armados organizados. Muchas veces ejercen labores como amenazas, extorsiones y sicariato dentro de las ciudades”, afirma.
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Incluso asegura que el Observatorio ha recibido información sobre posibles vínculos entre la estructura conocida como Los del Sur y el Eln, en medio del incremento de la presencia guerrillera hacia el departamento.
El informe también advierte que Santander continúa siendo escenario de disputa entre el Eln, disidencias de las Farc, el Clan del Golfo y otras estructuras armadas, especialmente en municipios del Magdalena Medio y las provincias de Guanentá y Vélez.
La violencia avanza más rápido que las respuestas del Estado
Para el analista, el deterioro de la seguridad no puede atribuirse exclusivamente a un gobierno. Considera que existe una cadena de omisiones institucionales acumuladas durante varios años. Además lea: “Están imponiendo su ley”: Defensoría alerta por expansión criminal en Bucaramanga
“Endilgar todo a la administración actual es desconocer la historia. Ha fallado la Gobernación, han fallado las alcaldías y no hubo medidas efectivas cuando las alertas ya estaban sobre la mesa”, sostiene.
El problema, agrega, es estructural.

Incrementar el pie de fuerza puede contener algunos hechos, pero difícilmente resolverá las causas profundas del fenómeno.
Las provincias Metropolitana y Yariguíes siguen siendo las más afectadas, mientras municipios como Barrancabermeja, Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta concentran buena parte de los hechos violentos registrados por el Observatorio.
La narcocultura que seduce menores y jóvenes
Hay otra transformación menos visible, pero igual de preocupante. Las organizaciones criminales ya no solo reclutan. También seducen. Prometen dinero rápido, reconocimiento y una identidad asociada al poder.
“A un joven le das un arma o dinero y se le transforma la realidad. Hay personas que vienen a comprarles la conciencia, ofreciéndoles salir de la pobreza sin importar cómo”, advierte Osorio.

Esa lógica, dice, está profundamente relacionada con la expansión de la narcocultura y aún no ha sido suficientemente estudiada desde la academia ni enfrentada mediante políticas públicas.
El resultado es una generación de adolescentes que termina siendo, al mismo tiempo, victimaria y víctima de las estructuras criminales.
¿Qué le espera a Santander?
El panorama que observa el Observatorio de Paz no es alentador. Le sugerimos leer: ¿Qué grupos delincuenciales operan en Bucaramanga? La Defensoría identificó las principales estructuras
En 2026 ya se han registrado dos masacres en el departamento de Santander y los investigadores consideran que la tendencia no muestra señales de desaceleración.
“No vemos una manera de estabilizar la situación. No vemos cómo disminuir esta lógica de violencia; solo vemos que se exacerba”, concluye Osorio.
Mientras tanto, Santander enfrenta un conflicto distinto al de hace veinte años.

Uno donde las fronteras entre delincuencia organizada y conflicto armado son cada vez más difusas.
Donde las disputas ya no ocurren únicamente en montañas o corredores rurales, sino en barrios populares, parques, esquinas y avenidas.
La violencia cambió de rostro, pero conserva el mismo objetivo: controlar territorios, imponer miedo y administrar economías ilegales.
Y en esa nueva geografía del conflicto, Bucaramanga dejó de ser un espectador para convertirse en uno de sus principales escenarios.












