La respuesta de muchos Gobiernos ante la pandemia del COVID-19 ha provocado efectos devastadores en las personas que viven en condiciones de pobreza, advierte la ONU.

Publicado por: Agencia Efe
La pandemia del coronavirus “se está convirtiendo rápidamente en una crisis de derechos humanos”, advirtió ayer Naciones Unidas, que urgió a los Gobiernos a garantizar protecciones básicas para todos los ciudadanos y a no abusar de las medidas de emergencia.
Según la organización, ya se aprecia claramente cómo, aunque el virus no discrimina, su impacto sí lo hace, con grandes diferencias en el acceso a servicios públicos y “efectos desproporcionados en ciertas comunidades”.
La ONU alerta también de un aumento de los discursos de odio, los ataques a grupos vulnerables y un creciente riesgo de que la mano dura en el ámbito de la seguridad mine la respuesta sanitaria.
“En este contexto de creciente etnonacionalismo, populismo, autoritarismo y ataques a los derechos humanos en algunos países, la crisis puede ser el pretexto para adoptar medidas de represión con fines que no tienen que ver con la pandemia. Esto es inaceptable”, avisó en un mensaje en vídeo el secretario general, António Guterres.
En un informe, Naciones Unidas señala que ese tipo de poderes especiales para los Gobiernos pueden resultar necesarios para combatir la pandemia, pero también plantean riesgos de abuso.
De hecho, unas 150 personas entre exmandatarios conservadores, intelectuales, economistas y escritores iberoamericanos reclaman en un manifiesto que los estragos de la pandemia no se conviertan en un “pretexto” para instaurar el autoritarismo.
La organización defiende que precisamente la protección de los derechos humanos debe ser una de las bases de la respuesta a la pandemia, tanto en lo relativo a la emergencia sanitaria como en su impacto más amplio en la vida de los ciudadanos.
Así, subraya que debe garantizarse sanidad para todos y preservar en todo momento la dignidad humana, con especial atención a quienes más están sufriendo; debe protegerse el estado de derecho; y debe trabajarse en una recuperación que cree sociedades más justas y sostenibles.
“Respetando los derechos humanos en estos momentos de crisis, construiremos soluciones más efectivas e inclusivas para la emergencia de hoy y la recuperación de mañana”, subrayó Guterres.

Entre tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó ayer 70.000 nuevos casos de COVID-19 en el mundo, por lo que el total desde el inicio de la pandemia asciende a 2,54 millones, mientras que los fallecidos totalizan 175.694, 6.600 de ellos registrados en las últimas 24 horas.
Las cifras suponen una reducción en el número de nuevos casos diarios pero un repunte en el de fallecimientos, y las gráficas de ambos indicadores siguen mostrando una curva en sierra, sin una clara tendencia a la baja al menos a nivel global.
Europa se mantiene como la región más afectada y concentra la mitad de los casos mundiales (1,25 millones) y dos tercios de las muertes (más de 110.000), mientras que América, con 957.000 contagios y 47.000 fallecidos, podría superar el millón de infectados antes del final de esta semana.
Ambas zonas parecen registrar una tendencia lentamente descendente (Europa desde principios de abril y América desde mediados), mientras que otras regiones del mundo, como el sureste asiático, África u Oriente Medio, muestran una gráfica ascendente, aunque con un número total de casos sensiblemente menor.
Los pacientes recuperados, según los datos de las redes sanitarias nacionales, superan los 731.000, casi un tercio del total, mientras que los que se encuentran en estado grave o crítico son 58.000, un millar más que en la jornada anterior.




















