jueves 15 de agosto de 2019 - 12:00 AM

Análisis: Se agrava la crisis en Hong Kong

La rebelión en las calles es cada vez mayor en Hong Kong, donde ya se cumplen nueve semanas de protestas. Los manifestantes prodemocráticos se niegan a ser un territorio teledirigido por China.
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A medida que pasan los días, el conflicto que sacude a Hong Kong adquiere mayores dimensiones: protestas que se tornan violentas, brutalidad policial, vandalismo, parálisis del aeropuerto, suspensión de miles de vuelos, detenciones masivas y acusaciones chinas de intromisión extranjera en la antigua colonia británica.

Las manifestaciones, que iniciaron con la oposición a un controvertido proyecto de ley que autorizaba las extradiciones a la China continental, ahora suspendido, han evolucionado hasta convertirse en una crisis sin precedentes, desde que el Reino Unido traspasara la soberanía de la antigua colonia a China en 1997.

Los manifestantes, quienes ahora piden la renuncia de la jefa del Ejecutivo hongkonés, Carrie Lam, y quien se niega a dar su brazo a torcer y es tildada de ser una “marioneta” de Pekín, también demandan mejoras en los mecanismos democráticos en la isla.

Conforme aumenta la agitación social con continuos brotes de violencia y huelgas que han alterado el orden público en Hong Kong, la paciencia de China tal parece que está llegando al límite y el peor de los escenarios se vislumbra: una intervención militar.

Pero la posibilidad de una respuesta militar de Pekín es demasiado grande y podría, inclusive, empeorar la crisis en la región administrativa especial, e incluso generar mayor resistencia de los protestantes antigubernamentales que reclaman más democracia y mayor autonomía respecto de China.

Incluso, la ONU y varios países ya han salido a pedir calma y contención, tras denuncias de uso desproporcionado de la fuerza contra los manifestantes del mayor centro financiero asiático.

Víctor De Currea-Lugo, analista político, periodista y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, recuerda que Hong Kong hace parte de China pero tiene un sistema diferente, con su propio régimen económico y político. “Funciona como un puerto franco donde hay una economía capitalista diferente al resto del China”, dice.

Es decir, maneja el concepto de “un país, dos sistemas” en vigor desde 1997. Un sistema que ha permitido que la ciudad mantenga su independencia judicial, su propia legislatura, sistema económico y la moneda, el dólar de Hong Kong.

Asimismo sus 7,3 millones de habitantes gozan de la protección de ciertos derechos, incluyendo la libertad de expresión y de reunión, libertades civiles, a diferencia de los residentes en China Continental.

Sin embargo, el descontento general ha ido creciendo ante la falta de progreso hacia el sufragio universal y debido a otros problemas relacionados con el Gobierno Central chino y el Gobierno Local.

De Currea-Lugo anota que ese modelo de gobierno ha llevado a que Hong Kong tenga unas pretensiones independentistas, y las marchas reiteradas que se han dado en los últimos años apuntan a afianzar esa reivindicación soberana.

Control autoritario

Si bien China se comprometió con el Reino Unido a mantener las instituciones de Hong Kong, en lo que llamó “un país, dos sistemas”, rápidamente ha acrecentado el control autoritario, apunta en ese sentido Mauricio Reyes, profesor de Facultad de Derecho de Ciencias Políticas y Sociales Universidad Nacional de Colombia.

En ese orden de ideas, recuerda que los hongkoneses han resistido desde la famosa “Marcha de los Paraguas” en 2014. Ese año, las demandas de una parte de la población de un sistema electoral democrático se materializaron en protestas juveniles.

“Ahora China juega a interponer el principio de soberanía con los propios británicos para tomar un control autoritario, igual al del continente”, sostiene Reyes.

Otro elemento a tener en cuenta, es el efecto político de la crisis de Hong Kong en Taiwán. Sobre el particular, Reyes asegura que “Taiwán toma nota y acrecienta su vocación independentista y progresivamente se desliga de ser reconocida como de la República Popular China”.

Lo más probable, advierte, es un aumento de las detenciones selectivas en Hong Kong y reconoce que es impredecible lo que pueda pasar.

Aunque insiste en que “un acto de fuerza, manda al mundo el mensaje de soberanía total, aunque por la coyuntura con Estados Unidos” por la guerra comercial es posible que el gobierno chino de Xi Jinping prefiera un bajo perfil.

Se refiere, además, a que las acusaciones de Pekín de interferencia estadounidense en Hong Kong, son una excusa para incentivar el nacionalismo en el continente.

En cuanto a la situación de la gobernadora Lam, Benjamín Herrera, profesor de la Universidad Javeriana, opina que está al borde del abismo, porque al no haber encontrado los medios de control de las protestas, su relevancia queda en entredicho.

Del mismo modo, comenta que el recurso de la fuerza militar frente a la coyuntura hongkonesa, sería visto como rechazo a la doctrina de “un país dos sistemas”, base del reintegro de Hong Kong y a la soberanía china.

Adicionalmente, señala que implicaría un fortalecimiento de quienes consideran que Taiwán debería declarar unilateralmente la independencia.

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