El ausentismo generalizado de los votantes en las legislativas del 6 de diciembre, marcadas por el boicot de la oposición, trazan un camino incierto en un país acosado por la crisis, el desabastecimiento y el coronavirus.

Publicado por: Ángela Castro Ariza
Las controvertidas elecciones legislativas del pasado domingo, en las que el chavismo consolidó su poder al retomar el control de la Asamblea Nacional, marcarán un antes y después en lo que puede ser el 2021 en Venezuela: un Parlamento “irregular”, una oposición obligada a reinventarse y un país con los poderes públicos ‘a la medida’ del oficialismo.
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En líneas generales, es escasa la integridad de un proceso electoral, en el que el abstencionismo fue el gran protagonista.
Apenas votó el 31% de los electores inscritos, lo que contrasta a todas luces con la participación del 71% en las legislativas de 2015. Pero ha sido un factor que terminó favoreciendo con fuerza al partido de gobierno, PSUV, de Nicolás Maduro, al recuperar el único órgano en control de la oposición que lidera Juan Guaidó desde hace cinco años.
María Eugenia Bonilla, directora del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, lo interpreta como la demostración del descontento popular con los procesos políticos en Venezuela.
Adicionalmente observa un tema de incredulidad frente a la posibilidad de una transición política, así como deslegitimación con la institución electoral del país, del chavismo y de la dividida oposición.
Sobre esto último, enfatiza que el éxito del chavismo se explica precisamente porque la oposición venezolano está fragmentada.
“No ha contado con un líder visiblemente claro y ha sido una oposición que ha sido incapaz de articularse como un proyecto conjunto alternativo”, destaca Bonilla refiriéndose a sus máximos exponentes, Juan Guaidó, Henrique Capriles y Leopoldo López.
Escenario complejo
Frente a lo que depara el futuro, la docente de la Unab opina que Juan Guaidó (reconocido como presidente interino por al menos 50 países) seguirá gozando del respaldo de gran parte de la comunidad internacional, porque así se lo han asegurado diversos gobiernos.
De hecho, 16 países de la región, incluido Colombia y Estados Unidos, al igual que la Unión Europea, anunciaron ayer que no reconocerán los resultados de estos comicios parlamentarios, pues los consideran ilegítimos.
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Al margen de estas elecciones en las que se abstuvieron de participar alegando fraude y farsa electoral, la oposición celebra esta semana una consulta para medir su fuerza popular.
Si bien el carácter simbólico de la consulta popular para evidenciar una mayoría electoral y demostrar que el gobierno de Maduro es ilegítimo, el politólogo e investigador Sebastián Polo considera que es claro que la oposición venezolana ha perdido fuerza en el marco de la transformación política del país.

En ese orden de ideas, anota que se habla de “una oposición debilitada ante un nuevo escenario derivado de las elecciones legislativas, que obviamente han sido objeto de denuncias, irregularidades y cuestionamientos por parte de la comunidad internacional”.
Polo ve un futuro incierto en cuanto a que ambos bandos van a seguir alegando el principio de constitucionalidad, “entonces vienen nuevas cuestiones como una nueva Asamblea Nacional (Parlamento)” que reemplazará el próximo 5 de enero a la vigente.
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Para Bonilla, el reto estará en la “convivencia” interna de los dos Parlamentos sesionando de manera paralela aprobando acuerdos, leyes y normativas.
El escenario sigue siendo complejo, cada vez más y las próximas semanas serán claves para el futuro inmediato de Venezuela, concluye.
Los comicios en Venezuela, a juicio de Juan Carlos Sierra Sánchez, historiador y analista en política internacional, “son muestra de que los engranajes institucionales están cautivos y responden a las necesidades del régimen, pese a tres lustros de presiones diplomáticas, conatos de invasión y sanciones económicas”.
Se refiere además, a que la “oposición venezolana ha dependido de tan frágil apoyo internacional, un lobby diplomático que carece de líderes o unidad necesarios para consolidar una propuesta que altere el funcionamiento de los engranajes que sostienen al gobierno de Maduro y más bien parecen perpetuarlo”.
Según el docente de la Universidad de Córdoba, la oposición no es una alternativa popular o al menos cohesiva para enfrentar más allá de la presión diplomática al gobierno de Maduro.
“Lleva casi dos décadas intentando recuperar el poder sin contraponer una opción fuerte, cohesiva y que pueda reintegrar el corte democrático de las instituciones venezolanas”, asegura Sierra Sánchez.
















