Al menos 22 combatientes murieron en ataques estadounidenses contra milicias proiraníes en el este de Siria, en la frontera con Iraq.

Publicado por: Ángela Castro Ariza
Los bombardeos estadounidenses en Siria contra milicias respaldadas por Irán envían un mensaje inequívoco: el presidente Joe Biden actuará para proteger sus intereses en la región, pese a que la tensión pueda escalar en la ya conflictiva región de Medio Oriente.
Los ataques aéreos, del jueves en la noche, dirigidos contra la infraestructura utilizada por grupos militantes proiraníes en la provincia de Deir al Zur, en el este de Siria, que cobraron la vida de 22 combatientes, es además una clara advertencia a Teherán y sus aliados de que la nueva Administración de Estados Unidos no tolerará agresiones contra su personal.
Pero, ¿qué consecuencias podría tener en el contexto internacional esta primera acción bélica del gobierno de Biden?
José Ángel Hernández, director de la Maestría de Historia Contemporánea de la Universidad Sergio Arboleda, no descarta la combinación de ataques norteamericanos e israelíes en adelante en Siria.
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Lo anterior, como represalia por atentados contra bases e instalaciones de EE.UU. y su coalición en Iraq y de la coalición que luchan contra el grupo Estado Islámico, y que fueron atribuidos a Kataib Hizbulá, una milicia iraquí financiada directamente por Irán y considerada una organización terrorista por la Casa Blanca.
El pasado 15 de febrero, una base que alojaba a tropas estadounidenses en Erbil, norte de Iraq, fue atacada con cohetes, matando a un civil y a un contratista extranjero además de dejar heridos a un militar y cinco contratistas norteamericanos.
Desde el punto de vista de Hernández, el gobierno de Biden estaba tardando en intervenir en asuntos fuera de su EE.UU., “algo muy propio de las administraciones demócratas”.

Lo mismo piensa Hugo Fernando Guerrero, profesor titular y director del grupo de investigación en política y relaciones internacionales de la Universidad de La Salle, quien asegura que Biden en un “viejo zorro de la política exterior de los Estados Unidos, por lo tanto, no es de extrañarse que, en este ámbito, exhiba a través de sus directrices coherencia con los principios más básicos que han definido la proyección internacional de este país a través de su historia”.
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En ese sentido, Hernández apunta que a diferencia de Biden, Trump siguiendo la tradición republicana se alejó durante su mandato de cualquier conflicto o provocación, salvo el ataque que le costó la vida al poderoso general iraní Qasem Soleimani, en un bombardeo selectivo el 3 de enero de 2020 en Bagdad.
Precisamente, el asesinato de Soleimani ordenado por el expresidente Trump, colocó a ambos países con capacidad nuclear, al borde de una confrontación militar.
Según Hernández, la república islámica ha intentado cualquier excusa para provocar a EE.UU. y vengar la muerte de Soleimani, “y de momento lo ha hecho atacando instalaciones y empresas norteamericanas en la zona dominada por los kurdos”, que están protegidos por Washington.

En su opinión, lo que hizo Biden fue un “ataque muy quirúrgico, en la frontera entre Siria e Iraq, y no ha tocado directamente a Irán”, sino a milicias que lo apoyan.
Aunque Siria se ha pronunciado al advertir que esta ofensiva aérea estadounidense es “un signo de mal augurio” sobre las políticas de la Administración de Joe Biden” y que traerá “consecuencias”.
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En ese orden de ideas, anota que Irán entiende hace mucho esas reglas de juego y con seguridad, a pesar de acciones de este tipo, “se abrirá el camino hacia las negociaciones que restablezcan, al menos parte, de los acuerdos nucleares firmados entre ambos países en 2015”.
Lo que percibe el docente Guerrero, es que con estas acciones “Estados Unidos vuelve a colocar sus tradicionales cartas sobre la mesa: disuasión mediante la acción y zanahoria y garrote”.
Si bien Biden comenzó a retomar las negociaciones nucleares con la república islámica, deja claro que no permitirá molestias en la zona, subraya Hernández.
Para David Castrillón, docente de la Universidad Externado de Colombia, estos ataques ordenados por Biden ponen en una situación difícil la ya compleja relación de EE.UU. con otro actor importante, Rusia, que en el conflicto en Siria se ha mostrado del bando progobierno y proiraní.















