La explotación de la riqueza aurífera en el páramo de Santurbán nos debe remitir a lo que sucedió en Bolivia con El Cerro Rico en Potosí, lugar donde desde la Colonia se explotó la mina de plata más grande del mundo.
Publicado por: William Sarmiento Gómez
Allí, al igual que en muchos lugares premiados por la inesperada riqueza, se dieron procesos que transformaron radicalmente la vida de la población para bien de unos pocos y mal de muchos:
“A comienzos del siglo XVII Potosí ya contaba con 36 iglesias espléndidamente ornamentadas, otras tantas casas de juego y catorce escuelas de baile. Había salones de bailes, teatros y tablados para las fiestas que lucían riquísimos tapices. De los balcones de las casas colgaban damascos coloridos y lamas de oro y plata”, pero con el lujo y la opulencia también llegaron las prostitutas, salones de juego y el cambio en la forma de pensar de los jóvenes, sus sueños y proyecto de vida ya fueron otros. Así, un joven minero del actual Potosí donde ya sólo hay estaño quiere tener dinero y ser patrón-minero “y tener muchas señoritas porque para eso es el dinero, señor”, nada diferente de lo que piensan actualmente los jóvenes de los pueblos de la zona esmeraldífera de Boyacá.
Los justos reclamos de los habitantes de California por una parte y las consideraciones de los ambientalistas con razones legales claras por otra, ponen en la balanza un problema en el que las multinacionales pescadoras de riquezas aprovecharán las necesidades de un pueblo para su beneficio. Por las venas abiertas de América sigue fluyendo nuestra riqueza...










