El problema no son las pantallas sino los excesos y su mal manejo. Como todo, el problema no es el invento sino el uso que se le da.
Desde los primeros televisores de los años 50 del siglo pasado, cuando la pantalla chica se introdujo en los hogares para quedarse, este aparatico que lograba reunir a la familia y la vecindad sigue fascinando a grandes y chicos.
Hoy, pantallas murales en apartamentos de 40 m2 permanecen encendidas desde el amanecer, ofreciendo noticias y videos; documentales, juegos y conciertos. Imágenes y sonidos permanentes. En bancos u otras instituciones, pantallas silenciadas ofrecen desfiles de imágenes para embobarnos la espera.
En los hacinados espacios de espera en servicios de salud, todo niño que tiene que quedarse quieto tiene un celular entre manos, y TikTok es el antídoto al aburrimiento de los adultos. Todo, generalmente a alto volumen y sin audífonos.
De manera periódica se publican estudios sobre efectos indeseados de la exposición a las pantallas desde temprana edad y de su abuso, a cualquier edad. Según estos, la saturación por uso de pantallas afecta en su conjunto la vida afectiva, mental, psíquica y cognitiva, sobre todo para niños/as y adolescentes en crecimiento y desarrollo.
Investigadores daneses reiteran que la sobreexposición de niños/as y adolescentes a pantallas tiene efectos nocivos sobre su salud mental y que reducir su nivel de exposición mejora su sociabilidad. Durante dos semanas de experimento, 181 niños/as y adolescentes redujeron el uso de pantallas en sus familias a tres horas por semana máximo. Al final de este lapso, estos niños y adolescentes resultaron menos introvertidos y más sociables. El experimento era más concluyente si toda la familia participaba.
El problema no son las pantallas sino los excesos y su mal manejo. Como todo, el problema no es el invento sino el uso que se le da. El impacto negativo es cuando la exposición es excesiva; dependiendo de la edad, de la intensidad y de la realización o no de otro tipo de actividades.
Tampoco conviene una prohibición completa, de difícil cumplimiento. Estudios muestran también que, bien utilizadas, las pantallas pueden contribuir al desarrollo de los niños y ser parte de su entretenimiento. Es cuestión de repartir correctamente los tiempos entre estos aparatos y otras actividades de movimientos e interacción. Lo que se aconseja sobre todo es hacer pausas intermitentes; aún sean cortas, tienen efecto positivo en la salud mental. También para los adultos, hacer una corta pausa de las redes sociales o fijar estrictos límites al día, es asociado a mejor bienestar y reducción de síntomas de ansiedad y depresión.












