Cruzar por las cebras, utilizar los puentes peatonales y esperar el cambio de semáforo, son conductas básicas que deben ser promovidas con insistencia para reducir la mortalidad en las vías. La ciudadanía debe asumir su responsabilidad en este problema y entender que el respeto por las normas de tránsito salva vidas.
Publicado por: Editorial
Las calles de Bucaramanga se han convertido en escenarios de tragedia. La muerte de varias personas, a pocos metros de un puente peatonal, son muestras de la alarma que resuena respecto de la creciente cantidad de peatones que pierden la vida en las vías de la ciudad, como que en los primeros siete meses de 2024, el número de fallecidos se duplicó en comparación con el mismo periodo del año anterior, pasando de 8 a 18 víctimas mortales. A nivel departamental el balance de 41 peatones muertos también es preocupante, pues representa un aumento del 28% en comparación con el año anterior.
Y en medio del fenómeno es imprescindible considerar a fondo el hecho de que cerca de la mitad de las víctimas fueron embestidas por motociclistas, muchos de ellos transitando por carriles exclusivos para el transporte masivo, en contravía o en exceso de velocidad. Esto refleja un caos vial evidente, además de la falta de educación y de responsabilidad tanto de conductores como de peatones.
La Dirección de Tránsito de Bucaramanga ha hecho constantes llamados para que los peatones utilicen los puentes y pasos construidos para ellos y que respeten las normas de tránsito. Sin embargo, la realidad en las calles muestra una actitud desafiante y peligrosa por parte de muchos ciudadanos que deciden cruzar las vías en cualquier lugar, poniendo en riesgo sus vidas y las de los demás, como ocurre especialmente en la Diagonal 15, la carrera 33 y la calle 45, donde se han registrado numerosas muertes durante este año.
Es imperativo, entonces, que las autoridades de tránsito intensifiquen su labor en dos frentes, el control del tráfico en las calles y el refuerzo de campañas educativas dirigidas a peatones, pues es fundamental educar a las personas sobre el uso correcto de los espacios destinados para su seguridad.
Cruzar por las cebras, utilizar los puentes peatonales y esperar el cambio de semáforo, por ejemplo, son conductas básicas que deben ser promovidas con insistencia para reducir la mortalidad en las vías.
La ciudadanía debe asumir su responsabilidad en este problema y entender que el respeto por las normas de tránsito salva vidas. El caos en las calles es una responsabilidad compartida, y si bien el esfuerzo de las autoridades es crucial, cada peatón también debe ser consciente de sus propias acciones y del impacto que estas pueden tener. Las vidas perdidas son un recordatorio doloroso de que debemos actuar con responsabilidad y que así como las autoridades deben fortalecer las campañas de concientización y el control del tránsito, los ciudadanos deben tener clara su vulnerabilidad como peatones y actuar con prudencia y respeto por la vida propia y la de los demás.
Bucaramanga no puede seguir siendo una ciudad peligrosa para quienes la caminan. Es momento de reflexionar y cambiar, de asumir una actitud más responsable y de exigir a las autoridades las medidas necesarias para bajar la mortalidad. La seguridad vial es tarea de todos, y cada uno debe aportar para evitar que nuestras calles sigan cobrando vidas inocentes.











