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Miércoles 25 de septiembre de 2024 - 04:53 PM

Después de todo

Sociología y en general las Ciencias Humanas, sin olvidar pasados sino más bien manteniéndolos en la retaguardia, deben pronosticar advenimientos no con brujas o chamanes, sino aplicando el método científico común a todas las ciencias.

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Después de todo lo visto y lo callado durante este breve espacio histórico destinado a buscar un cambio social estructural para Colombia, usando la vía democrática ofrecida por la Constitución, no sobra hacer un corte hipotético en el tiempo para auscultar futuros partiendo de realidades hoy para no caer en elucubraciones fantásticas, ni en análisis

caseritos, cuando no amañados. También porque la Sociología y en general las Ciencias Humanas, sin olvidar pasados sino más bien manteniéndolos en la retaguardia, deben pronosticar advenimientos no con brujas o chamanes, sino aplicando el método científico común a todas las ciencias.

Poder llegar hasta los comienzos de un gobierno de centro izquierda, en un país de orates, godos fanáticos e ignorancias voluntarias e involuntarias en cuestiones políticas, inducidas y mantenidas, ya es un buen logro; como se vio este jueves que ya pasó, a pesar de los riesgos y los miedos, una gran cantidad de colombianos que demostró ser mayoría en las urnas, reclama como necesarias y urgentes reformas estructurales; y sin vandalismos para no dar papaya a los descalificadores. Pero también en tan corto tiempo se ha cuestionado la objetividad informativa de algunos medios que silencian los éxitos, que los hay, pero maximizan los errores que también existen; ni en el gobierno de la corte celestial dejarían de existir. Se ha priorizado el gasto público, dentro de un presupuesto precario, deficitario y con deuda pública heredada al tope, para solucionar problemas sociales inveteradamente ahí, haciendo parte del paisaje de marginalidad y de pobreza.

Alcances invisibilizados en la inflación, el valor del dólar, el posicionamiento internacional de Colombia, las exportaciones -sector primario-, el manejo del medio ambiente y, ante todo, la insistencia en arraigar conciencia ciudadana acerca de que podemos tener un país vivible, no obstante los pocos resultados en el noble propósito de alcanzar la paz total, de la cual hacen burla voceros de medios, igual que lo hacen de la Vice por negra y por su origen esclavo, aunque Ud. no lo crea; logros y tropezones echando a andar un proyecto de sociedad capaz de enfrentar enfermedades sociales acumuladas, pero con oposición feroz y sin ideas para combatirlos. Sin embargo, los cambios sociales estructurales, para que arraiguen culturalmente, son de mediano plazo; no es suficiente una ley formal que puede caer en letra muerta; el tránsito entre antes y después puede ser asunto de generaciones. La Comuna de París (1871), tan ecléctica como autogestionaria gobernó dos meses; fue solo el comienzo; revivió casi 50 años después. ¡Paciencia pulgas que la noche es larga!

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