Columna de opinión por Johanna Cárdenas Acevedo

Tras una gestión de cuatro años de las anteriores administraciones, Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos (BMCV) presentó en el Informe de Calidad de Vida 2024, un comparativo de los indicadores 2019-2023 para el área metropolitana de Bucaramanga; lo que nos permite evaluar avances, retrocesos y desafíos que enfrentamos en nuestro territorio. A continuación, destacaré algunos puntos relevantes en materia educativa.
En términos de cobertura, Floridablanca experimentó un retroceso en todos los niveles educativos, desde transición hasta la educación media, al cerrar el 2023 con tasas brutas y netas por debajo de las alcanzadas en 2019.
La deserción escolar para este periodo aumentó en los cuatro municipios del área, lo que no solo refleja las dificultades socioeconómicas de las familias, la desmotivación o incluso la migración, sino también la falta de estrategias efectivas para retener a los estudiantes en las aulas.
En cuanto a las pruebas saber 11, los colegios privados lograron un progreso significativo, mejorando su promedio en 17 puntos, al pasar de 286 en 2019 a 303 en 2023. Esto clasifica a sus estudiantes en un “nivel satisfactorio” de acuerdo con el ICFES. Sin embargo, el sector público solo mostró una mejora marginal de 4 puntos, manteniéndose en el rango de calificación “mínimo” con un promedio de 273 en 2023.
El bilingüismo también refleja esta brecha. En los colegios privados, el porcentaje de estudiantes con un nivel intermedio de inglés (B1 y B+) aumentó del 32% en 2019 al 47% en 2023. Mientras tanto, en los colegios oficiales, el incremento fue mucho más modesto, pasando del 9% al 13% de los estudiantes con ese nivel.
Esta disparidad entre el sector público y privado no es nueva, pero sigue siendo una brecha inaceptable que perpetúa las desigualdades sociales y limita el acceso a oportunidades.
Si estamos de acuerdo que la educación es el vehículo para una ciudad próspera y equitativa, los indicadores recientes evidencian que aún enfrentamos desafíos. Si bien algunos sectores han avanzado, los retrocesos en cobertura, particularmente en Floridablanca, y las crecientes tasas de deserción son señales de alarma que no podemos ignorar.
Es necesario que las administraciones locales, junto con el sector privado y la sociedad civil, redoblen esfuerzos para garantizar una educación de calidad y accesible para todos los estudiantes, sin importar su nivel socioeconómico o el tipo de institución educativa a la que asistan.
No basta con celebrar los avances en algunos sectores o alcanzar logros a nivel nacional; el verdadero compromiso está en cerrar las brechas que mantienen las inequidades. Necesitamos construir un sistema educativo inclusivo que no solo forme a nuestros jóvenes, sino que también les brinde las herramientas para soñar con un futuro lleno de oportunidades y posibilidades.












