En las actuaciones judiciales la figura de la coadyuvancia permite que una persona se ponga del lado del demandante o del demandado para respaldar sus intereses.
Según la Real Academia Española, coadyuvar significa “contribuir o ayudar a que algo se realice o tenga lugar”. El término por estos días ha estado de boca en boca debido a una circunstancia muy particular que se presentó en el proceso que por doble militancia se sigue contra el alcalde de Bucaramanga.
En las actuaciones judiciales la figura de la coadyuvancia permite que una persona se ponga del lado del demandante o del demandado para respaldar sus intereses. Así de sencillo. En el proceso del alcalde de Bucaramanga hay coadyuvantes de parte y parte. Dos lo apoyan, cuatro, entre ellos María Elena Cano Lascarro, secundan a quienes buscan que se anule su elección.
Pues bien, a mediados de la semana pasada, María Elena Cano Lascarro, quien de acuerdo con el registro de actuaciones se había mostrado bastante activa dentro del proceso, presentó un escrito a la magistrada que lo dirige indicándole que no ha querido demandar al alcalde, que sin su autorización alguien usó su nombre y cédula con ese propósito, y que no sabe quién ni por qué lo hizo.
El documento contiene dos detalles que no pasan desapercibidos. De todos los memoriales que María Elena Cano Lascarro había presentado hasta ese momento en el proceso, es el único suscrito de su puño y letra, y el único con diligencia de presentación personal y reconocimiento de firma y contenido ante notario. Los demás los radicaron de manera virtual y sin firma física, ni siquiera electrónica o digital.
En honor a la verdad, la normativa que regula la virtualidad en las actuaciones judiciales lo permite, y todo apunta a que en este caso alguien, maliciosamente, se aprovechó de esa fisura. Las autoridades competentes tendrán que averiguarlo. Pero como entre cielo y tierra no hay nada oculto, la maniobra quedó en evidencia. La “gracia”, al final, se hizo sentir.
El episodio, sin duda, le agrega un condimento especial a esa actuación judicial avivando el morbo y la especulación, pero no es más que un distractor.
Los asesores del alcalde sacarán provecho desviando el debate hacia ese incidente; invocarán nulidades inexistentes, impugnarán las decisiones que las nieguen, solicitarán suspensiones. En fin, recurrirán a cuanto artilugio esté a su alcance para dilatar el proceso y darle un respiro a su cliente. La magistrada, que con seguridad ya puso esos hechos en conocimiento de la Fiscalía para que investigue y determine quién o quiénes suplantaron a la ciudadana, si lo que ésta dice es cierto, tratará de evitar esas maniobras. Quienes maquinaron la treta, mientras tanto, camándula en mano, rogarán que no los descubran.
Pero, siendo realistas, hay que hilar fino, muy fino, para creer que esa circunstancia incidirá sustancialmente en el proceso.












