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Miércoles 06 de noviembre de 2024 - 04:42 AM

Lenguajes y palabras

La necesidad de unificar los lenguajes obedece a la necesidad de entendernos cabalmente; ese es el sentido de los lenguajes especializados en medicina o en botánica porque de otra manera confundirían las denominaciones regionales: lo que en Macondo era un “cólico miserere”, en Santander puede ser un “mal de buche”.

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En mis tiempos de escuela primaria había una asignatura llamada “lenguaje” con su respectivo cuaderno -¡Ay mi cuaderno, cómo lo quiero, es el amigo más verdadero!-, que la maestra revisaba periódicamente, un ejercicio que le permitía valorar no solo letra y redacción, sino el orden, el cuidado y hasta el sentido estético del alumno, si la maestra era eso y no una funcionaria. Después entendí, ya sin cuaderno -conservo los de 4° año- que había leguajes variados, no solamente el idioma de las palabras, el “nativo” español o castellano como lo llaman los peninsulares. También aprendí que el fin de los idiomas es la comunicación, para lo cual existen convenciones tácitas y básicas entre los comunicantes, según las cuales para entendernos sin balas hay que usar los mismos símbolos o palabras en este caso, con idénticos conceptos contenidos.

Semejante tediosa explicación para decir que no siempre sucede tanta belleza, sino que aún usando los mismos términos los conceptos que estos conllevan son diferentes; de ahí las excusas que suelen darse “porque me interpretó mal su señoría”; aunque otros intransigentes insisten en que en comunicaciones escritas “lo escrito, escrito está”; en el lenguaje político sí que suele suceder; aflora la ignorancia confundiendo política con politiquería, economía con ahorro. Pero un caso frecuente sucede en la palabra cultura, asimilándola unas veces al arte, otras a la erudición intelectual, otras a la urbanidad de Carreño, otras al civismo; decir, como se lee y oye en los medios, que en Bucaramanga hay falta de cultura de sus habitantes en el manejo urbano o hablar de ferias de la cultura, es contrario al concepto empleado en Ciencias Sociales, especialmente en Sociología y en Antropología, porque todos los pueblos por primitivos que sean tienen cultura, entendida como el conjunto de valores, normas informales y/o formales, hábitos, costumbres, usos modales, herramientas, procedimientos.

La necesidad de unificar los lenguajes obedece a la necesidad de entendernos cabalmente; ese es el sentido de los lenguajes especializados en medicina o en botánica porque de otra manera confundirían las denominaciones regionales: lo que en Macondo era un “cólico miserere”, en Santander puede ser un “mal de buche”; aquí un “jarto” es un borracho y en el Cauca una persona hastiada de comida. Y si vamos a los diferentes idiomas y dialectos que pueblan los cinco continentes, se entiende el valor experimental del Esperanto hoy olvidado. En la Covi 16 dos participantes, cada uno hablando tres idiomas, es posible que no pudieran entenderse. Si un idioma se expande hasta donde llega el imperio que representa, el Inglés hoy hace este trayecto; solo que como vienen enseñándolo en algunos colegios, dicen que solo alcanza hasta Barranquilla.

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