A pesar de los avances médicos y tecnológicos en el área de trasplantes, el mayor obstáculo continúa siendo la falta de donantes, especialmente en nuestro país, donde existen aún muchos mitos sobre la donación
Cada año, el mundo conmemora el Día Mundial del Trasplante de Órganos y Tejidos, una fecha clave para reflexionar sobre un tema que toca las fibras más profundas de nuestra sociedad: la donación de órganos. Este es un acto que puede cambiar radicalmente la vida de miles de personas y familias que esperan tener una posibilidad de comenzar de nuevo.
Sin embargo, a pesar de los avances médicos y tecnológicos en el área de trasplantes, el mayor obstáculo continúa siendo la falta de donantes, especialmente en nuestro país, donde existen aún muchos mitos sobre la donación que impiden que más personas se sumen a este acto altruista que trasciende fronteras e impacta no solo a quien recibe el órgano, sino también a su entorno y a su comunidad.
Por eso, es crucial que este se convierta en un tema de conversación no solo en el ámbito profesional y médico, sino en nuestros hogares y con nuestras familias. Necesitamos más conciencia, más educación y un mayor compromiso, porque las listas cada vez son más largas y muchas vidas se pierden en la espera.

En Colombia, actualmente 4.205 personas esperan un trasplante de órganos sólidos, y el riñón es el órgano más solicitado con 3.886 pacientes en lista. Sin duda alguna, esta es una cifra impactante, pero también un llamado a la acción.
Si bien la mayoría de los trasplantes se realizan gracias a las familias que deciden donar los órganos de un ser querido fallecido con muerte cerebral, también es posible la donación en vida. Un ejemplo es el riñón, ya que una persona puede llevar una vida completamente normal solo con uno, sin comprometer su salud a largo plazo y el procedimiento médico es seguro.
El avance de la medicina, la infraestructura y el talento humano especializado son fundamentales para realizar un trasplante, pero su verdadero valor depende de la donación y su capacidad para transformar vidas. Si más familiares hasta el segundo grado de consanguinidad optaran por ayudar a un ser querido con enfermedad renal grave, el panorama de las estadísticas cambiaría significativamente. De igual manera, si más personas dejaran conversada su intención de ser donantes en caso de fallecimiento, el impacto sería aún mayor.
Hoy, celebramos 2.116 trasplantes de órganos sólidos y tejidos que desde 2004 hasta la fecha hemos podido realizar en el HIC Instituto Cardiovascular en Floridablanca y en Piedecuesta, porque no solo es una cifra, son las historias de quienes han encontrado un nuevo comienzo.
Si hoy tienen la oportunidad de tomar esta decisión y ser parte de algo más grande que nosotros mismos, no duden en hacerlo. Como médicos, sentimos una profunda satisfacción al saber que nuestro conocimiento y experiencia pueden cambiar una vida. Ahora imaginen lo que significa regalar tiempo, sueños y segundas oportunidades a alguien más.
Hablemos de estos temas que, aunque a veces incómodos, son esenciales. La realidad es sencilla: después de fallecer, los órganos no van a ninguna parte, pero sí pueden dar vida. Hagamos que el trasplante sea una opción real y accesible para quienes lo necesitan.











