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Jueves 13 de marzo de 2025 - 12:12 AM

La alegría de leer

Escribir, dicen los escritores, es una terapia que comparten con sus lectores. Escribir es un don que viene con la dotación genética.

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Tengo la tendencia a creer que la estructura del lenguaje ya sea de origen indoeuropeo afroasiática, urálica o sino-tibetana, da forma a nuestro pensamiento, con su orden sujeto, verbo, objeto, o como el alemán que alterna la forma anterior con la de sujeto, objeto, verbo.

Esta introducción la hago para poder afirmar mi gran admiración por quienes escriben ficción, ensayos, ciencia o filosofía, pero de igual manera para quienes traducen tales textos, y logran expresar en un idioma diferente el espíritu que el autor imprime a su publicación. Es el caso del escritor y traductor Juan Gabriel Vásquez. Lo ideal para mí, fuera que solo existiera un único idioma o haber sido políglota para leer en el idioma original.

Si es una delicia leer a Tolstoi, Dostoievski en español, no me imagino el placer de hacerlo en ruso si me hubiese sido posible. Disfruto a Asimov traducido, pero lo hubiese preferido en inglés. Que tal Nietzsche en alemán o Han Kang en coreano, aunque la traducción de Sunme Yoon me ha parecido fantástica.

Me gustan los clásicos rusos por su capacidad de leer y desnudar el alma humana, aportando desde la estética literaria a la sicología y a la filosofía. De hecho, todos los escritores lo hacen con mayor o menor fortuna, pero Han Kang ganadora del premio Nobel 2024 lo hace de una manera magistral, conmovedora e incluso dolorosa. La academia sueca destacó su obra “por su intensa prosa poética que confronta los traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana”.

Escribir, dicen los escritores, es una terapia que comparten con todos sus lectores. Escribir es un don que viene con la dotación genética pero que sin duda alguna el entorno lo cualifica o lo activa. Casi todos, por no decir todos los grandes escritores han iniciado su producción temprano en su adolescencia, o incluso en la niñez como fuera el caso de Flaubert o de Kang, quien escribiera poemas tempranamente, aunque su primera publicación fuera con 24 años cumplidos, como lo hicieron Borges, Cervantes, Faulkner, Thomas Mann y tantos otros. García Márquez madrugó a los 20 años. Saramago, es curioso, publicó su primera novela a los 25 años, pero él mismo se consideró escritor luego de la publicación de su novela: Levantado del suelo, cuando ya había cumplido sus 58 años.

Pero volviendo a Kang, más allá de las referencias a hechos reales, la manera como encuentra las coincidencias entre lo espiritual y lo físico, hace que vaya más allá de una novela histórica, con una narrativa sorprendente, que como dice un conocido comentarista, uno no es el mismo después de leer un libro. El impacto de leer a Kang reafirma tal aforismo. No hay alegría sin su cuota de dolor.

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