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Lunes 25 de mayo de 2026 - 05:17 PM

Cuando la justicia haga honra a la memoria

Publicado por: Edmundo Arias

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Un país que no se daba tiempo de vivir el luto por un asesinato, porque al día siguiente ya estaba recibiendo otro.

Escribo esto para la memoria de las nuevas generaciones de Puerto Wilches. Este año se cumplen treinta años del asesinato de un médico muy querido por el pueblo, Edmundo Germán Arias Duarte. Su memoria, siento, ha quedado inscrita en el nombre del hospital, pero no en el resarcimiento de aquello que originó su muerte, que en su momento se vinculó a los grupos al margen de la ley presentes en el territorio durante los años noventa. Para mí, ese origen tiene un nombre claro: corrupción, que sigue latente en la región.

Más allá de señalar a los mandatarios que ha tenido el pueblo, la responsabilidad recae en una sociedad que termina reflejándose en prácticas normalizadas, las mismas que impiden el progreso de estos territorios.

Hoy el nombre de mi padre permanece en la fachada del hospital de Puerto Wilches. Sin embargo, duele constatar cuánto se extraña aquel hospital donde otrora se realizaban cirugías de cierto grado de complejidad y se atendían partos, un centro asistencial que en su momento fue de primer nivel para la región y que hoy aparece en listas rojas por la mala administración y la corrupción.

Hace un par de años tuve la oportunidad de trabajar en la administración de ese municipio, a la que agradezco haberme abierto sus puertas para experimentar y comprender —guardadas las proporciones— aquello que mi padre veía en el pueblo y que lo conmovió y ató, en el mejor sentido de la palabra, hasta el final de sus días. Para mí está claro que fue el calor de su gente, personas de las que aún hoy recibo cariño de manera constante.

Sin embargo, la experiencia es agridulce en la medida en que, como sociedad, no nos hemos permitido replantear lo que significa hoy el hospital que lleva el nombre de mi padre, o lo que ocurre en la plaza que lleva el nombre de Luis Carlos Galán, asesinado precisamente por enfrentar la corrupción, y donde hacen tarima personas inescrupulosas que han sido parte de ese mismo problema que sigue produciendo víctimas y dolor en un país sin memoria, incapaz de corresponder a las luchas de esas vidas.

Su memoria no ha sido reivindicada en lo más profundo. El deterioro de las dinámicas administrativas ha terminado convirtiendo lo que fue un gran hospital en algo más cercano a un centro de salud.

La justicia, para mí, llegará el día en que honrar su memoria signifique enfrentar las causas que originaron su muerte.

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