Publicado por: JAIME A. LÓPEZ MEJÍA
Lo que viene este domingo 31 de mayo de 2026 no es una elección más; es una definición profunda sobre el tipo de país en el que vamos a vivir, trabajar, invertir, criar a nuestras familias y sostener nuestras empresas.
Como industria gastronómica no podemos mirar este momento desde la indiferencia. Ser neutrales frente al futuro del país sería irresponsable, porque cada decisión política termina llegando a nuestras cocinas, a nuestras nóminas, a nuestros impuestos, a nuestros proveedores, a nuestras mesas y a la vida diaria de quienes dependen de nosotros.
No somos un partido, pero sí somos una industria con memoria. No defendemos un candidato, pero sí debemos defender unos principios. Y esos principios no son negociables: la seguridad, la libertad de empresa, la propiedad privada, la estabilidad jurídica, la familia, el empleo formal, la inversión, el turismo, la confianza y el derecho a trabajar en paz.

Colombia no puede seguir castigando a quienes producen. No puede seguir viendo al empresario como un enemigo. No puede seguir poniendo más cargas sobre quienes generan empleo, mientras se debilitan las condiciones mínimas para operar, crecer y sostenerse.
Un restaurante no se levanta con discursos. Se levanta con trabajo, riesgo, capital, disciplina y amor por el país. Un restaurante no es solo un negocio: es una familia ampliada.
Es el sustento de cocineros, meseros, administradores, proveedores, agricultores, transportadores, músicos, diseñadores, arrendadores y miles de personas que viven alrededor de nuestra cadena de valor.
Por eso debemos hablar claro: sin seguridad no hay turismo, sin confianza no hay inversión, sin estabilidad no hay empleo, sin empresa no hay bienestar social y sin orden no hay futuro posible.
La industria gastronómica debe votar pensando en sus trabajadores, en sus familias, en sus clientes, en sus proveedores y en el país que queremos dejarles a nuestros hijos.
No podemos votar desde la rabia, desde la moda, desde el resentimiento o desde la improvisación. Tenemos que votar desde la responsabilidad.
Hoy, más que nunca, Colombia necesita liderazgo, firmeza y claridad. Necesita un rumbo que entienda que el desarrollo no se construye destruyendo al sector productivo; que la justicia social no se logra debilitando a quienes generan empleo; que la paz no existe si los ciudadanos no pueden trabajar tranquilos; y que la prosperidad no nace del miedo, sino de la confianza.
Desde ACODRES hemos construido una voz nacional más fuerte, más consciente y más unida. Esa unidad gremial debe servirnos para algo más que defender intereses sectoriales. Debe servirnos para defender el país en el que nuestra industria puede existir, crecer y aportar.
No podemos permitir que nos dividan ni que nos silencien. No podemos permitir que la incertidumbre se vuelva paisaje ni que la empresa sea tratada como culpable de los problemas del país.
La gastronomía colombiana es cultura, identidad, empleo, turismo y orgullo nacional. Pero, para que esa industria florezca, necesita un país con autoridad, con reglas claras, con seguridad, con respeto por la inversión y con instituciones que acompañen al que trabaja, no que lo persigan.
Este es un llamado a la conciencia empresarial. A entender que el voto también es una decisión económica, laboral, familiar y moral. Cada empresario, cada trabajador y cada ciudadano debe preguntarse qué modelo de país protege mejor su libertad, su patrimonio, su empleo y su futuro.
No basta con tener restaurantes llenos si el país se vacía de confianza. No basta con abrir las puertas todos los días si Colombia cierra las puertas a la inversión. Tampoco basta con trabajar más si cada vez se hace más difícil sostener lo construido.
Por eso, la industria gastronómica debe estar de pie, unida y serena, pero firme; prudente, pero no silenciosa; y democrática, pero no ingenua.
El futuro de Colombia no se puede dejar al azar. Se decide con carácter y se debe proteger con criterio y valentía.
Y desde esta industria, que todos los días enciende sus cocinas para servirle al país, debemos decirlo con claridad: queremos una Colombia segura, una Colombia estable, una Colombia que respete a la empresa, que proteja a la familia, que valore el trabajo y que entienda que sin sector productivo no hay nación posible.
Hoy no se trata de miedo, se trata de responsabilidad.No se trata de odio, se trata de defender lo que funciona.No se trata de política pequeña, se trata del futuro de Colombia.
Y ese futuro exige que nuestra industria permanezca unida, fuerte y consciente del momento histórico que estamos viviendo. Porque cuando la empresa se une, el país escucha. Y cuando una industria entiende su responsabilidad, también ayuda a marcar el rumbo de la nación.
JAIME A. LÓPEZ MEJÍA
Presidente Ejecutivo de ACODRES











