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Jueves 20 de marzo de 2025 - 12:37 AM

Qué nos queda después del 18 de marzo

Resulta indignante la actitud de los senadores, quienes en forma prepotente y sin hacer un gesto mínimo de análisis del articulado,le dieron muerte de tercera a las aspiraciones populares, que solo tímidamente se proponían llegar a lo que ya se tenía ganado y que en forma artera les fue arrebatado, en su momento.

Publicado por: Gonzalo Peña Ortiz

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Ciertamente las marchas que se celebraron el pasado martes en las ciudades mas importantes de nuestro país, fueron una manifestación popular, plenas de civismo y de cultura ciudadana. Ni un solo acto de vandalismo manchó el devenir de ciudadanos de todas las clases sociales, quienes en esta forma expresaron la voluntad popular de querer unos cambios, que en nada afectan nuestra economía. Lamentablemente leyes retardatarias, de gobiernos anteriores, quienes mediante raponazo eliminaron derechos adquiridos, desde los mártires de Chicago, como la jornada laboral de 8 horas. De la misma manera pretender extender hasta las diez de la noche la jornada diurna, ha sido un calvario para muchas personas. El cercenamiento de las horas extras ha sido otro golpe, que durante muchos años, pacientemente ha sobrellevado nuestro pueblo.

Resulta indignante la actitud de los senadores, quienes en forma prepotente y sin hacer un gesto mínimo de analisis del articulado,le dieron muerte de tercera a las aspiraciones populares, que solo tímidamente se proponían llegar a lo que ya se tenía ganado y que en forma artera les fue arrebatado, en su momento.

Que los ciudadanos tomen en cuenta a estos " personajes”, cuando vuelvan en busca de los votos, para seguir perpetuándose en el poder.

Es sano y está incluído en nuestra constitución el derecho a que el pueblo; El Soberano, pueda decidir libremente, mediante una consulta popular, que otros caminos se pueden transitar para asegurar, dentro de la ley existente los cambios necesarios para un mejor estar de toda nuestra colombia profunda: clase trabajadora de todos los niveles, así como los millones de informales, quienes luchan por sobrevivir desde una esquina de semáforo, o haciendo algún tipo de malabar, mientras avanzan los vehículos.

Esos millones de ciudadanos convertidos en un número y condenados como diría Franz Fanon, en su libro: " Los condenados de la tierra” , pareciera que no tienen el mismo derecho de ocupar un lugar, donde la educación, la salud,la vivienda, el trabajo digno, el goce de la vida, sea una constante y no un lujo inalcanzable.

Esa Colombia que ha sido paciente durante centenares de años, desde nuestra primera independencia, reclama con su voz profunda un espacio que desafortunadamente les ha sido negado, en forma insistente por quienes detentan el poder.

Que decir de nuestros campesinos, todavía mas sojuzgados, sometidos a todos los vaivenes de los actores de la guerra insana que sigue cubriendo nuestros campos de sangre digna de una mejor suerte.

Por todos ellos, por un mejor mañana: Consulta Popular.

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