Hijo de sastre, le gusta presentarse como un “hijo desastre”, y tal vez se sintió así cuando, hace muchos años, no terminó su carrera de economista en “la Nacional” de la que salió tirando piedras y sin grado. Las andanzas de la vida, las lecturas y la literatura lo llevaron a la escritura y a su propia creación literaria.
El escritor Carlos Arnulfo Arias estuvo este 08 de abril en la Casa del Libro Total de Bucaramanga, invitado de Pacho Centeno en el encuentro El personaje y su historia: Memorias Vivas. Aprovecho este reciente evento para dedicarle estas líneas, dándome así el gusto de recordar a un escritor, pensador y maestro que vale la pena conocer. Este mismo que ahora llamamos “maestro”, sin dejar de decirle amigo; otros le dicen profe, flaco o mechudo.
Hijo de sastre, le gusta presentarse como un “hijo desastre”, y tal vez se sintió así cuando, hace muchos años, no terminó su carrera de economista en “la Nacional” de la que salió tirando piedras y sin grado. Las andanzas de la vida, las lecturas y la literatura lo llevaron a la escritura y a su propia creación literaria.
Conozco al artista fotógrafo que hace hablar las imágenes; el fotógrafo historiador, guardián y transmisor de la memoria urbana de Bucaramanga y Santander, el andariego que sin palabras da a conocer los pueblos y sus pobladores, el caminante con los ojos abiertos y la cámara dispuesta, para luego compartir sus travesías por parques, lagunas y páramos.
Conozco al escritor comprometido y sin concesiones, eternal insatisfecho, agudo, ganador de premios y concursos. Algo marginal y desconocido, como tantos escritores, hombres y mujeres con talento, pero sin patrocinador para promover sus obras.
Este setentón, eternal crítico de la gestión pública de la cultura -”que se ha vuelto puras convocatorias”-, lamenta el cierre del bibliobús, del Metro libro de Provenza y otras bibliotecas de barrios, porque, según dice: aquí, cuando algo no funciona, sencillamente se cierra y acaba en vez de buscar a ver cómo se pone a funcionar. Él que deplora el “abandono de la palabra leer”, remplazada por “consultar, investigar y reducida a tareas escolares impuestas”, sigue confiando en que ni la lectura ni los libros desaparecerán. Aconseja “dejar los libros al alcance de los niños desde tierna edad” y subraya la “importancia de regalar un libro.”
Quiero resaltar los aportes de Carlos como mentor de jóvenes, para abrirles las puertas a la literatura, empezando por la latinoamericana, darles gusto por la lectura y animarlos a escribir. Durante varios años, él animó el taller literario Gente de letras del que resultó en 2023, con duras penas y sin presupuesto, la revista Ciudad literaria. Estos talleres fueron una deliciosa experiencia de intercambios culturales y generacionales entre gentes de 15 a 78 años reunidas que leían, aprendían, escuchaban, opinaban, escribían, reían y se gozaron la literatura, las letras y las palabras. Carlos Arnulfo demostró su disposición y gusto por guiar jóvenes, adultos y mayores en los caminos de la literatura, ofreciendo momentos amenos de diálogo y aprendizajes. Reafirmaba así su habilidad para contagiar su gusto por la lectura y fomentar la capacidad de escribir en las nuevas generaciones.










