Actualmente, solo Bucaramanga cuenta con más de 156 terminalitos y es la informalidad una importante fuente de trabajo, además, cuenta con un alto de nivel de aceptación dentro de la población.
“Me haré el pingo con el transporte informal”. Una de las frases más recordadas del ex alcalde Rodolfo Hernández (q.e.p.d.) ha generado todo un debate en Bucaramanga desde el año 2015 sobre la movilidad, la ocupación laboral y el poder de policía. ¿Es el transporte ilegal un problema o una solución para Bucaramanga? ¿Es el responsable de la crisis de Metrolínea? ¿Cuál es el aporte a los índices de empleabilidad? ¿Se puede legalizar el moto-taxismo? Son un sinfín de preguntas las que nacen del fenómeno de la ilegalidad en el transporte, un tema crucial que crece de manera exponencial y preocupante en la “otrora ciudad bonita”
Es difícil encontrar soluciones efectivas al caos de la movilidad en el área metropolitana de Bucaramanga (AMB) sin una buena concentración e identificación del problema, comprendiendo las causas del mismo y el impacto en la vida cotidiana. Durante años se ha creído que, con promesas de mano dura y prohibiciones como la del parrillero, se corrige la piratería en una ciudad con una alta demanda de transporte y una escasa oferta pública económica. Actualmente, solo Bucaramanga cuenta con más de 156 terminalitos y es la informalidad una importante fuente de trabajo, además, cuenta con un alto de nivel de aceptación dentro de la población que prefiere montar en un moto-taxi o vehículo colectivo que recuperar el Sistema de Transporte Masivo.
Si bien el transporte sin permisos, pólizas de aseguramiento y una regulación oficial genera desorden, falta de seguridad para el usuario y mayor probabilidad de accidentes, los ciudadanos metropolitanos no disponen otras opciones para movilizarse. El fracaso de Metrolínea y la ausencia de una planeación territorial metropolitana compacta, descentralizada, con servicios esenciales al alcance de las personas y cimentada en ejes de movilidad que reduzca la dependencia del transporte privado -para el 2026 se proyectan más de un millón de vehículos en el AMB-, son las causas primigenias del fenómeno; sin obviar la desocupación laboral que motiva el “rebusque”.
Es de amplío conocimiento que hay sectores, sobre todo populares, donde no hay otra opción que el transporte ilegal; incluso en un trayecto tan concurrido como Cañaveral–Bucaramanga, es difícil encontrar servicio público en horas de la noche. Comprender que informalidad es un problema de mercado (oferta y demanda) y de diseño de ciudad, es el principio para dar un vuelco y construir soluciones que eviten seguir dando palos de ciego que no han tenido ningún éxito al día de hoy.










