La combinación y el refuerzo entre los poderes blando y duro, Nye lo llamó “poder inteligente”. El foco hacia una “América Primero” puede tender a una “América Solitaria”.
En medio de cambios significativos en la política internacional, esta semana falleció, a sus 88 años, uno de los pensadores más destacados sobre la materia: Joseph Samuel Nye, Jr. Entre sus pares fue reconocido como el académico más influyente. Graduado de Princeton, Oxford y Harvard, fue profesor durante 60 años de esta última universidad y decano de su Escuela de Gobierno. Publicó más de 28 libros y trabajó en las administraciones de los presidentes Jimmy Carter y Bill Clinton, en las secretarías de Estado, Defensa para Asuntos de Seguridad Internacional, y como presidente del Consejo Nacional de Inteligencia. También fundó el Grupo de Estrategia de Aspen, un foro dedicado a los asuntos internacionales.
Nye se hizo famoso particularmente por haber acuñado los conceptos de “poder blando” y “poder inteligente”. En los años 80 se decía que el poder de los Estados Unidos estaba decayendo. Para él había algo que el resto de internacionalistas no estaban viendo y que consistía en otras formas de incidencia. Normalmente, ésta se concentraba en el “poder duro”, es decir, la capacidad de coerción o pago producto de las armas y la riqueza de la economía. En pocas palabras: garrote o zanahoria. Pero para Nye también estaba el “poder blando”, hacer que otros quieran lo que el país quiere por medio de la atracción o persuasión. “A veces se pueden lograr muchas más cosas con la miel que con el garrote o la zanahoria”.
En el marco del poder blando están elementos que hacen atractivos a los países e incluye otros actores más allá del gobierno, como son el sector privado, las organizaciones sociales y la academia. En los Estados Unidos, fundaciones privadas, la industria del entretenimiento, empresas, universidades o valores como la libertad de expresión y de prensa, generan conexión, empatía, legitimidad, admiración e identidad por parte de amplios sectores a nivel mundial. La combinación y el refuerzo entre los poderes blando y duro, Nye lo llamó “poder inteligente”. En sus últimas entrevistas dijo que hay ciclos en el uso del poder inteligente en los Estados Unidos y que en la administración Trump se evidencian retrocesos. El foco hacia una “América Primero” puede tender a una “América Solitaria”.
El legado teórico y práctico de Nye no solo sigue más vigente que nunca, sino que también sirve para revisar cómo se abordan diferentes asuntos a nivel nacional y local. En algunos casos, la coerción debe ser implacable. Pero no todo es imposición o amenaza. También hay que desarrollar el poder blando sobre todo cuando se requiere del trabajo de múltiples actores para alcanzar un propósito común. Como decía Nye, “la clave no es cuántos enemigos he eliminado, sino cuántos aliados he obtenido”.










