A las mujeres solteras y sin hijos las llamamos “solteronas” con desdén, las miramos con sospecha o, en el mejor de los casos, lástima.
El domingo pasado se celebró el día de la madre. Este día es de gran relevancia, porque, independientemente del amor y agradecimiento personal que le tengamos a nuestras madres, la maternidad y el cuidado del esposo se nos presentan como el destino natural y máxima realización de la vida de las mujeres.
Por eso, como sociedad, descalificamos a las mujeres que no siguen este camino.
A las mujeres solteras y sin hijos las llamamos “solteronas” con desdén, las miramos con sospecha o, en el mejor de los casos, lástima. Las asumimos como egoístas, superficiales, resentidas o envidiosas, y poquísimas veces las pensamos como mujeres autónomas, con vínculos y redes de apoyo fuertes, y vidas plenas y felices.
Sin embargo, pese a que la maternidad es el rol social que más se ensalza en el discurso, las estadísticas cuentan una historia muy distinta, y la soltería para las mujeres (heterosexuales) parecería ser una decisión bastante sensata.
De hecho, no hay ningún indicador de salud y bienestar en el que las mujeres casadas y con hijos superen a las solteras sin hijos.
En comparación a las mujeres casadas y con hijos, las mujeres solteras y sin hijos:
• Tienen mayores niveles de educación e ingresos.
• Reportan menos ansiedad y depresión.
• Tienen menor probabilidad de intentar suicidarse y de morir asesinadas.
• Mueren menos en accidentes automovilísticos.
• Tienen menos problemas de alcoholismo y adicción.
• Están más satisfechas sexualmente.
El caso de los hombres es el contrario. Los hombres casados superan a los solteros en ingresos, salud física y mental, expectativa de vida, niveles de adicción y, pese al imaginario popular, incluso reportan mayores niveles de satisfacción sexual que los solteros.
Todo esto, claro, hablando de matrimonios heterosexuales, pues los datos comparativos entre personas LGBTIQ+ en similares condiciones son todavía escasos y no concluyentes.
Es entonces hora de que dejemos de ver a las “solteronas” como amargadas o insatisfechas, y que nos hagamos la pregunta incómoda: ¿por qué el matrimonio y la maternidad siguen siendo un negocio rentable para los hombres y costoso para las mujeres?
Cambiar esta realidad sí sería un verdadero “regalo” para las madres.










