La refinería de Barranca, alimenta diariamente a nuestros insaciables vehículos de gasolina y ACPM. Mientras tanto su población no tiene las obras que merece pese a los billones que se han extraído de su suelo.
Publicado por: Gonzalo Peña Ortiz
Disfrutamos de tener todos los climas, desde los climas más tórridos, hasta páramos de sin igual belleza. Cada clima tiene sus plantas, animales y por supuesto sus habitantes.
Tenemos tierras feraces donde ondean las palmas aceiteras, cultivos de caña en las vegas del río Suárez, lo mismo que en el Fonce. Durazneros en García Rovira, chirimoyas y uchuvas también, delicia de propios y extraños.
El segundo cañón más profundo y largo de la tierra, en nuestro Chicamocha.
La refinería de Barranca, alimenta diariamente a nuestros insaciables vehículos de gasolina y ACPM. Mientras tanto su población no tiene las obras que merece pese a los billones que se han extraído de su suelo.
Mientras en el Norte de Santander, ya tienen su doble calzada desde Pamplona hasta Cúcuta, nosotros sufrimos con un solo carril por vehículo en ambos sentidos.
Nuestra clase dirigente, inepta, marrullera, pensando únicamente en su beneficio, no ve más allá de sus narices.
Los representantes y senadores, así como diputados y concejales, solo van detrás del beneficio económico personal.
Se ha impuesto como medio de ascenso social, por encima de cualquier otra consideración el llegar a un cargo de elección popular. Los puestos públicos se ferian al mejor postor. Son millones los que vale cada escaño. Por supuesto los honorarios que reciben solo son migajas para propinas, lo pulpo son los contratos, la venta de la conciencia para aprobar o negar un proyecto cualquiera. No existe ninguna ética, ni vergüenza.
Nuestra juventud, producto de la formación en primaria y secundaria, solo aspiran a estudiar la carrera universitaria, que mejores resultados económicos les brinde. Nada de pensar en servir al prójimo, todo para adentro.
Nuestra Universidad Industrial de Santander, no tiene a la fecha una facultad de agronomía, que brinde apoyo a todos nuestros campesinos productores.
Tampoco existe una facultad de ingeniería, que sume los conocimientos de las ciencias, para conocer el funcionamiento de nuestras aguas superficiales y subterráneas, el cálculo de los caudales mínimos y máximos, esenciales para determinar donde se pueden construir obras y donde no. Conocimientos ciertos sobre el diseño de plantas de tratamiento de agua para consumo humano, así como plantas de tratamiento de nuestras aguas residuales domésticas e industriales. esta facultad debería llamarse ingeniería Hidráulica. De igual manera ingenieros mecánicos que produzcan la maquinaria sencilla que facilite a nuestros campesinos el trabajo más humano. ¡Todas las oportunidades existen, falta el factor humano!











