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Viernes 23 de mayo de 2025 - 12:25 AM

El “País del Centro”

La China actual aún conserva elementos de la era de Mao, como el liderazgo único del PCCh que mantiene el control político, algunas prácticas de control social como la censura y la represión de disidencias, y una fuerte autopercepción de patriotismo y de autosuficiencia económica que constantemente es sublimada en la propaganda oficial.

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Ante las últimas tensiones internacionales, ha aumentado el interés por estudiar a la China. En realidad en mandarín el país se llama “Zhōngguó,“ que significa “País del Centro”, nombre que denota su importancia histórica y cultural. “China”, el nombre que se popularizó en Occidente, proviene de la dinastía Qin (que en mandarín se pronuncia “Chin”) (221-206 a.C.), la primera en unificar el país.

Mao Zedong, líder del Partido Comunista Chino, fue la figura crucial de su historia moderna. Nació en una familia campesina y se unió al PCCh en 1921. Su ascenso culminó en 1949 con la proclamación de la República Popular China, donde implementó profundas reformas agrarias que le granjearon el apoyo de los campesinos. Sin embargo, sus políticas radicales, como el Gran Salto Adelante (1958-1962) y la Revolución Cultural (1966-1976), terminaron en desastres económicos, hambrunas y caos social. A pesar de mantener su poder, la crisis y el descontento llevaron a la erosión de su base de apoyo. Al morir en 1976, dejó un país devastado. Hoy algunos lo ven como héroe, mientras que otros lo critican por las atrocidades de sus políticas.

Tras la muerte de Mao en 1976, China liderada por Deng Xiaoping, experimentó importantes cambios políticos y económicos con reformas que promovieron un socialismo con características chinas, desmantelando la Revolución Cultural y propiciando un rápido crecimiento económico que transformó la estructura social, a pesar de crear tensiones que llevaron al movimiento pro-democracia de 1989 y la represión en Tiananmen. Así, China comenzó a abrirse al mundo, estableciendo relaciones comerciales y formando una nueva clase media urbana.

Con las reformas de Deng Xiaoping, China se convirtió en una potencia mundial. Se establecieron Zonas Económicas Especiales que impulsaron el crecimiento industrial, se logró la entrada a la OMC en 2001, lo cual facilitó su integración en la economía global, se hicieron inmensas inversiones en infraestructura, educación y tecnología, que consolidaron una poderosa clase media, y se implementaron estrategias globales como la célebre Iniciativa de la Franja y la Ruta que contribuyeron a su creciente influencia económica y política.

No obstante, la China actual aún conserva elementos de la era de Mao, como el liderazgo único del PCCh que mantiene el control político, algunas prácticas de control social como la censura y la represión de disidencias, y una fuerte autopercepción de patriotismo y de autosuficiencia económica que constantemente es sublimada en la propaganda oficial.

El resultado de todo esto ha sido un fenómeno complejo donde coexisten la herencia maoísta y la modernización capitalista. China en el siglo XXI se caracteriza por su vertiginoso crecimiento, convirtiéndose –por ahora- en la segunda mayor economía del mundo. Destaca en tecnología, urbanización y poder militar, además de aumentar su influencia internacional desde 2013 con la Iniciativa de la Franja y la Ruta tan mencionada últimamente en Colombia.

Cualquier país que hoy pretenda negociar con China, debe entenderla como la potencia del siglo, no como el país rural y misterioso de los 60 y 70 que sufrió desastres económicos, hambrunas y caos social. Atrás quedaron los tiempos en que los países como China y Rusia se relacionaban con el mundo únicamente a partir de consideraciones e identidades ideológicas.

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