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Jueves 29 de mayo de 2025 - 12:05 AM

El feminismo es la cura, no la causa de la “epidemia de soledad”

El feminismo busca la igualdad entre todas las personas. Por eso, lucha por acabar con el patriarcado que oprime a mujeres y hombres de formas distintas

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En los últimos meses, la “epidemia de soledad” de los hombres ha estado ocupando las redes sociales, noticias y conversaciones.

El término nombra un aumento significativo en el porcentaje de hombres que reportan no tener amigos cercanos, no hablar con nadie sobre sus problemas personales, ser involuntariamente solteros, y sentirse frustrados con su vida actual y sus prospectos futuros.

Ante esta situación, muchos se refugian en la manosfera (del inglés manosphere), espacios virtuales donde se difunden ideas misóginas, racistas y xenofóbicas. Estos espacios resultan atractivos porque les ofrecen una narrativa simple y emocionalmente poderosa: culpan de su malestar a un “feminismo radical” que supuestamente ha llegado demasiado lejos y ahora lidera una cruzada contra los hombres.

Es decir, plantea como causa lo que en realidad es la solución del problema.

El feminismo no ataca a los hombres, busca la igualdad entre todas las personas.

Por eso, lucha por acabar con el patriarcado, un sistema que oprime a mujeres y hombres de formas distintas pero interconectadas: la misma lógica que dice que las mujeres deben cuidar del hogar y los hijos, es la que enseña a los hombres que no pueden llorar, mostrarse vulnerables o pedir ayuda.

No son las mujeres (ni los migrantes, ni los gays con hijos, ni mucho menos las personas trans) quienes condenan a los hombres a la soledad y al resentimiento: es el patriarcado. Mientras las mujeres nos liberamos poco a poco de sus mandatos, muchos hombres siguen atrapados en la jaula de una masculinidad rígida que les impide cuidar su salud mental, cultivar amistades profundas, y asumir el trabajo doméstico y tener responsabilidad emocional que las mujeres jóvenes están buscando en sus parejas y raramente encuentran.

Como dije en otra columna, no se trata de una “guerra de los sexos”, sino de identificar nuestro enemigo común: el patriarcado, ese sistema que encasilla a todo el mundo en roles y expectativas rígidas e irrealistas, haciéndonos a todos personas más frustradas, solitarias e insatisfechas.

Por eso, no podemos comernos el cuento. El feminismo no es la causa de esta “epidemia”, es su cura y antídoto.

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