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Jueves 17 de julio de 2025 - 01:00 AM

Primer día mundial de la esperanza

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Este año, y por primera vez, la Naciones Unidas decretaron este 12 de julio como primer día mundial de la esperanza. De ahora en adelante, será una fecha para reflexionar sobre lo que nos hace creer en este mundo que parece derrumbarse y en la gente que lo habita.

El mundo no está bien, sus habitantes no están bien: se acostumbran a guerras que no terminan y se multiplican, a crisis humanitarias criminales que ya no son noticias.

Poblaciones enteras huyen de las catástrofes climáticas que, como bien se sabe, no son tan naturales ni son obras divinas; ni siquiera del destino o del diablo. Las mujeres y niñas están silenciadas, relegadas a los espacios privados que nada tienen que ver con “hogar dulce hogar”.

En este contexto, la palabra esperanza suena como anacrónica, sin sentido. Y, más que nunca es una necesidad y una decisión. ¡Sí ¡en un mundo herido y que duele, se puede decidir abrirse a la esperanza y compartirla. La esperanza compartida puede crecer como bola de nieve orientada a objetivos concretos.

¿Hay motivos para seguir apostándole a la esperanza? Que, se dice, es “lo último que se pierde”. Juntar esperanzas, agrupar fuerzas de gente esperanzada, puede ser un antídoto al miedo y la violencia.

Tener esperanza es creer que algo puede mejorar o “ser menos peor”, creer en la eficacia de los gritos de alerta; tener esperanza es pensar que algún día las protestas serán escuchadas y tenidas en cuenta. La esperanza reposa sobre hechos pequeños, cotidianos; lo demás, los “grandes sueños” pueden permanecer lejanos y soñados sin invitar a la acción. La esperanza es proactiva.

Da esperanza la solidaridad, la amistad duradera, las reuniones familiares sin riñas; los jóvenes que leen, luchan y estudian; los que todavía quieren mejorar el mundo que les tocó vivir; los que, a pesar del crecimiento de la IA, piensan e investigan con su propia inteligencia.

Mantener viva la esperanza es el motor de la Vida. De esta vida cotidiana, hecha de pequeños gestos y momentos que resultan ser vitales. Para recuperar la esperanza, para mantenerla intacta, hay que fijarse en los detalles, los que hacen la vida cotidiana más amena, haciendo que estos detalles se repitan. Una sonrisa atrae más sonrisas, los actos de solidaridad sorprenden y refuerzan la esperanza de que las “cosas pueden mejorar”.

Un día al año para pensar sobre la forma como seguimos confiando en este mundo que necesitamos y queremos conservar. Un día para reflexionar sobre lo que nos satisface, nos hace soñar y sonreír; lo posible que queremos defender.

El catastrofismo refuerza los daños en cadena, así que, pensando un poquito: ¿qué es lo que le da esperanza a usted?

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