Las instituciones generalmente nacen de un sueño, propósito superior, y se materializan con planes concretos. En ellas coexiste permanentemente la disyuntiva entre importante y urgente, priorizando acciones que buscan asegurar la sostenibilidad integral.
En Colombia, esta disyuntiva es sustancialmente compleja: situaciones requieren actuaciones urgentes y aspectos estructurales (importantes) necesitan planeación. Colombia requiere de carácter importante y urgente un planeamiento estratégico de País, una consultoría realizada por expertos para determinar nuestro propósito superior, nuestra estrategia competitiva para la región y el mundo, diseñando nuestro norte y los caminos para bienestar de la sociedad en general.
Nuestras características geográficas, ambientales, económicas, culturales y demográficas frente al mundo actual (desglobalización, reorganización comercial y política) hacen imperativo determinar en qué vamos a ser competitivos, nuestra promesa de valor para los mercados. Al mismo tiempo, establecer con cuáles otras regiones nos apoyaremos, de esa manera obtener lo mejor de los demás y ofrecer lo mejor de nosotros a los demás.
No es razonable que nuestro futuro sea volátil por estar en manos de los “planes de gobierno” de los candidatos de turno, que, en muchos casos, buscan atender las necesidades electorales, descuidando las estructurales. Cuántas veces escuchamos estrategas políticos apoyarse en los temas de tendencia, prometiendo al pueblo lo que quiere oír, desatendiendo la causa raíz de los problemas, y particularmente, acentuado cuando no se sabe para dónde vamos, pues, no se tiene un plan estratégico de País. Existen planes estratégicos regionales, pero desarticulados entre sí, y desarmonizados a escala municipal. Claramente, carentes de liderazgo nacional.
Invito a los candidatos a incorporar dentro de sus programas de gobierno, lo urgente (cómo atender las necesidades apremiantes); y lo importante: una consultoría sobre nuestro futuro que determine el éxito de las siguientes décadas y generaciones (probablemente no se va a ejecutar en ese gobierno).
A modo de ejemplo, una consultoría promoviendo una alianza entre un líder estratégico global (como McKinsey o BCG) con un experto técnico territorial (como Arup, UN-Habitat o IDOM) y un actor institucional latinoamericano (como CAF o CEPAL) puede desarrollar una solución integral de alto impacto, con legitimidad y aplicabilidad. Incorporaría de manera adecuada a todas las partes interesadas: regiones apartadas, capitales, empresas, poblaciones vulnerables, instituciones, medio ambiente, academia y actores políticos y sociales, de todos los colores. Lo anterior para construir metodológicamente nuestro Plan Colombia. En conclusión, un trabajo por etapas (Visión País; Regiones; y Municipios) con una inversión (marginal) aproximadamente entre USD $35 a $50 millones y 36 meses de trabajo (prácticamente el periodo de gobierno) se puede planear lo importante para nuestro futuro.
Para esto no se requiere modificar el estado social de derecho, se requiere liderazgo y una genuina voluntad política. El mejor modo de predecir el futuro es planearlo.










