A penas se terminó el paro arrocero, los paperos aprovecharon la debilidad del gobierno y de su ministra de agricultura para seguir el ejemplo de los productores del cereal. En un video que circuló la semana pasada, un papicultor de Boyacá no ocultó su indignación por el comportamiento mentiroso de Petro, al que acusó de engañarlos con su programa de gobierno para llegar a la presidencia.
Y es que Petro les prometió la “renegociación” de los TLCs a los productores del agro con el trasnochado discurso de la soberanía alimentaria.
Una promesa incumplible. Para renegociar se necesitan dos. Colombia no es Estados Unidos, ni Petro es Trump para que de manera unilateral se pueda cambiar o incumplir los tratados internacionales.
Los paperos enfrentan la misma situación que denunciaron los arroceros: exceso de oferta, bajos precios, contrabando y aumento de las importaciones. Se quejan además de que no del ordenamiento territorial en los páramos, pues sacaría a los productores de esas zonas. Piden un precio mínimo, ordenamiento de la producción, medidas de protección para las importaciones de papa congelada y abaratamiento del crédito. De paso, que les condonen las deudas.
Las importaciones de papa estuvieron sometidas a remedios comerciales por competencia desleal, pero la OMC obligó a Colombia a desmontarlos por considerarlos ilegales. En 2024 el país importó cerca de 80 mil toneladas de papas congeladas, que pudieron haber desplazado una producción nacional de papa fresca equivalente a 3 veces esa cantidad, algo así como el 6% del total producido en 2024. A pesar de ello, las siembras y la producción crecieron el año pasado. Tanto así que la producción creció 3% en volumen y llegó a 3,8 millones de toneladas.
Las peticiones de los productores merecen considerarse, el crédito para el sector, especialmente el de redescuento de Finagro está cayendo y aun no llegan a los niveles registrados en 2022. La informalidad en la comercialización y la poca transparencia en la formación del precio es un asunto de fondo en la cadena y lo cierto es que el precio de la papa ha caído más de 50% desde el 1º de enero de este año. Las consideraciones de carácter ambiental en los páramos son complejas y el gobierno de buscar alternativas productivas en otros pisos térmicos a través de la reforma agraria.
La recurrencia de los paros agrícolas en este gobierno pone de manifiesto la necesidad de dialogar permanentemente con los productores para intercambiar información y hacer monitoreo permanente a las importaciones, las siembras, la producción y la comercialización para poder anticipar la llegada de eventos que distorsionen el mercado. Pero en un gobierno marcado por la improvisación eso es mucho pedir.










